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Publicado el 22 mayo, 2021

Manuel Bengolea: Tarjeta roja a los políticos

Economista Manuel Bengolea

En diez años los chilenos hemos más que duplicado nuestro aporte al Estado, y la pregunta pertinente es si este fue a parar al bolsillo de los más necesitados.

Manuel Bengolea Economista
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El resultado de la elección para la Convención Constituyente fue absolutamente inesperado, y digámoslo, no muy bueno para el anhelado bienestar de los chilenos. Así es, pues de los 155 electos, aproximadamente 90 son de izquierda, desde la no moderada hasta la dura, cuyo perfil es más bien del tipo que no tiene nada que perder tanto si Chile continúa siendo el país más próspero de Latinoamérica como si lo refundan en algo parecido a Venezuela, Argentina, Nicaragua o Cuba.

¿Por qué un resultado tan adverso para los moderados? Creo que la pandemia y la adversidad económica que ésta generó ayudó a la izquierda radical, tal como un vendedor de paraguas se beneficia de la lluvia. Sin embargo, los números son elocuentes y el tema va mucho más allá de ello. En efecto, lo que este resultado denota es que el pueblo de Chile se aburrió de los partidos políticos, de izquierda y de derecha, y votó a favor de aquellos que prometían romper con esa “colusión” que poco y nada les había reportado.

El año 2010 el Estado explicaba un 23% del PIB (Producto Interno Bruto), lo que supone que de cada 4 pesos que generaba Chile, 1 era administrado por el Estado para beneficiar a los pobres. En el 2020 esa proporción del Estado aumentó a casi 29% del PIB.  Visto de otra manera, el Estado nos cuesta en el 2020, a cada uno de los chilenos, $2.9 millones de pesos anuales, un gran aumento comparado con los casi $1,4 millones que nos costaban en el 2010. Es decir, los chilenos hemos más que duplicado nuestro aporte al Estado, y la pregunta pertinente es si este fue a parar al bolsillo de los más necesitados.

La respuesta es simple: ese aumento no ha ido a parar a los chilenos que más lo necesitan. Según cifras de la OCDE, la distribución del ingreso en Chile, antes y después de impuestos, es casi igual, prueba de que los dineros quedan enredados en la burocracia estatal y no llegan a quienes realmente lo necesitan. Por otra parte, el gasto en educación y salud, como porcentaje del gasto público ha aumentado mucho en los últimos diez años, mientras que el de defensa ha disminuido. ¿Quién se ha beneficiado de ese aumento de presupuesto? Según una encuesta CEP (Centro de Estudios Públicos), en el 2017 un trabajador del Estado ganaba 20% más que uno privado con las mismas competencias. Por otra parte, a fines del 2019, un 58% de los funcionarios públicos recibía un ingreso mensual de más de $1 millón, mientras que en el privado era sólo 19%.

Lo anterior no es culpa exclusiva de los políticos. Además algo tienen que ver los sindicatos y gremios de profesores y de la salud, que también han utilizado el aumento del Estado para subir sus ingresos y su poder, y no para mejorar la situación de los más desposeídos. ¿Se entiende por qué los chilenos eligieron a quien propone cambiar el sistema? No es casualidad que dirigentes sindicales como Bárbara Figueroa de la CUT, Mario Aguilar del Colegio de Profesores, y Luis Mesina de No + AFP no fueran electos para Constituyentes. El pueblo no los eligió porque sabe que están apitutados y son parte de la elite que ha profitado del Estado negándole a los pobres la ayuda que sí necesitan.

Esto no es novedad, y prueba de ello es la “opinión” desinteresada, políticamente hablando, del mercado respecto de Chile. En efecto, si cualquier ciudadano del mundo hubiera invertido US$ 100 hace 10 años en los mercados bursátiles de Chile, Brasil, China y USA, tendría hoy US$45, US$68, US$191, US$310, respectivamente. Chile ha sido el peor, y a pesar de que mucho pueden desdeñar esta estadística por neoliberal, la verdad es que sin inversión no hay más y mejores empleos, con mayores salarios, que se traduzcan en más bienestar. El mundo nos ve con malos ojos desde hace tiempo, nos guste o no, y eso es problema de los políticos también, que se han manejado mal.

En resumen, el pueblo acaba de sacarle tarjeta roja a los partidos políticos y a dirigentes sindicales de reparticiones estatales, pero también existe el riesgo de que algunos de esos representantes se sientan empoderados e intenten refundar Chile. Los culpables de este desastre deberían entender que el caos y la anarquía no son alternativa plausible, salvo para los de extrema izquierda que añoran ese poder para hacer lo mismo que han hecho ciertos políticos y líderes sindicales, pero ahora sin contrapeso alguno de gente moderada, que ve en la libertad y en el trabajo duro la posibilidad de alcanzar la tan anhelada prosperidad.

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