Las campañas electorales están en pleno apogeo y las ofertas de los candidatos no se detienen. En el centro de la discusión por supuesto se ventilan todo tipo de tópicos, como la inmigración, las pensiones, la seguridad ciudadana, los derechos humanos, etc. Sin embargo, lo que parece una exclusividad en esta ocasión es que el razonamiento empleado por algunos candidatos y sus representantes ha retrocedido en la forma a niveles que se creían superados.

En general el “razonamiento deductivo” comenzó a utilizarse en el siglo XVII, donde básicamente se emplea la evidencia empírica para demostrar la tesis y a partir de esta se deduce una teoría. El problema es que muchos en la candidatura de Boric, inclusive él, emplean el “razonamiento inductivo”, y no el deductivo, para explicar por qué sus propuestas son mejores que las de otras alternativas. Por ejemplo, el Sr. Boric dice en un video que el problema de la migración desde Venezuela a Chile se explica por la asistencia del presidente Piñera a Cúcuta y que coincidía con el aumento de ingreso de venezolanos por pasos fronterizos nuestros no habilitados. Es decir, el candidato induce a pensar que Piñera es el culpable, obviando convenientemente, mencionar que quien causa la migración es el desastre del gobierno venezolano (que sería la deducción correcta), y evita mencionar, adicionalmente, que ellos, junto a sus aliados comunistas, son cercanos a dicho gobierno y llegan al extremo de no reconocer que es una dictadura.

Y así en el tema de los retiros o de las bajas pensiones, los argumentos de Boric y sus aliados son del mismo tenor; esto es son inductivos y no deductivos. En corto, las pensiones son malas porque las AFP no hacen bien la pega, cuando el culpable de que los ahorros sean insuficientes no son ellas, sino más bien un mercado laboral débil, un nivel de educación pobre, todas materias donde las AFP no tienen pito que tocar. Entendamos, las AFP están encargadas de rentabilizar el ahorro previsional de los trabajadores, y en eso lo han hecho muy bien. El problema adicional con las pensiones es que Boric y Provoste inducen a conclusiones erróneas a sus potenciales votantes, sino que omiten señalar que el sistema que ellos proponen como alternativa, el de reparto, no funciona y no ha funcionado en ningún país que se considere exitoso en esta materia, salvo que se expropien los actuales ahorros de los trabajadores.

El Frente Amplio puede tener buenas intenciones, y la voluntad para tratar de cambiar el actual modelo chileno por uno que ellos creen mejor, pero sus socios del Partido Comunista tienen otro objetivo en mente -y en eso la historia no se equivoca- que es emplear cualquier mecanismo para acceder al poder, y una vez que lo alcanzan no lo dejan. A continuación viene la estela de miseria en que dejan a los países, con restricciones serias a la libertad y pisoteo indecente de los derechos humanos. En ninguna parte del mundo la ideología comunista, cuando ha llegado al poder, ha generado bienestar y prosperidad más allá que para sus jerarcas.

En conclusión, el razonamiento inductivo del Frente Amplio, que sostiene candorosamente que el canto del gallo “causa” la salida del sol, y que promete alimentar y robustecer al gallo para tener mejores amaneceres, nos conducirá inexorablemente a una crisis económica de proporciones. Y si le agregamos la concomitancia malévola del PC, entonces las cosas podrían ser aún peores y terminar con una crisis institucional.

Entiendo que los frenteamplistas no quieren que sus votantes piensen, pues corren el riesgo que deduzcan el error. Entiendo también que los comunistas traten de engañarnos, disfrazados de demócratas y liberales, pero lo que no entendería es que cualquier persona con algo de pensamiento crítico no se cuestione lo anterior. Francis Bacon, canciller de Inglaterra y célebre filósofo, político, abogado y escritor inglés, padre del empirismo filosófico y científico, base del razonamiento deductivo, sostuvo: “Quien no quiera pensar es un fanático; quien no puede pensar es un idiota; quien no osa pensar es un cobarde”. Una parte de nuestra clase política es cobarde, así es que llegó la hora de que nosotros, los ciudadanos, le digamos basta al populismo, reflexionemos y votemos pensando qué es mejor para nosotros. Esa es la gracia de la democracia.

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