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Publicado el 04 de noviembre, 2018

M. Cecilia Cifuentes: Derecho a una pensión digna

No existe una reforma previsional que resulte en buenas pensiones si no logramos cambiar esa errada cultura paternalista en la materia. Todos debemos hacernos responsables de nuestro futuro, no podemos dejarle al Estado esa carga, porque al final es equivalente a dejársela a nuestros hijos.

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No hay duda, tenemos un problema con las pensiones. Son demasiados compatriotas de la tercera y la cuarta edad que tienen y tendrán jubilaciones insuficientes para financiar una vejez sin carencias importantes. Las causas son múltiples, vivimos más años sin que se haya ajustado la edad de jubilación, tenemos lagunas en nuestro ahorro, cotizamos por un porcentaje muy bajo de nuestro ingreso, los retornos de nuestro ahorro han caído y nuestros sueldos han subido, lo que hace parecer más bajas aún pensiones que se financiaron con ingresos inferiores a los actuales. Es casi como una tormenta perfecta en esta materia. Pero detrás de varias de estas causas hay una razón de fondo, de índole cultural, que se agravó con el discurso del gobierno anterior: la existencia de derechos sin deberes asociados.

 

Varias veces le escuché decir a la ex Presidenta Bachelet que aquel que ha trabajado toda su vida tiene derecho a una pensión digna. Eso no es así, independiente de si se trata de un sistema de reparto o de capitalización. Si sólo por el hecho de trabajar se tiene derecho a jubilación, ¿cómo financiamos esa jubilación? No se trata solamente de un problema de recursos, ya que con esa noción de las pensiones fomentamos una cultura errada en la materia: “las pensiones no son mi problema, yo trabajo, por lo tanto, Moya debe hacerse cargo después de mi jubilación”. Ese Moya no existe, como tampoco existe una reforma previsional que resulte en buenas pensiones si no logramos cambiar esa errada cultura paternalista en la materia. Todos y cada uno debemos hacernos responsables de nuestro futuro; no podemos dejarle al Estado esa carga, porque al final es equivalente a dejársela a nuestros hijos.

 

Si no logramos introducir mayores grados de responsabilidad individual en esta materia, el aumento de la tasa de cotización terminará siendo totalmente insuficiente, considerando además los acelerados cambios que estamos viviendo en las formas de trabajo. Cada vez más el trabajo se distanciará del tradicional modelo empleador-empleado, donde el primero es el que se hace cargo totalmente del tema previsional.Porque aun cuando la cotización se descuenta del sueldo bruto, y se entiende que la paga el trabajador, lo cierto es que la gran mayoría de las veces éste sólo tiene conciencia de su remuneración líquida, ignorando si le cotizan y cuánto le cotizan -en la práctica, las cotizaciones ya son de cargo del empleador-. Si pensamos que cada vez tendremos más personas siendo sus “propios jefes” en las nuevas formas de trabajo de la economía digital, tendremos bajas pensiones para rato.

 

Los trabajadores independientes mayoritariamente no cotizan. Tengan ingresos bajos, medios o altos, parecen vivir bajo la noción de que “alguien” se tendrá que hacer cargo de sus jubilaciones. Hay más de dos millones de trabajadores independientes en Chile, de los cuales sólo un 5,9% cotiza. La importancia que ha tenido el tema previsional el último año no ha contribuido a mejorar la situación, ya que hace un año cotizaba un 6,4%. El problema se ha agravado, y lo continuará haciendo mientras no se establezca claramente que el derecho a una pensión digna depende crucialmente de nuestro deber de ahorrar para el futuro. Además de leyes, necesitamos fundamentalmente un cambio cultural.

 

FOTO:SEBASTIAN RODRIGUEZ/AGENCIAUNO

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