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Publicado el 27 de abril, 2019

Manuel Bengolea: La puja populista y Gandhi

Economista Manuel Bengolea

El populismo y la retórica anticapitalista de la izquierda ha ido creciendo fuertemente en Chile y en el mundo, y el problema es que vender ilusiones está “in” mientras que vender sacrificio para lograr prosperidad está “out”. En el siglo del conocimiento, no podemos darnos el lujo de desviar el camino porque los populistas fueron capaces de vender mejor las ideas.

Manuel Bengolea Economista
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Los políticos en general, y en Chile en particular, entendieron que el marketing es esencial para ganar elecciones. Saben que para atraer votos deben no sólo vender una buena idea sino que la forma de transmitirla es esencial. Agréguele el fácil acceso a las redes sociales y tenemos algunos que, con escasas capacidades técnicas y cognitivas, pero con talento para ilusionar, logran ser representantes del pueblo. Es lo que se conoce como populismo, y me refiero tanto a los representantes de derecha como de izquierda.

El populismo y la retórica anticapitalista de la izquierda ha ido creciendo fuertemente en Chile y en el mundo, y el problema es que vender ilusiones está “in” mientras que vender sacrificio para lograr prosperidad está “out”. Es más, cuando a estos representantes se les exige que bajen de forma práctica su idea para la implementación como política pública, es común que hagan gala y se enorgullezcan de su ignorancia, como si sus errores no los tuviéramos que pagar nosotros. Un ejemplo son las reformas del gobierno anterior, implementadas para garantizar el derecho a educación gratuita y de calidad, que terminaron con el Estado con el doble de deuda pública, que la pagaremos los contribuyentes de esta generación y la próxima, no los políticos, con el emprendimiento y la inversión retrocediendo, que es en definitiva lo que genera riqueza, y la calidad de la educación donde mismo.

Chile implementó un sistema capitalista con libertad para elegir hace más de cuarenta años, y hoy es evidente el progreso de Chile respecto de otros países que eligieron otras alternativas. Por algo los fracasos socialistas de muchos países terminan por enviar oleadas de inmigrantes a nuestro país, o a otros representantes del capitalismo. A principios de los ochenta había tres países que eran la atención y el ejemplo de nuestra región: Venezuela, Argentina y México. Chile estaba muy por debajo de ellos, sobre todo en el caso del país caribeño. En la actualidad el ingreso per cápita a precios corrientes, según el FMI, en Chile casi triplica al de Venezuela y supera con creces al de Argentina y México. El capitalismo y su principio de que si queremos progresar dependerá de nuestro esfuerzo y sacrificio individual, hacen de Chile un ejemplo en el mundo, y ciertamente en la región.

El populismo sigue avanzando y comienzan a aparecer los “prohibicionistas”, aquellos que pretenden erradicar ciertos males de la sociedad prohibiendo lo que según ello los causa. Es decir, prohibir el alcohol, los cigarrillos, la sal, el azúcar, la grasa, bolsas plásticas, etc… Otros un poco más elaborados sostienen que hay que aumentar significativamente los impuestos, como si esa fuera una solución en el largo plazo. Todos los estudios serios sobre males y el efecto de prohibición y/o impuestos señalan que el mejor camino es educar. Por supuesto que la educación es un esfuerzo cuyos frutos se visualizan 10 años más tarde, un plazo muy largo para políticos que tienen que mostrar que “hacen cosas”, sobre todos en periodos eleccionarios, cada tres años en el caso chileno. La ley seca en Estados Unidos, que prohibió el consumo de alcohol, no solo no condujo a inhibirlo sino que además gatilló importantes actividades ilegales.

En el siglo del conocimiento, no podemos darnos el lujo de desviar el camino porque los populistas fueron capaces de vender mejor las ideas. Muchos países han logrado el ingreso al desarrollo, como Australia, Corea y Nueva Zelanda, y la receta no fue más Estado o más prohibiciones. Lisa y llanamente entendieron que el individuo es libre para elegir cómo y cuándo disponer del fruto de su trabajo y esfuerzo, y es ese el vínculo que no se puede ni debe romper. Seamos cuidadosos con los políticos que votamos, pues como dijera Mahatma Gandhi, “si hay un idiota en el poder es porque quienes lo eligieron están bien representados”.

FOTO:FRANCISCO FLORES SEGUEL/AGENCIAUNO

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