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Publicado el 19 de enero, 2019

Manuel Bengolea: Los impuestos, una multa por hacerlo bien

Economista Manuel Bengolea

Los impuestos deben ser lo menos distorsionadores de la actividad posible, pues son una herramienta para financiar al Estado, no un objetivo para lograr igualdad.

Manuel Bengolea Economista
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La historia de los impuestos es casi tan antigua como la del hombre pensante. Desde las primeras sociedades humanas, éstos eran aplicados por los soberanos o jefes en forma de tributos, muchos de los cuales eran destinados para asuntos ceremoniales y para las clases dominantes. En la actualidad, los políticos, sobre todo los de izquierda, con la excusa del bienestar e igualdad social provistos por el Estado, que ellos manejan, abogan por subir incesantemente los impuestos.

Se está discutiendo y negociando una reforma tributaria que mejore los estropicios que causó la que implementase la ex Presidenta Bachelet. El gobierno actual, como promesa de campaña, ofreció cambios a los impuestos para reactivar la inversión, que venía de cuatro años consecutivos de caída sin mediar crisis externa, potenciar el crecimiento económico y mejorar empleos y salarios.

En cifras gruesas, el gobierno anterior recibió y gastó US$54,4 mil millones de dólares adicionales al presupuesto inicial. La pregunta que surge es cómo y dónde se gastaron.

Las condiciones de la oposición para aprobar la propuesta tributaria del actual gobierno podrían reducirse en dos: (1) que sea neutra en materia de recaudación, esto es, que los cambios no bajen los ingresos fiscales actuales, y (2) que sea progresiva, que significa que los que ganan más paguen más. De buenas a primeras, los requerimientos parecieran lógicos. El problema de fondo, sin embargo, es qué están haciendo los funcionarios que manejan el Estado con los recursos de los contribuyentes.

Durante el gobierno de la Sra. Bachelet, por cada habitante de Chile la deuda pública aumentó en cerca de $1.4 millones y el pago de impuestos aumentó en alrededor de $2 millones. En cifras gruesas, el gobierno anterior recibió y gastó US$54,4 mil millones de dólares adicionales al presupuesto inicial. La pregunta que surge es cómo y dónde se gastaron. La respuesta es incierta. 

Con eso como antecedente, me pregunto por qué tanto celo de los parlamentarios de oposición con la neutralidad de impuestos, si cuando tuvieron la oportunidad de hacerlo no fueron empleados de forma “eficiente y focalizada”. Será que detrás de la neutralidad se esconde el propósito de hacerle zancadillas a este gobierno para que no le resulte la reforma, pues de hacerlo corren el riesgo que la evidencia demuestre la importancia del crecimiento económico como agente de generación de bienestar, y se les caiga el dogma de que el Estado es quien cumple dicha tarea.

Los impuestos deben ser lo menos distorsionadores de la actividad posible, pues son una herramienta para financiar al Estado, no un objetivo para lograr igualdad.

El tema de la progresividad es un concepto más ideológico que práctico. Hacer los impuestos más progresivos podrá parecer óptimo desde la justicia social, pero en los hechos no lo es. Una tasa plana y fija se hace cargo de ello. Sin embargo, los políticos, ambiciosos por repartir recursos que ganan otros, además quieren aumentar la tasa de exacción en proporción al ingreso. En Francia, el ex Presidente Hollande elevó la tasa para ingresos superiores al 75% con el beneplácito de sus adláteres, que aplaudían por el impuesto a los más ricos y por su efecto en la recaudación. El resultado es que muchos ricos abandonaron el país y la recaudación bajó.

Es de esperar que en la discusión impositiva prime el bien del país como objetivo, y no el de los partidos. Las declaraciones rimbombantes como la del ex ministro Arenas de que la reforma laboral la pagaría el 1% más rico, resultó ser totalmente falsa, sin considerar además el menor crecimiento del país, del empleo y los salarios.

Los impuestos deben ser lo menos distorsionadores de la actividad posible, pues son una herramienta para financiar al Estado, no un objetivo para lograr igualdad. Subir los impuestos es un concepto fácil de vender, pero de ahí a recaudar más sin causar daños es, como se demostró con el gobierno anterior, algo difícil de conseguir. Como decía Mark Twain, un impuesto es una multa por hacerlo bien, y una multa es un impuesto por hacerlo mal.

 

IMAGEN: AGENCIA UNO

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