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Publicado el 20 de julio, 2019

Manuel Bengolea: Crecimiento económico, de menos a más

Economista Manuel Bengolea

A pesar de que parte de la recuperación económica chilena depende de gestos políticos, tanto de locales como los externos, hay razones para creer que el pragmatismo prevalecerá por sobre la pasión populista.

Manuel Bengolea Economista
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Los “espíritus animales”, el término que John Maynard Keynes utilizó en su libro de 1936 Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero para describir la emoción o el afecto que influye en el comportamiento humano, no han estado a la altura de lo que se esperaba con el llegado del segundo gobierno de Piñera. Las causas de este apaciguamiento son muchas, y difícil concluir cuál explica qué parte de éste, pero ciertamente se distinguen dos: (1) la guerra comercial entre China y Estados Unidos, y (2) la apostasía de ciertos políticos de izquierda por legislar pensando en el bienestar del chileno común.

Dentro del contexto de desarrollo, el crecimiento económico en los gobiernos de Piñera 1 y 2, ha sido muy superior al de Bachelet 1 y 2, y eso a pesar de los “shocks” adversos que ha debido enfrentar el primero, cosa que no le pasó a la segunda. Es más, Chile ha crecido más que el resto del mundo durante Piñera, y menos durante Bachelet. El crecimiento promedio durante Bachelet, medido como promedio del Imacec de ambos periodos, es 2,5%, contra un 4,3% de Piñera. Esa diferencia significa por ejemplo que, luego de 25 años, el PGB sería un 50% más.

¿Hacia dónde va el crecimiento económico? Soy un convencido que vamos de menos a más. Primero, porque el impacto de la guerra comercial se ha visibilizado conspicuamente a nivel del ciudadano común y corriente (votante), con lo cual las consecuencias de la verborrea nacionalista comienzan a extenderse, mientras los costos políticos aumentan notoriamente; con ello, tanto Xi como Trump deberán ceder, todo lo cual mejoraría las expectativas.

Segundo, y a nivel local, en el ambiente político opositor, el péndulo pareciera volver hacia el centro, con lo cual es más que factible que las tan necesarias reformas tributarias y de pensiones finalmente vean la luz. Esto debiera ocurrir en algún momento del segundo semestre, con lo cual tanto empresarios como consumidores deberían comenzar a abrir más rápido sus billeteras. Los empresarios invertirán más, lo cual redundaría en más y mejores empleos, y los consumidores reforzarán el impulso consumiendo más.

Por último, la economía chilena, que habría absorbido una parte significativa del “shock” migratorio, más un nivel de tasas de interés notoriamente bajas, tantos las de corto como de largo plazo, deberían impulsar a los agentes económicos a adelantar sus decisiones de inversión y gasto. No es casualidad que las ventas de vivienda en el Gran Santiago crecieran 12% en el segundo trimestre.

A pesar de que parte de la recuperación económica chilena depende de gestos políticos, tanto de locales como los externos, hay razones para creer que el pragmatismo prevalecerá por sobre la pasión populista. Mal que mal, como decía G.C. Lichtenberg, científico y escritor alemán del siglo XVIII, “cuando los que mandan pierden la vergüenza, los que obedecen pierden el respeto”. El mundo no está respetando a los actuales políticos y con varios procesos eleccionarios por venir es muy probable que muchos pierdan su empleo. El espíritu animal también opera en la política.

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