El inicio del gobierno de Gabriel Boric no ha brillado por sus logros, más bien han destacado sus errores. Primero decidió no gobernar y ser jefe de campaña para aprobar la constitución que era el real reflejo de su alma. Para muchos es difícil saber qué piensa el Presidente ya que los constantes cambios de postura le han valido que muchos lo llamen “el volteretas”.

Lo cierto es que su ideario siempre ha estado claro y él mismo se había calificado “a la izquierda del Partido Comunista”. El Frente Amplio comulga con las ideas de sus aliados comunistas y, por lo mismo, muchas cosas que son vistas como errores, no son más que lo que siempre pensaron hacer. Como diría el dicho: “Se les salen por los poros” sus verdaderas intenciones. La banalización del poder es parte de la desacralización de las instituciones con el fin de minarlas desde lo más profundo para destruir la realidad existente para que emerja el sueño utópico.

Esta semana varios errores llamaron la atención de todos, el tener en el segundo piso a una asesora, hoy posiblemente investigada por el FBI por posibles vínculos con el cartel de Sinaloa. Lucía Dammert era un personaje más que complejo.

A este error se le agrega el de humillar a Israel no recibiendo a su embajador cuando había sido citado para presentar credenciales. Este acto inédito banaliza el poder y humilla a Chile frente al mundo y de paso ataca a los judíos chilenos. El Presidente ya había decidido ser el Presidente de algunos chilenos, hoy reduce ese número. Ya en campaña había mostrado actitudes ante Israel, por lo que algunas voces lo llamaron antisemita. Ciertamente parte de sus aliados abiertamente son antisemitas de forma manifiesta, por lo que cabe preguntarse si no obedece directrices de aquellos, lo que hace dudar sobre quién gobierna en La Moneda.

Estos errores diplomáticos se suman a otros como la humillación a John Kerry o al Rey de España. Siempre los ataques han sido contra quienes tienen posturas e ideas distintas a las del actual gobierno chileno. La ideología les nubla la mente y no los hace velar por el bien de Chile, sino que su actuar se guía por lo que les sirve para su ideario ideológico. El poner a Latinoamérica como primer socio comercial es un grave error económico, cosa que no les importa ya que el Foro de Sao Paulo y el Grupo de Puebla son sus fuentes de inspiración. Su gran enemigo “el neoliberalismo”, lo que los lleva a imponer la utopía sobre la realidad.

Sus ideas fueron derrotadas en el plebiscito de salida, ya que Chile junto con rechazar la constitución que plasmaba el alma de estos frenéticos refundacionales, rechazaron también al gobierno cuyo programa es idéntico al texto rechazado. Pero el gobierno y el Presidente en vez de hacer un mea culpa y enmendar el camino, siguen como si nada hubiese pasado. 

Hace un cambio de gabinete en el que no es capaz de incorporar a nadie de la centroizquierda que haya ido por el rechazo, elige ser Presidente del 38 % del país. Intenta poner a los comunistas en la Subsecretaría del Interior y tras el escándalo los pone igual a modo de compensación en otras importantes plazas del gobierno y el gabinete político. Es probable que el agravio a Israel tenga que ver con esas compensaciones.

Es fundamental comprender que todo esto deja en evidencia la falta de credenciales democráticas de quienes nos gobiernan al insistir ir en contra de la voluntad popular en la incapacidad de enmendar el rubo ya que para ellos la ideología siempre vale más y sus ideas, aunque minoritarias, deben imponerse a toda costa.

*Magdalena Merbilháa es historiadora, periodista, MA Education, Kingston UK.

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