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Publicado el 16 de mayo, 2020

Manuel Bengolea: Disonancia cognitiva y AFP

Economista Manuel Bengolea

Las encuestas señalan que un porcentaje mayoritario de los trabajadores quieren que el incremento del ahorro previsional propuesto en la reforma de pensiones que duerme en el Congreso vaya completamente a su cuenta individual. No quieren reparto y no quieren que sea el Estado el que la administre. ¿Será esta la razón por lo que ninguno de los políticos ha siquiera mencionado la posibilidad de que sean los propios trabajadores los que decidan quién les administre sus ahorros previsionales?

Manuel Bengolea Economista
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En psicología, el término disonancia cognitiva hace referencia a la desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. El concepto fue formulado en 1957 por el psicólogo estadounidense Leon Festinger. Su teoría plantea que, al producirse esa incongruencia o disonancia de manera muy apreciable, la persona se ve automáticamente motivada para esforzarse en generar ideas y creencias nuevas para reducir la tensión hasta conseguir que el conjunto de sus ideas y actitudes encajen entre sí, constituyendo una cierta coherencia interna.

Esto es lo que apreciamos en muchos políticos de oposición respecto del ahorro previsional. Esta disonancia cognitiva, o conflicto de creencias, se observa tanto respecto de quién es el dueño de los ahorros previsionales, como del rol que les cabe a quienes lo administran, las AFP. Los políticos más radicales quieren capturar esos ahorros para así poder privilegiar a quienes les son afines ideológicamente, y entablar así una relación clientelar.  En pocas palabras, tú votas por mí y yo me encargaré de emplear los fondos ahorrados por los trabajadores para beneficiarte. Estos políticos radicales son concientes que, de los 10 millones de ahorrantes previsionales, son pocos los que les darán la pasada para que le confisquen el ahorro a cambio de una promesa de regalías futuras.  Basta mirar el nivel de desaprobación en las encuestas de los congresistas y de ciertos partidos de oposición para verificar que la gente no confía en ellos, pero su disonancia cognitiva los autoconvence que pueden cambiar la voluntad de los votantes subiendo la oferta.

Luego están los políticos moderados, que entienden que los ahorrantes previsionales no les van a dar la pasada, y los tratan de atraer con el sermón de que un ente estatal podría administrarle sus propios recursos en forma más económica y que además le transferirían parte de sus propios recursos para beneficiarlos. Y como el ser humano siempre privilegia el consumo presente por sobre el ahorro futuro, tendría sustento. Por supuesto que la idea es la puerta de entrada para el objetivo final que no es otro que apoderarse de los recursos, y de pasada los políticos ganan adeptos al incrementar su poder e influencia. Como ejemplo de lo anterior, está la propuesta de una senadora de reducir la esperanza de vida de los chilenos para así repartirles más, lo que equivaldrían a decir que el mes tiene 25 días, no treinta, con lo cual el gasto diario se podrá amentar. No hay que ser matemático para saber cómo terminará aquello.

Luego están los políticos que no entienden del tema, y que, dado sus limitados conocimientos, le son funcionales a los más dotados de materia gris. En este caso no hay disonancia cognitiva, es lisa y llanamente ignorancia. Hace poco un senador de la república en un discurso sostenía que el valor de los ahorros nunca se recuperaba y que si lo hacía era porque mes a mes ingresaban nuevos ahorros. Le comunico al honorable, excandidato a presidente, que si visita la página de la Superintendencia de AFP podrá verificar fácilmente que lo que dice no se ajusta a la realidad.

Las encuestas señalan que un porcentaje mayoritario de los trabajadores quieren que el incremento del ahorro previsional, propuesto en la reforma de pensiones que duerme en el congreso, vaya completamente a su cuenta individual. No quieren reparto y no quieren que sea el Estado el que la administre. ¿Será esta la razón por lo que ninguno de los políticos ha siquiera mencionado la posibilidad de que sean los propios trabajadores los que decidan quién les administre sus ahorros previsionales? No vaya a ser que elijan a las AFP u otras entidades independientes del poder político, y la oportunidad de que algunos representantes se hagan con ese botín, que hoy representa casi 2/3 del PGB, se vaya al tacho.

El escritor, historiador, filósofo y abogado francés Voltaire sostenía que “cuando el fanatismo ha gangrenado el cerebro, la enfermedad es casi incurable”. La captura de las AFP ha generado síntomas crecientes de disonancia cognitiva entre ciertos políticos, otros sufrirían el mal de Voltaire, pero lo que está claro es que los más de 10 millones de chilenos que mantenemos nuestros ahorros previsionales administrados por las AFP, y que respondemos encuestas, deberíamos ir y votar en contra de cualquier político cuya intención sea siquiera acercarse a esos fondos.

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