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Publicado el 06 de noviembre, 2019

Magdalena Vergara: Qué pasa con el CAE

Directora Ejecutiva Acción Educar Magdalena Vergara

Dado el escenario actual y la presión en el ambiente, pues  las personas ya no están dispuestas a esperar, las alternativas se vuelven más complejas y, en consecuencia, ha llevado a que aparezcan ideas que si bien pueden apagar el incendio hoy, nos pueden poner en aprietos para el futuro a la hora de definir un sistema de financiamiento que pueda complementar a la gratuidad y reemplazar al CAE.

Magdalena Vergara Directora Ejecutiva Acción Educar
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Gran parte de la problemática que hoy vivimos es porque no supimos ver el malestar y descontento de las personas a tiempo. Chutear la pelota al córner nos ha salido bastante caro, por lo mismo la necesidad de construir los cambios que se hagan cargo del malestar generalizado.

Aunque en un principio en las calles no se escuchaban demandas relacionadas a la educación, en los últimos días reapareció en el debate el sobreendeudamiento que ha generado en algunos estudiantes el Crédito con Garantía Estatal, más conocido como el CAE.

Nadie puede desconocer la importancia que ha tenido el CAE desde su creación, entregando la oportunidad para que miles de jóvenes -más de 930 mil desde que se creó la política- pudiesen acceder al sistema de educación superior. Sin embargo, el fervor por el acceso impidió ver las consecuencias del fuerte endeudamiento e incapacidad de pago asociada que estaba generando el crédito en quienes lo obtenían. No fue sino hasta luego de las marchas pingüinasque se planteó la solución. Así, durante el primer gobierno del Presidente Piñera se hicieron reformas importantes para su mejora de manera de disminuir el agobio, como la contingencia al 10% de los ingresos, la tasa subsidiada al 2% y la suspensión por cesantía. El objetivo principal era hacerlo más abordable y permitir una disminución en la morosidad. Con todo, ciertos problemas han persistido, especialmente la bicicleta de endeudamiento que se genera por atrasarse en el pago, ya que ello impide el acceso a los beneficios nombrados anteriormente, generándose un problema cada vez mayor.

La compleja situación es sabida. Sin ir más lejos, se han presentado tres proyectos de ley que buscan reemplazar el CAE por un nuevo crédito, pero por diversas razones -en su mayoría políticas- no hemos sido capaces de llevarlos a cabo. Es más, la reforma a la educación superior de Michelle Bachelet tampoco le dio una solución -a pesar de que fue el detonante del movimiento estudiantil- y sólo se comprometió a presentar una iniciativa que lo reemplazara. Una vez más la discusión fue desplazada.

Dado el escenario actual y la presión en el ambiente, pues  las personas ya no están dispuestas a esperar, las alternativas se vuelven más complejas y, en consecuencia, ha llevado a que aparezcan ideas que si bien pueden apagar el incendio hoy, nos pueden poner en aprietos para el futuro a la hora de definir un sistema de financiamiento que pueda complementar a la gratuidad y reemplazar al CAE.

Así, por ejemplo, una condonación total del CAE no parece ser una medida adecuada, por muy atractiva que se vea para terminar con las manifestaciones. Especialmente cuando existe la necesidad de atender una serie de demandas sociales, como pensiones y salud, no es apropiado subsidiar a personas que sí tienen la situación socioeconómica suficiente para hacerse cargo de su deuda y, de hecho, lo hacen sin problemas. No todos los deudores del CAE viven la situación de quienes sufren un agobio que ha llegado a  afectar su entorno familiar. La realidad de éstos es diversa y es necesario atender a ello por razones de justicia, para enfocarnos en quienes más lo necesitan y no avanzar en políticas regresivas.

En esa línea, una solución que no puede descartarse es una reprogramación de los créditos que permita a todos los deudores morosos poder acceder a los beneficios del CAE, de manera que puedan ponerse al día en sus pagos. El Sistema de Financiamiento Solidario (SIFS), que se encuentra en el Congreso, planteaba esta alternativa, evitando que el no pago de una cuota significara una cadena de no pagos, es importante volver a plantear este tipo de iniciativas.

Además, es indispensable tomar las medidas que eviten que ocurran nuevas situaciones de agobio y sobreendeudamiento. La ventaja es que en esta discusión no partimos desde cero. Existe consenso sobre condiciones mínimas que debe tener un nuevo crédito para dar las facilidades de pago: contingencia al ingreso, una tasa subsidiada, suspensión por cesantía y estudios de postgrado, pago por sobre un nivel de ingresos, etc.

Los mecanismos los tenemos sobre la mesa desde hace un tiempo, pero hace falta una verdadera voluntad política por parte de todos los sectores para que podamos resolver aquellas diferencias que han impedido la solución.

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