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Publicado el 25 de octubre, 2018

Manuel Bengolea: La posverdad de las AFP

El Índice Global de Pensiones Melbourne Mercer 2018, recientemente publicado, ubicó al sistema de pensiones chileno como el octavo mejor del mundo, a pesar de que los autores del estudio aseguran que tiene desafíos que se deben corregir. ¿Cómo explicar el discurso del abuso de las AFPs con los trabajadores?

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Mejorar el sistema de pensiones chileno no es tarea fácil, pues las soluciones consistentes en el largo plazo son impopulares, lo que hace que muchos políticos las eviten o desechen. No es casualidad que las grandes crisis fiscales en muchos países tengan como origen los déficits provocados por los sistemas de reparto, donde los trabajadores activos financian a los jubilados con un porcentaje de su sueldo. Dicho sistema funcionó en el pasado, porque por cada jubilado había cerca de cinco trabajadores para subvencionar su retiro. Sin embargo, el aumento de las expectativas de vida ha hecho que la población inactiva crezca proporcionalmente más que la activa, con lo cual el sistema de reparto es inviable. En el caso de Chile, se espera que esa proporción de cinco baje para el 2030 a algo más de tres. Es decir, para financiar jubilaciones será necesario que los trabajadores aporten cerca de un tercio de sus ingresos para la jubilación de otro.

 

El sistema de reparto, con serias inconsistencias intemporales en el largo plazo, goza de la preferencia de los políticos porque les permiten captar fácilmente votos. Pero luego, cuando la población envejece, comienzan las presiones para que sea el Estado quien financie la brecha, lo cual conduce generalmente a un aumento insostenible del gasto fiscal y el endeudamiento público, cuyo epílogo triste y duro aparece cuando los financistas dejan de prestarle al país. Tal como sucedió en Brasil, Grecia, España y tantos otros.

 

Dejando las opiniones políticas de lado, pues su sesgo es obviamente distorsionante, la evaluación del sistema de pensiones chileno, efectuado por expertos sin intereses políticos, es el mejor punto de partida para evaluar nuestro sistema de pensiones. En efecto, el Índice Global de Pensiones Melbourne Mercer 2018, recientemente publicado, ubicó al sistema de pensiones chileno como el octavo mejor del mundo, a pesar de que los autores del estudio aseguran que tiene desafíos que se deben corregir.  Chile supera a países como Canadá, Suiza, Alemania y Estados Unidos, y a todos nuestros vecinos en la región.

 

El sistema de pensiones chileno tiene tres pilares fundamentales: (1) el contributivo obligatorio que son las AFPs, (2) el contributivo voluntario constituido por el APV, y (3) el solidario que se financia con los impuestos de la nación y está dirigido al 60% más pobre de la población. No es trivial  que dos millones de trabajadores elijan voluntariamente ahorrar para su vejez (APV), y que 1,3 millones de éstos, escoja una AFPs para que le administre sus ahorros.

 

¿Cómo explicar el discurso del abuso de las AFPs con los trabajadores? Inexplicable, salvo que piensen que dos millones de personas son irracionales. ¿Es cierto el éxito de No+AFP? No, pues el mentado éxito es relativo y muy discutible. Analizando los fríos números, dos millones de cuentas voluntarias de APV es muchas veces más que cualquiera de sus marchas, que con suerte han juntado más de cien mil personas (cifras de Carabineros). Ni hablar de que marchar para que el Estado reparta dinero es gratis, sin embargo, poner plata en un fondo para la vejez es un costo, y alto.

 

En conclusión, los expertos en materias de pensiones opinan que nuestro sistema es bueno, perfectible como todo, pero bueno. Por otra parte la evidencia indica que son muchísimas más las personas que confían en el pilar contributivo que en el sistema de reparto para su jubilación. Entonces; ¿por qué los “buhoneros del reparto” desprecian tanto los dos pilares contributivos? Será que sus manidos objetivos de justicia social esconden convenientemente su real interés político, que no es otro que el de expropiar o disponer como sea de los ahorros previsionales de los trabajadores chilenos, para alcanzar así un poder ilimitado y desequilibrante.

 

FOTO: SEBASTIAN BELTRAN GAETE/AGENCIAUNO

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