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Publicado el 13 de mayo, 2019

Manuel Bengolea: Moya y la opresión de los impuestos

La carga tributaria en Chile, para los ciudadanos comunes y corrientes, ha subido desde un 10.2% del PIB en 2010 hasta un 11.4% en el 2018. ¿Hasta cuándo seguiremos transfiriéndole poder y recursos financieros a políticos, con el objetivo de resolver problemas que muchas veces o ignoran cómo resolver o no les interesa?

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Algunos políticos chilenos han sido muy hábiles para vender el concepto de que sólo los ricos pagan impuestos y que éstos son además una herramienta para hacer justicia social. Ambos argumentos son falsos y son sólo otro eslogan para justificar lo que los ciudadanos y contribuyentes perciben cada vez más claramente: la glotonería confiscatoria del Estado es primero para la clientela política, y en segundo lugar para quienes verdaderamente lo necesitan. La gratuidad universitaria es un ejemplo de lo anterior, pues privilegia a quienes marchan y alegan más (clientelismo), pero los niños, que son la raíz del problema de desigualdad, obtienen una tajada mucho menor porque no marchan ni votan.

En el 2018 el impuesto a la renta, el que pagan las empresas y los más pudientes (incluye profesionales, ejecutivos y quienes ganan más de $650.000 al mes) representó cerca de un 42% del total de la recaudación fiscal. Sin embargo, el impuesto de segunda categoría, que está incluido en el anterior y que pagan los asalariados, representa alrededor del 8% del total recaudado. El IVA que pagamos cuando recibimos una boleta, explica un 47% del total de tributos que llegaron al Estado en dicho período. Por último, el impuesto a productos específicos (IE), como alcoholes, azucares, combustibles, etc…, fue un 8% del total.

Es fácil vender la ilusión de Robin Hood, quitarle a los ricos para darle a los pobres, y de paso hacer justicia social, pero la verdad es que no le quitan a los ricos, pues es Moya el que financia.

Es decir, el IVA, el IE y el de segunda categoría explican cerca de 63.5% de los ingresos tributarios. En conclusión, los ciudadanos comunes y corrientes, los Moya de Chile, le financia la mayoría de los gastos al Estado, no el 1% más rico, como les gusta cacarear a ciertos políticos. Los impuestos financiaron la creación de empleos estatales durante el gobierno de la Sra. Bachelet, y cabe preguntarse quién accedió a dichas pegas, los Moyas o los “apitutados” al mundo político.

Es fácil vender la ilusión de Robin Hood, quitarle a los ricos para darle a los pobres, y de paso hacer justicia social, pero la verdad es que no le quitan a los ricos, pues es Moya el que financia; y tampoco va a los pobres, pues los políticos terminan financiando el gasto clientelar, que además pone trabas reales al crecimiento económico como quedó demostrado en el gobierno anterior. La riqueza la generan las personas que se esfuerzan y trabajan duro, no el Estado o los políticos; éstos deberían asegurar que la cancha esté pareja y que los abusos serán castigados, no dedicarse a beneficiar a quienes los eligen.

Karl Marx, la luz de muchos de estos políticos, sostenía: “El poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra”.

Son los Moya quienes financian y mantienen apoltronados a políticos que jamás han creado un puesto de trabajo ni han arriesgado sus ahorros para hacer una empresa; ni siquiera han sufrido el “dolor de guata” de no tener lo suficiente para llegar a fin de mes. Son estos Moya los que pagan el sueldo a esos políticos que denigran y ponen trabas al capitalismo, castigando a los emprendedores y profesionales exitosos con impuestos progresivos, los que agravian a emprendedores y consumidores, los que pretenden evangelizar a los pobres con un credo que predican pero no practican.

La carga tributaria en Chile, para los Moya, ha subido desde un 10.2% del PIB en 2010 hasta un 11.4% en el 2018. ¿Hasta cuándo seguiremos transfiriéndole poder y recursos financieros a políticos, con el objetivo de resolver problemas que muchas veces o ignoran cómo resolver o no les interesa? Nada más ejemplificador que el tema de los medidores eléctricos, aprobado por el gobierno anterior con el apoyo de sus partidarios, y hoy convenientemente se hacen los lesos. Karl Marx, la luz de muchos de estos políticos, sostenía: “El poder político es simplemente el poder organizado de una clase para oprimir a otra”. Moya no puede continuar siendo oprimido por los políticos.

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