Muchos sostienen que los debates políticos previos a las elecciones no mueven mucho la aguja, y esto se explica tal vez porque en los debates importan más las emociones que las razones. Cicerón, jurista y defensor de la patria romana y un decidido republicano, sostuvo a propósito de los debates que “la discusión fortalece la agudeza”. El problema con las elecciones de este domingo es que los candidatos presidenciales, más que debatir, se han dedicado a resaltar los defectos del contrincante en vez de resaltar sus virtudes.

Desde el infame y mal nominado estallido social, las políticas publicas han abandonado toda medida de criterio y acepción técnica y se han transformado en un barómetro de popularidad y un mecanismo de traspaso de más poder aún hacia los políticos, en donde la necesidad de votos es la razón para legislar. Las consecuencias de ese frenesí legislativo con fines electorales le está pasando la cuenta a Chile. No es casualidad que con el precio de cobre por sobre los US$4 la libra el peso no logre bajar de los 840, cuando debería costar cerca de $650, que era el valor que tenía en abril del 2018 cuando el cobre se transaba por sobre los US$4 la libra. Qué decir de los créditos hipotecarios, donde no solo han subida significativamente las tasas, sino que además se han acortado los plazos, todo dicho oportunamente por los técnicos a propósito de los retiros. Pero para los políticos ganar las elecciones era prioritario.

¿En qué minuto la función de legislar para el bien de los más vulnerables volverá a ser lo fundamental en la proposición de políticas públicas? Difícil saberlo, pues en el Chile actual, lo técnico es desdeñado y se privilegia desmedidamente lo emocional, y esto no es exclusiva responsabilidad de los políticos, más bien es de las personas que los votan.

Se acerca la segunda vuelta y los pronósticos de resultados son un empate técnico. Es decir, a la mitad de Chile, al menos de los que asisten a votar, le importan las razones y a la otra mitad las emociones. La evidencia empírica del progreso de los países indica que los cambios significativos se producen cuando la clase gobernante emplea a sus técnicos para legislar. La mejor prueba de ello es que el país que más gente ha sacado de la pobreza es China, y a pesar de ser una dictadura comunista, al momento de elegir modelo de desarrollo se inclinó por el capitalismo y el mercado para conseguirlo. Por otra parte, economías prósperas que han sumido a su población en la miseria como Argentina o Venezuela han elegido el colectivismo y el comunismo como su modelo económico de desarrollo.

La sensación que quedó del debate entre el asesor económico de Kast, José Luis Daza, y el de Boric, Diego Pardow, es que -a pesar de que se produjo intercambio y exposición de ideas- este último estaba pobremente preparado e informado respecto de temas básicos de economía. Al punto que sus ejemplos de países que subieron significativamente la carga tributaria, que es lo que ellos proponen, son un notorio fracaso, como Grecia o Turquía. Y a renglón seguido quien sale a defender dicha insensatez es el diputado Jackson, quien aporta una tabla que reafirmaba aun más los argumentos del Sr. Daza. Este ejemplo grafica clara y simplemente la diferencia entre técnicos y charlatanes, entre aquellos que quieren embolinar la perdiz para conseguir votos, y entre quienes poseen el conocimiento y la experiencia para definir políticas públicas beneficiosas para la población.

Por el bien de este país espero que se acabe la charlatanería y que los técnicos vuelvan a ser influyentes en materias legislativas, pero somos nosotros, los votantes, los que debemos privilegiar la verdad y la razón por sobre la emoción. Como sostuvo Martin Luther King, defensor de los derechos civiles en Estado Unidos: “Salvar al hombre del marasmo de la propaganda es, en mi opinión, uno de los principales objetivos de la educación. La educación debe darnos la capacidad de sopesar la evidencia y discernir lo verdadero de lo falso, lo real de lo irreal y los hechos de la ficción”.

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