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Publicado el 10 de noviembre, 2018

Manuel Bengolea: Espíritu animal y crecimiento económico

Economista Manuel Bengolea

Se necesita un golpe efectivo a las expectativas, pero no solo a nivel de discurso, sino más bien a nivel legislativo. De una vez por todas entendamos que es necesario reducir los impuestos para que se invierta másy atreverse a desafiar a los dirigentes sindicales añejos y con agendas ocultas.

Manuel Bengolea Economista
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El “espíritu animal”, término que estampó el economista inglés John M. Keynes, se emplea para describir la emoción o el afecto que influye en el comportamiento humano y que se puede medir en términos de la confianza de los consumidores y empresarios. Entonces, el espíritu animal de los chilenos comenzó a desatarse cuando las posibilidades de que Sebastián Piñera triunfara en las elecciones presidenciales se hicieron más visibles. Sin embargo, muchos se preguntan hoy por qué el espíritu animal no se ha presentado como muchos quisiéramos y anhelamos. No estoy negando lo obvio, y es que el crecimiento económico se ha acelerado muchísimo respecto del observado en el gobierno anterior, pero hasta los organismos internacionales esperaban algo más cautivador en la materia.

 

Para entender por qué el crecimiento no ha aumentado todo lo que esperábamos, es necesario entender en primer lugar cuáles fueron los motivos para que durante el gobierno de la Sra. Bachelet éste se desplomara a menos de la mitad. Las principales causas fueron: (1) una reforma tributaria que castigaba significativamente el emprendimiento y la inversión, (2) una reforma laboral diseñada para la CUT y para la economía industrial de principios del siglo XX, y (3) un gobierno que desdeñó el crecimiento económico y el esfuerzo individual como la principal palanca para alcanzar el desarrollo y el bienestar, y se centró en ideales (objetivos) y no en la forma de alcanzarlos (herramientas).

 

Lamentablemente, de los tres puntos anteriores, el actual gobierno tan solo ha resuelto el último, esto es, volver el tema del crecimiento económico al centro del debate de las políticas públicas y utilizar las herramientas más eficientes para conseguirlo. Los otros dos, y a pesar de que prometió bajar los impuestos en su campaña, no se han cumplido, y diría más bien que comienza a propagarse la decepción entre los que votaron por este gobierno. Esto es, el ímpetu del espíritu animal comienza a enfriarse.

 

El gobierno debe comprender que, si no desata el espíritu animal, no solo arriesga un crecimiento menor, desaceleración salarial, y todas las consecuencias que vivimos durante la administración anterior, sino que además corre el riesgo de entregarle en bandeja el gobierno a los idólatras del nirvana igualitario.

 

Se necesita un golpe efectivo a las expectativas, pero no solo a nivel de discurso, sino más bien a nivel legislativo. De una vez por todas entendamos que es necesario reducir los impuestos para que se invierta más. Muchos dirán que no se puede porque el desastre fiscal, heredado del gobierno anterior, limita dicha posibilidad. Sin embargo, hay una diferencia sustancial para el crecimiento y las expectativas de empresarios y consumidores entre que el déficit fiscal se incremente por exceso de gasto mal focalizado, a que lo hagan porque se achican los ingresos fiscales para darle más espacio al sector privado. Los incrédulos pueden analizar el caso de Estados Unidos, que a pesar de tener un presidente cuestionado, ha permitido que el sector privado aumente su participación y que la economía se expanda sólidamente.

 

En cuanto a la ley laboral, hay que atreverse a desafiar a los dirigentes sindicales añejos y con agendas ocultas, y con los políticos que se amparan en sus polleras. Necesitamos una ley laboral de cara al siglo XXI y que se haga cargo de la realidad de las empresas pequeñas y medianas, que son en definitiva quienes aportan el 80% de los puestos de trabajo en este país. 

 

El gobierno debe comprender que, si no desata el espíritu animal, no solo arriesga un crecimiento menor, desaceleración salarial, y todas las consecuencias que vivimos durante la administración anterior, sino que además corre el riesgo de entregarle en bandeja el gobierno a los idólatras del nirvana igualitario, que venden al Estado como el apóstol de la justicia social, y cuya única propuesta es engordarlo y empoderarlo, al igual que a sus administradores, y en la pasada le quitan más impuestos, más libertad y más bienestar a persona comunes y corrientes como usted y yo.

 

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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