La trayectoria de la Bolsa, o de las acciones que se transan en ella, constituyen información primordial sobre nuestro futuro, y en ese sentido es muy importante su evolución, tengamos o no inversiones allí. Lo que la Bolsa nos indica hoy no es bueno. Es decir, el termómetro de la inversión está señalando que tenemos fiebre y por ende necesitamos un tratamiento, porque de lo contrario corremos el riesgo de agravar la enfermedad. 

¿Cómo llegamos a esto? La caída en la inversión comenzó con el segundo gobierno de Bachelet, en la administración del ministro Arenas, cuando buena parte de la clase política privilegió las políticas públicas con réditos electorales y desdeñó groseramente aquellas con costo inmediato, pero con evidentes beneficios en el largo plazo. Desde entonces, la trayectoria de los precios de las acciones de las principales empresas chilenas ha sido muy negativo, todo lo cual se condice con la evolución que ha tenido la inversión, y que es un factor clave para el crecimiento económico, que es a su vez fundamental para el trabajo y los salarios de los chilenos. No son pocos los políticos que menosprecian a quienes nos fijamos en la evolución de indicadores financieros como espejo del desarrollo político y social. Estos políticos no solo se equivocan porque los chilenos tenemos inversiones en Chile a través de nuestros ahorros en las AFP, pero también porque romper el termómetro o menospreciar la Bolsa como algo que compete solo a los ricos es desconocer lo importante que es el crecimiento económico para el progreso y el bienestar de los chilenos más vulnerables.

Si un inversionista hubiera invertido 100 dólares en Chile el día antes de ser electa para su segundo mandato la señora Bachelet, tendría hoy algo más que 75 dólares. Una pésima inversión, pues perdió cerca de un cuarto de su valor. Para los suspicaces que puedan pensar cómo les hubiera ido en ese mismo periodo en otros mercados, la realidad es muy diferente. En efecto, si esos 100 dólares hubieran sido invertidos en acciones tecnológicas de USA (NASDAQ) o en empresas líderes de USA (S&P 500), tendría hoy casi US$400 o algo más de US$260, respectivamente. 

OK, Chile no es líder en tecnología, entonces comparémoslo con otros mercados emergentes o sus pares latinoamericanos para ver cómo se han desempeñado. Resulta que Chile ha sido el peor, el único donde se ha perdido dinero desde 2014 a la fecha. Es más, si esos 100 dólares hubieran sido invertidos en el Perú, hoy serían cerca de US$130.  Entonces, aquellos que sienten la tentación de decir que las señales del termómetro de la inversión chilena (el desempeño de su Bolsa) es un fenómeno global o que tiene sus causas en la situación externa desconocen la realidad.  

Los inversionistas chilenos se están yendo de Chile porque las perspectivas han sido malas, y ello se refleja en uno de los peores resultados bursátiles, lo cual a su vez explica por qué la inversión en Chile, como porcentaje del PIB, está muy por debajo de lo normal y de lo requerido, y por qué el mercado laboral ha estado flojo y los salarios con dificultades para subir. Los políticos, por su parte, podrán seguir buscando excusas en otras partes por su mal desempeño e irresponsable actuar en la definición de políticas públicas, y les puede dar algo de beneficios electorales, pero la gente no es tonta y al final se dará cuenta del engaño.

El afamado inversionista americano Warren Buffet sostuvo: “Se paga un precio muy alto por un consenso alegre. No será la economía la que dejará fuera de juego a los inversores, sino los propios inversores”. Los políticos no pueden ni deben seguir denostando o soslayando la trayectoria de la bolsa chilena, el termómetro de las inversiones, pues Chile no resiste más experimentos populistas. Llegó la hora de ponerse serio y pensar nuevamente en el bienestar de la gente, y somos nosotros, los votantes, los llamados a cambiar esto. Los chilenos hemos pagado un precio alto por culpa de políticos, inexpertos algunos e inescrupulosos otros, y si de verdad nos preocupa el futuro, aprendamos a elegir bien a nuestras autoridades.

*Manuel Bengolea es economista.

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