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Publicado el 10 octubre, 2020

Manuel Bengolea: Los políticos chilenos y Voltaire

Economista Manuel Bengolea

Muchos en nuestra clase política, de todo el espectro político, están enfermos de fanatismo. El problema es que ellos se retirarán tranquilamente con recursos del Estado, mientras que usted deberá seguir trabajando más duro para enmendar el desastre que usualmente dejan. Si aún no cree, mire el Transantiago, el Sename, la educación pública, la salud… La memoria puede ser frágil pero la realidad de los hechos, no.

Manuel Bengolea Economista
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Voltaire -escritor, historiador, filósofo y abogado francés del siglo XVIII- perteneció a la francmasonería y figura como uno de los principales representantes de la Ilustración, un período de nuestra historia que enfatizó el poder de la razón humana y de la ciencia en detrimento de la religión. Entre otras cosas, sostuvo: “La política es el camino para que los hombres sin principios puedan dirigir a los hombres sin memoria”. En pleno siglo XXI, parte importante de nuestra clase política parece haber abandonado el conocimiento y la razón como forma para definir las políticas públicas, abrazando en cambio credo del populismo y la pasión.

A pesar de que nuestros representantes, según la OCDE, figuran entre los mejor pagados, años de educación mediocre y falta de rendición de cuentas de sus actos (accountability, en su definición en inglés) han incidido en que elijamos personas incapaces de argumentar y legislar coherentemente. Su capacidad se limita a expresar emociones, cuestionar los motivos de sus contrincantes, hacer propuestas sin sentido y repetir eslóganes, donde usualmente la ausencia de la razón es el común denominador.

El Estado, administrado por burócratas pagados por sobre su productividad y debidamente capturado por los políticos, no ha parado de crecer en las ultimas décadas, financiado por los contribuyentes, y todo porque, según ellos, la “insoportable desigualdad de Chile” se explicaba por la debilidad de sus instituciones y organismos. Sin embargo, cuando en Chile se analiza la distribución del ingreso, antes y después de impuestos, según datos de la OCDE, la diferencia no es muy significativa. Entonces, todos los impuestos que pagamos los chilenos son succionados por la burocracia estatal y no llegan a quien verdaderamente los necesita. ¿Esto es culpa del Estado o de quién lo administra, políticos y burócratas?

Los políticos llevan más de diez años discutiendo sobre seguridad social referente al tema de pensiones, con muchos expertos (técnicos calificados) que han dejado claro que la forma de mejorar las pensiones es a través de un mayor esfuerzo individual de los trabajadores y más pensión solidaria financiada por impuestos generales. ¿Qué han hecho los honorables en esta materia? Disminuir las cuentas individuales con la ley del 10%, y puede que exista otro 10%, nuevamente a cuenta del ahorro individual de las personas. Es decir, logran debilitar el ahorro individual para la vejez, y a su vez debilitan la independencia financiera de las personas, a costa de una promesa de que el Estado los mantendrá cuando se hayan retirado, y esto a pesar de que sus técnicos recomendaron lo contrario.

Según la mayoría de los políticos, ahora la solución a los problemas de educación, salud, jubilación, empleo, no es de quien administra el aparato estatal, sino que es la “constitución”. Es decir, la “pomada” que resolverá todos los problemas es cambiar la Constitución. Resulta que Chile fue capaz, en los últimos 30 años, y con la misma Carta Magna, de disminuir la pobreza desde un 39% hasta algo menos del 9%, un récord de los que muy pocos países en el mundo pueden hacer gala. Esto se logró porque los chilenos de buena fe entendemos que el fruto de nuestro esfuerzo nos pertenece; sin embargo, los políticos, con el argumento de la justicia social, nos quieren convencer de que les demos más de ese fruto para que ellos lo repartan mejor. De eso se trata la nueva Constitución, de transferir una parte aún mayor de nuestro esfuerzo para que los políticos en concomitancia con los burócratas la repartan. Si en los últimos 10 años poco y nada han hecho, cabe preguntarse por qué en esta ocasión sí lo harán.

En conclusión, si usted está cansando de pagar impuestos (el IVA explica casi la mitad), y si cree además que su destino es mejor construirlo con su esfuerzo, pero cree también que necesita ayuda del Estado para lograrlo, entonces preocúpese de votar por lo que a usted le conviene y recuerde que el éxito es un camino largo y duro, y cuando se encuentre con alguien que le promete el paraíso, desconfíe de sus intenciones. El populismo es fácil de vender, pero como lo prueba la evidencia histórica, imposible de implementar. Voltaire también decía: cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es incurable. Muchos en nuestra clase política, de todo el espectro político, están enfermos de fanatismo. El problema es que ellos se retirarán tranquilamente con recursos del Estado, mientras que usted deberá seguir trabajando más duro para enmendar el desastre que usualmente dejan. Si aun no cree, mire el Transantiago, el Sename, la educación pública, la salud, etc…, la memoria puede ser frágil pero la realidad de los hechos, no.

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