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Publicado el 30 de mayo, 2020

Manuel Bengolea: Sometidos o absueltos

Economista Manuel Bengolea

¿Cuánto más tiene que suceder para que los ciudadanos con su voto, y los contribuyentes con sus recursos, entendamos que somos nosotros los poderosos, no los políticos, que son nuestros servidores?

Manuel Bengolea Economista
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La aprobación en el Senado de la ley que limita la reelección de parlamentarios, concejales, cores y alcaldes, pero sin retroactividad, ha causado estupor y rabia contra la clase política, que nuevamente hace gala de la poca conexión que tiene con la ciudadanía y que en parte explica el porqué de su bajísimo nivel de aprobación. El rechazo a la retroactividad, entre los que desaprobaron y se abstuvieron, otro que se inhabilitó y uno que no votó, obtuvo votos transversales. Es decir, los senadores son incapaces de orquestar un acuerdo para enfrentar la peor crisis sanitaria y económica de los últimos 100 años, pero cuando se trata de mantener el poder, se unen rápidamente y las convicciones no son un impedimento para lograrlo.

La falta de competencia de senadores y diputados, tanto en lo que se refiere a su capital humano, como a la institucionalidad que determina quién es el elegido, es cada día mas evidente. No son pocos los políticos que hacen gárgaras con la democracia y dan cátedras de moralidad, y al mismo tiempo alaban regímenes reconocidos por violar los derechos humanos y por sumir a su población en la pobreza más abyecta. El 18-O fue un llamado de atención no menor de la población sobre la incompetencia del mundo político, que el coronavirus terminará por desnudar.

¿Cuánto más tiene que suceder para que los ciudadanos con su voto, y los contribuyentes con sus recursos, entendamos que somos nosotros los poderosos, no los políticos, que son nuestros servidores? Lo más increíble y molesto es que en los últimos 10 años el tamaño del Estado ha crecido desde un 20% del PGB hasta un 25%, lo que en términos prácticos significa que, en UF, el presupuesto de los políticos ha aumentado en 60% en ese período de tiempo. Es decir, un aumento a razón de 5% anual en UF. Los asalariados chilenos, según el INE, han recibido aumentos promedios anuales en los últimos 10 años que llegan a 2,4%, esto es menos que la mitad del aumento del gasto del Estado. Increíble, y los políticos jamás nos han dado explicaciones de ello, y eso que nosotros los financiamos. Cuando muchos cacarean que el chancho está mal pelado, es justamente por esto.

Si el problema del Estado no es de recursos, entonces el problema está en la gestión. ¿Qué duda cabe que la gestión del aparato estatal, salvo pocos ejemplos, es de mediocre a deficiente? ¿Se ha preguntado usted por qué una de las instituciones de mayor prestigio a nivel nacional e internacional es el Banco Central? La respuesta es muy simple: el instituto emisor es independiente por ley orgánica constitucional, y su órgano ejecutivo, el Consejo, requiere de profesionales debidamente acreditados de los mejores centros de estudio de ciencia económica, con reconocido y vasto prestigio profesional y con independencia política, esto es un ejemplo de meritocracia. Hay varios ejemplos de empresas estatales que pasan la prueba básica de gestión, como el Metro, Codelco, etc., y el común denominador es que los políticos no tienen mucho que ver en su conducción. Lo curioso es que, si analizamos las entidades estatales donde los políticos se involucran bastante más en la gestión, como por ejemplo Sename, TVN, ciertas municipalidades, como la de Valparaíso, nos encontramos con situaciones alarmantes.

Indudablemente la deficiente gestión de los políticos tiene dos orígenes. La primera es los bajos requerimientos técnicos para ostentar el cargo y la segunda es la evidente distorsión que producen los procesos eleccionarios en los objetivos de los administradores del aparato estatal. En efecto, una autoridad que enfrenta un proceso eleccionario no tomará las medidas correctas si estas son impopulares. Es sabido, que, en políticas públicas, es usual que lo impopular venga primero, el costo, y los beneficios vengan después.

¿Cómo hacemos para que la competencia que enfrentamos día a día trabajadores y emprendedores llegue también al mundo de los políticos? El límite a la reelección de cargos políticos es un pequeño paso hacia adelante. Sin embargo, si queremos dar un salto importante necesitamos generar la instancia para tener más Bancos Centrales y menos Sename. Lo anterior pasa por quitarles el poder a los políticos y dárselos a instituciones técnicas independientes, a donde se acceda por competencia, no por pituto. En conclusión, la próxima vez que concurra a votar, e independiente de sus afinidades políticas, vote por quien le ofrece menos Estado, no más Estado. El primero lo quiere someter mientras que el segundo lo dejará libre. Usted decide si quiere ser un sometido o un absuelto.

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