Cada vez que leo los informes de política monetaria del Banco Central, que son cuatro al año, me convenzo de que una parte no menor del importante avance de Chile respecto a la mayoría de los países latinos se explica entre otras cosas por la profesionalidad e independencia de su instituto emisor, debidamente garantizado por la Constitución. Y el mérito se explica porque sus consejeros no necesitan ganarse el puesto por popularidad, sino más bien por debida capacidad técnica, con lo cual sus opiniones son limpias del interés político electoral. Esto último no ha pasado desapercibido a los convencionales constituyentes con ideas radicales de izquierda y refundacionales, que ven en ello una fuente importante de contención a la propagación de sus absurdas mentiras y malévolas intenciones de hacerse con el poder de la impresión del dinero sin los debidos contrapesos y límites. 

Cómo olvidar el término “shocks autónomos” que empleó el Central para explicar por qué caía la inversión en tiempos de Bachelet II sin mediar crisis externa, y pulverizaba la fútil y retórica teoría del entonces ministro Arenas referente a que un alza desmedida de impuestos no afectaría la inversión. Por supuesto los políticos fanáticos del incremento del poder estatal, muchos partícipes de dicho gobierno, lo defendían, pues tenían intereses obvios en esa movida, a pesar de las advertencias mayoritarias de economistas, de izquierda y de derecha. El resultado fue que la inversión se contrajo cuatro años consecutivos sin mediar crisis externa con el consabido efecto en empleos y salarios de los más necesitados.

Pues bien, el Central advierte explícitamente en su último informe al Senado que “el proceso de cambios estructurales por el que atravesamos ha mantenido la incertidumbre por sobre sus niveles históricos, afectando principalmente las decisiones de inversión”.  Sostiene, además, implícitamente que el alto nivel del dólar se asocia a “la persistencia de elevados niveles de incertidumbre local”.  Y, por último, que la reducción de la inflación requerirá seguir ajustando los “significativos desbalances macroeconómicos generados el año pasado”. En conclusión, señores políticos, el Central les ha dejado claro que su actuar ha sido irresponsable, sobre todo en lo referente “a las masivas transferencias de recursos vía retiros de ahorros previsionales”, y si queremos terminar con este flagelo de la inflación, el impuesto a los más pobres, es necesario se responsables. Es más, el crecimiento económico acumulado para los años 2022 y 2023 sumará con suerte 1,5%, mientras el mundo lo hará a casi 7%. Evidentemente algo se está haciendo muy mal.

El presidente de Argentina, con inflación y pobreza cercanas al 40%, sostenía hace algunos días que “hay diablos que hacen subir los precios y hay que hacer entrar en razón a los diablos”. Tiene razón el señor presidente de nuestra hermana nación, los diablos son los políticos que no tienen una contención por parte del Banco Central, pues no es independiente del poder político, y por lo tanto hacen y deshacen a su antojo y las consecuencias son aumento de la inflación y pobreza. Harían bien nuestros convencionales constituyentes en fijarse en lo que proponen, pues cada día nos acerca más a Argentina, donde no sólo los diablos aumentan los precios, sino que los mismos se fagocitaron los ahorros previsionales con la excusa de que era mejor un sistema de reparto. El mismo tono de la canción acá, el reparto es mejor que las cuentas individuales; el problema es que al igual que en Argentina repartirán poder y dinero a sus cercanos, y repartirán miseria e inflación al pueblo, como ha sido el caso en todos los países del mundo que han seguido la lógica comunista.  

Hasta ahora la independencia del Banco Central ha sido funcional al progreso y bienestar de las personas y eso merece quedar plasmado, y asegurado, en la nueva constitución.  Como ciudadanos comunes y corrientes debemos alzar la voz para defender su independencia de la retórica interesada e hipócrita de ciertos políticos y constituyentes.  Como sostuvo el gran dramaturgo francés Victor Hugo: “Qué importa la sordera del oído cuando la mente escucha, la única sordera verdadera, la sordera incurable, es la de la mente”. Hay muchos sordos de mente que están decidiendo sobre nuestro futuro… complicada situación para el futuro de Chile.

*Manuel Bengolea es economista.

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