Esta columna no hará un parangón entre la situación política actual y la famosa novela del escritor inglés George Orwell. Más bien usaremos el ingenio de los chilenos para describir con un animal las diversas situaciones que se nos presentan en el quehacer diario, y de la cual nuestra clase política es un fiel reflejo. Orwell describe en su novela “La Granja De Los Animales” una situación parecida a la chilena, y lo increíble es que el mundo en 1945, año de la publicación, ya tenía una visión clara de las perversidades del comunismo.

Efectivamente, nuestra clase política, hoy con el mayor nivel de desaprobación entre las instituciones de la república, insiste en que Chile necesita un cambio, más bien que la gente pide a gritos un cambio. Sin embargo, cuando se observa la evolución de distintas variables financieras, como el dólar, tasas de interés y precio de las acciones, lo que indica es que la gente está vendiendo sus ahorros en pesos para transformarlos en dólares porque el cambio que viene no les gusta. En pocas palabras, los chilenos se están “echando al pollo” del peso, y la razón fundamental es que perciben, y con mucha razón, que los políticos no dejan de “mandarse condoros”.

Hasta hace unos pocos años, el crecimiento económico era una fuente importante de progreso para Chile. Por una parte, el Estado recaudaba más impuestos para gastarlos en los más pobres, y por otra, la gente que se esforzaba recibía su recompensa. Como el dólar estaba bajo, el acceso a bienes básicos, como el pan o la bencina, era mucho más económico, y cuando querían comprar una casa, el dividendo costaba a lo menos 30% menos producto de tasas hipotecarias más bajas. Ni hablar de quienes mantienen dinero para la jubilación en las AFP, que hoy tienen serias dudas sobre qué hará el “Ente” (organismo que tanto Boric como Provoste proponen administre los fondos previsionales de los chilenos) con esos ahorros. Los políticos nos pasan “gato por liebre”, y disfrazan sus intenciones con buenismo, y todos sabemos que al final la decisión de dónde invertir los ahorros será privilegiando la rentabilidad electoral y social, y no la financiera, que es la que multiplica nuestros recursos en el tiempo. En pocas palabras, los políticos van a dejar “pato” a los chilenos de clase media, que son los que deben ahorrar metódica y consistentemente para su jubilación.

¿Qué pasaría, de ser electo Boric, con la economía y cuál sería la respuesta a ese evento adverso, de emprendedores y consumidores? Lo más probable es que la inflación, producto del desenfreno e irreverencia fiscal, crezca más rápido que los salarios, que estarán además deprimidos por la caída de la inversión, todo lo cual conduciría a la clásica respuesta socialista de más gasto fiscal, a costa de mayor emisión (financiada por el “Ente”), y más refugio en dólares por parte consumidores y emprendedores.  Todo lo anterior encenderá aun más la animadversión entre los chilenos, la especialidad y hasta ahora único logro consistente del Partido Comunista, además de empobrecer a las naciones. Al final el chileno común y corriente, el “aperrado”, sucumbirá ante el político “sapo”, que culpará al capitalismo de sus males, y no a su deficiente gestión, como ha ocurrido en todos los países que sin excepción e indefectiblemente han seguido la senda del comunismo. 

En conclusión, las próximas elecciones son cruciales para Chile. Nos jugamos en ellas dos modelos sociales muy diferentes. El modelo que Chile empleó los últimos 30 años, que lo encumbraron como el país de mayor ingreso per cápita, con el salario mínimo más alto y los niveles de pobreza más bajos de la región. Es cierto, que aún perduran muchos problemas, pero creer que el modelo de Boric los resolverá es un tremendo error y una ingenuidad trivial. Nadie en la historia de la humanidad resolvió la pobreza “embolinando la perdiz”. El modelo comunista de Boric, donde los adeptos a éste capturan al Estado para apernarse en el poder y de ahí en adelante “pasarlo chancho”, es a costa del trabajador y emprendedor PYME que quedará “meado de gato”. “Por si las moscas”, si usted aún le cree al discurso buenista de los comunistas, entonces usted no es muy “avispado”.

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