Varios demócratas liberales han expresado públicamente su intención de votar en blanco o nulo en la segunda vuelta de la elección presidencial, y como me identifico con ese grupo me molesta que algunos sostengan, con liviandad, que no le gustan los extremos. Tampoco me gustan los extremos, pero en esta elección el extremista es uno. Así es, por un lado, un candidato con serios problemas de “credibilidad” y además aliado al Partido Comunista, y por otro un ultraconservador cuyo principal compromiso es reestablecer el orden y la seguridad. Así funciona la democracia, y el pueblo los eligió. En lo personal, ninguno me acomoda, pero como uno no puede “sustraerse” del deber de elegir, la candidatura de Kast no tiene ni de cerca los riesgos que la de Boric sí tiene.

La candidatura de extrema izquierda, representada por el Sr. Boric es muchísimo más mala, y potencialmente peligrosa para la libertad y el bienestar de los chilenos. Así es ese sector, que habla de democracia, pero no duda en correr a abrazarse con dictadores de izquierda como los que hay en Cuba, Venezuela y Nicaragua. Al Sr. Kast le dicen nazi o facho, pero la verdad es que no comulga con ninguna dictadura. Es más, algunos lo comparan con Trump, pero este gobernó 4 años y dejó el poder cuando su pueblo le retiró el apoyo.

Entre las preocupaciones más importante del chileno común y corriente, y que debe votar, están orden y seguridad, y el crecimiento económico. En lo primero, qué duda cabe, el candidato Kast está por reestablecer el orden y se pone del lado de las víctimas, que han visto sus fuentes de trabajo saqueadas y vandalizadas constantemente en los últimos dos años, y hemos constatado cómo el Sr. Boric ha romantizado con vándalos y saqueadores, ha vapuleado a las fuerzas de orden y ha votado en contra de todas las iniciativas legales propuestas para frenar la violencia, a pesar que desde que ganó el derecho a participar en segunda vuelta cambió su discurso, porque le conviene electoralmente. Así es que no hay dónde perderse en este aspecto, los chilenos no se creen ese cambio.

En lo económico cuesta formarse una idea del plan del Sr. Boric, pues por un lado el Partido Comunista reafirma taxativamente que este es 95% comunista, y por otro tenemos a los economistas del consejo asesor que dan ciertas garantías. Sin embargo, el cuarto retiro, que este candidato apoya, es una muestra de la inconsecuencia que enfrentará de llegar a ser Gobierno, sobre todo si todos sus economistas han opinado que es una pésima política pública. Raya para la suma, con los equilibrios del Congreso, no es mucho lo que Boric hará, pero en el mejor de los casos será una edición empeorada de la Nueva Mayoría, donde la inversión, principal causa de más y mejores empleos, cayó cuatro años consecutivos sin mediar crisis externa. En el caso de Kast, la confianza de emprendedores y consumidores debería desatar lo que Keynes llamó el “espíritu animal” y agregarle por ese solo hecho un par de puntos más de crecimiento del PGB, pues no ahogará la economía con impuestos o con proposiciones descabelladas como el incluir trabajadores en los directorios, usar los ahorros previsionales con fines electorales, etc.

Chile, gracias a su modelo de desarrollo económico, logró en los últimos 30 años pasar de ser un país mediocre entre sus pares latinoamericanos al más próspero de la región, junto a Panamá. El candidato Boric promete refundar este país, y resulta que los países que ha seguido esa senda en nuestro continente no solo son los más pobres, sino que además los que de menos libertades individuales gozan. Puede ser que el costo de votar por Kast sea más fundamentalismo conservador, pero no hay duda de que, al cabo de cuatro años, él se irá y tendremos otro presidente. Lo mismo no se puede decir de Boric y sus aliados comunistas, que tienen un historial terrorífico en dicha materia.

Teddy Roosevelt, militar, escritor y expresidente de Estados Unidos, sostuvo: “En cualquier momento de decisión lo mejor es hacer lo correcto, luego lo incorrecto, y lo peor es no hacer nada”. En esta elección, nos gusten o no los candidatos, hay que tomar una decisión, pues los titubeos y los devaneos son funcionales a quienes no cuentan con pergaminos democráticos. En mi caso, me inclino por el Sr. Kast.

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