Ha comenzado nuevamente la campaña de desprestigio del sistema de pensiones chilenos, por parte de la izquierda radical, y curioso que otra vez el tema se discuta justo en período eleccionario. Nada más conmovedor que escuchar y leer comentarios de partidarios del Frente Amplio, abogando por un sistema de pensiones digno, donde todos sean felices, dejando fuera, convenientemente por supuesto, el cómo lograrán este loable objetivo. Ahí está la trampa del político populista, que abundan en dicho conglomerado, y que no es otra que la de ofrecer una solución simple a un problema complejo. Cuando técnicos serios cuestionan el cómo financiarán dicha propuesta de pensiones, la respuesta es con lugares comunes y una plétora de buenas intenciones, pero poco y nada del mecanismo para conseguirlo.

Un ejemplo de lo anterior es la solidaridad intergeneracional, que significa que los jóvenes le pagan la pensión a los viejos, que funciona mientras haya muchos trabajadores y pocos retirados, algo que en Chile está cambiando aceleradamente.  Otra alternativa son más impuestos al 1% más rico, que matemáticamente no da, pero suena justo. Por supuesto que ninguna de estas alternativas se hacen cargo de los costos indirectos que tales esquemas infringen en el crecimiento de la economía, ni en las distorsiones que generan en diferentes mercados.  Lo que está claro es que dejan fuera la única alternativa plausible para mejorar las pensiones en el corto plazo, y es que confisquen (palabra elegante para no emplear el verbo robar) el ahorro de los trabajadores y lo repartan.

¿Qué importan las advertencias del Banco Central sobre los riesgos que conllevan los retiros en variables financieras tan importantes para la gente común y corriente como lo son las tasas de interés, dólar e inflación?  Así es, porque la sucesión de retiros se convertirá en la política publica más regresiva en muchas décadas, según sostuvo el presidente del instituto emisor, economista del Partido Socialista.  Y en esto la insensatez impúdica no es exclusividad única del Frente Amplio, sino que se ha sumado un corro de otros parlamentarios, como Iván Flores (DC) o Paulina Núñez (RN), que no trepidan en ultrajar las futuras pensiones, el bienestar de los futuros jubilados, con tal de conseguir votos.

No hay nada más inhumano en economía que la inflación, sostuvo Marcel. Por supuesto, para el ciudadano común y corriente que gana un salario fijo, ver cómo su poder adquisitivo se erosiona gracias al egoísmo miope de gran parte de nuestra clase política.  Así es, y si le agregamos que pagar por un dólar $785 en vez de $650, que es lo que debería costar si no hubiese este desenfreno fiscal y político.  Y para qué vamos a hablar del costo de los créditos hipotecarios, que hoy se deben pagar unos cuantos puntos porcentuales demás.

Ahí será cuando el pueblo se dará cuenta que los últimos treinta años fueron duros, pero avanzábamos hacia el progreso, y lo que finalmente ofrecían los paraísos socialistas, pletóricos de derechos, como lo son hoy Argentina, Venezuela, Nicaragua y tantos otros países, donde hay mucha igualdad y dignidad, pero también una estela de miseria vomitiva e inaceptable para los hombres de bien. Por último, quienes elegimos a estos representantes somos nosotros, así que no le echemos la culpa sólo a los políticos, pues si están ahí, es porque fueron electos por mayoría de votos. Como sostuvo Otto Von Bismark, estadista y político alemán: “Nunca se miente tanto como antes de las elecciones, durante la guerra y después de la cacería”.

Una buena parte de nuestra clase política está dispuesta a mentir con tal de llegar al poder, otra justifica y promueve la violencia, el vandalismo y el saqueo como herramienta de protesta social. Por lo tanto, el ciudadano común como usted no debe ni puede olvidar que, gracias a los representantes del pueblo que dicen luchar por su bienestar, al final, éste será efímero si es que se logra, y luego vendrá el pago de las insensateces políticas. Es decir, deteriorar su bienestar a punta de devaluar el peso, rebajar los salarios reales por culpa de la inflación, y encarecer la posibilidad de la vivienda propia por el alza en las tasas de créditos hipotecarios. Si luego de todo esto, usted le otorga el voto a los populistas, entonces tendrá la pobreza que se merece.

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