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Publicado el 01 de enero, 2020

Magdalena Vergara: 2020: ¿Alea jacta est?

Directora Ejecutiva Acción Educar Magdalena Vergara

Sostenidamente se han puesto restricciones al sistema subvencionado, pasando a llevar los principios de autonomía y libertad de enseñanza que garantiza la Constitución, pero sin implementar mejoras al sistema público -haciéndose partícipes del mismo abandono de la educación pública que tanto recriminan-. Los dados están tirados, pero el panorama para el año 2020 no se ve muy prometedor.

Magdalena Vergara Directora Ejecutiva Acción Educar

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El 2019 nos deja un sabor amargo. A pesar de que han pasado más de dos meses desde el 18 de octubre, aún no hemos podido dar un diagnóstico ni panorama muy certero sobre lo que se viene. La educación no ha estado ajena a estas convulsiones y ha sido un año complejo para ésta desde mucho antes de que se evadiera el metro. Además que los últimos meses no han ayudado a alivianar la carga que ya tenía.

Corriendo el riesgo de caer en un lugar común, es necesario decir, nuevamente, que la educación ha estado atrapada por las ideologías. Pero en mi defensa, este año las muestras de ello han sido notorias. Aula Segura, Admisión Justa, Subvención de los Niveles Medios y Sala Cuna Universal dan cuenta de ello. Sólo el primero de los proyectos pudo ver la luz – no sin una cruda discusión de por medio- y no necesariamente debido a que los otros proyectos fuesen malos. Fuera del Congreso el panorama no ha sido distinto: los paros y las tomas han estado a la orden del día, afectando fuertemente los resultados de aprendizaje de los niños. En este ámbito, sería interesante que el Colegio de Profesores replanteara su compromiso con la educación.

Una de las piedras de tope de las discusiones en el Congreso está en la posibilidad de que las iniciativas presentadas terminen fortaleciendo el sector privado. Un ejemplo de ello ha sido la discusión de la subvención a los jardines infantiles, al punto que se llegó a rechazar el subsidio – fundamento del proyecto-, negándole a niños en igualdad de condiciones poder acceder a los mismos recursos, pues actualmente se discrimina injustificadamente entre jardines Junji, Integra y Vía Transferencia de Fondos.

Quizás algunos parlamentarios tengan dudas razonables respecto de los proyectos que ellos mismos han impulsado, pues lo cierto es que hoy la ley prohíbe el lucro y la selección arbitraria y, en gran medida, los colegios subvencionados están sujetos a las mismas reglas que los públicos. Es difícil promover mejoras a nivel legislativo si en las discusiones se desconocen los avances que ya se han hecho en la materia.

Con todo, la crítica no está en las diferencias legítimas que se puedan tener respecto a cómo proveer la educación, sino a la falta de argumentación para sostener que sólo un sistema estatal podría garantizar equidad y calidad o que solo bajo ciertas circunstancias se defienda férreamente el derecho de los niños o de los padres como primeros educadores. Sostenidamente se han puesto restricciones al sistema subvencionado, pasando a llevar los principios de autonomía y libertad de enseñanza que garantiza la Constitución, pero sin implementar mejoras al sistema público -haciéndose partícipes del mismo abandono de la educación pública que tanto recriminan-.

El problema no sería tanto si al menos encontráramos consensos en aquellas cuestiones mínimas avaladas por la evidencia para mejorar en calidad. Sin embargo, no es así. Constantemente los parlamentarios se arrogan un rol pedagógico e intentan entrometerse en las escuelas quitándoles sus ámbitos de libertad. Son precisamente las escuelas públicas las que están en una peor situación respecto a esto y donde el director tiene menor injerencia para la toma de decisiones. Es paradigmático el proyecto de ley presentado por algunos diputados de oposición, que buscaba restringir aún más las atribuciones del director, impidiendo por ejemplo la facultad –mínima- que tienen para decidir sobre el cuerpo docente, cuestión totalmente contraria a lo que hoy los directores reclaman como una necesidad prioritaria para poder instalar mejoras.

Por supuesto, aquí el Ministerio también debe hacer mea culpa. Las políticas promovidas han tenido un enfoque más bien acotado y particular, evidenciando una falta de relato que convoque mediante una agenda concreta para mejorar la calidad.

En definitiva, el panorama para el año 2020 no se ve muy prometedor. Salvo que decidamos tomarnos la educación en serio. Salvo que recriminemos con fuerza cada vez que ciertos grupos de interés decidan usar la educación de los niños como moneda de cambio para obtener sus demandas. Salvo que decidamos discutir de verdad respecto de aquellas materias que realmente importan a la educación. Salvo que decidamos discutir en base a la evidencia.

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