La economía chilena es como un avión con dos motores, donde uno de ellos es el interno y el otro el externo. La velocidad de este avión dependerá de la propulsión de ambos. El problema es que, según el Banco Central, la velocidad de vuelo será lenta, muy lenta, porque el motor interno no está bien, y en vez de colaborar -o, en el mejor de los casos, ser neutro-, ha comenzado a funcionar en reversa. El motor que nos mantenía era el externo, que gracias al precio del cobre funcionaba de maravillas. Pero la aparición de Putin y su atroz atropello al pueblo ucraniano prometen poner también ese motor en reversa.

Como es poco y nada lo que podemos hacer con el motor externo, nuestros políticos deberían concentrar sus esfuerzos en componer los problemas del motor interno. Sin embargo, el deterioro de las expectativas de empresarios y consumidores se explica mayoritariamente por la delirante opción de buena parte de los convencionales constituyentes, que creen que han sido ungidos para una cita con la historia, y no entienden que su labor es plantar las bases para el progreso y bienestar de todos los chilenos, no erradicar a la derecha y sus ideas.

Los pronósticos de crecimiento económico se sostenían en que el precio del petróleo y del cobre para este 2022 sería cercano a US$70 y US$4.05, respectivamente. Sin embargo, los precios actuales de dichos bienes dejan en evidencia lo feble de las proyecciones, con lo cual el esperado impacto externo, que era lo que colocaba el crecimiento económico en territorio positivo para el 2022, se transformará, si tenemos suerte, en neutro para el crecimiento, y si el conflicto gatillado por Putin escala a más, entonces el mundo será una carga para Chile que ayudará sólo a ladearnos hacia una contracción económica.

La incertidumbre política doméstica empeorará antes de mejorar, con lo cual las expectativas se deteriorarán aún más. Es difícil invertir cuando la discusión de los constituyentes desdeña ignominiosamente los principios básicos del capitalismo y su rol en el desarrollo, que han sido los principales impulsores del avance en equidad y bienestar de la población en los últimos 30 años.  Por otra parte, los consumidores, principal propulsor del crecimiento en el 2021, ya agotaron sus reservas provenientes del Ingreso Familiar de Emergencia (IFE) universal y los retiros de los ahorros previsionales, y observan ahora con suspicacia y preocupación la estabilidad laboral y el crecimiento salarial, seriamente amenazados por propuestas de los convencionales constituyentes que rayan en la estupidez.

Entonces los pronósticos sobre la trayectoria de nuestra economía para el 2022, en relación con los que había a fines del año pasado, han cambiado notoriamente y para mal. Es muy probable que la economía chilena se contraiga este año, y los políticos, en lo que por lo demás es su especialidad, culparán a Putin y al precio del petróleo, y no reconocerán que la bacanal constitucional deterioró, hace ya un tiempo, las expectativas de los empresarios y de los consumidores. En resumen, Chile tuvo una recesión en el 2020 por culpa del Covid-19, una gran expansión el 2021 gracias al endeudamiento fiscal y la merma de los ahorros previsionales, y volverá a caer en el 2022. Es decir, año por medio, recesión… pareciera que hablo de Argentina, pero lamentablemente es Chile.

Así las cosas, los chilenos -confundidos con una crisis que apareció de la nada, cuyo origen sería el descontento por cómo se dividían los frutos del esfuerzo- pueden estar entusiasmados con ciertos convencionales constituyentes que, en una crisis de delirio galopante, prometen el nirvana igualitario chileno, desconociendo y desdeñando los principios básicos del progreso humano, que no es otro que ser dueño de tu libertad y de los frutos de tu esfuerzo. Este motor meterá mucho ruido, pero contribuirá poco, si es que lo hace, con el vuelo económico; y dada la dependencia del otro motor, el externo, que gracias a Putin no aportará mucho, entonces el panorama se ve bastante complicado. Es de esperar que los constituyentes, a quienes debiera interesarles Chile, entiendan que la economía nacional está planeando sin motores, y que si no los encendemos podríamos tener un aterrizaje forzoso. Pensar que Putin hará algo por nosotros es sólo una ilusión.

*Manuel Bengolea es economista

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