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Publicado el 24 mayo, 2021

Luis Pardo: El mal menor

Diputado RN Luis Pardo Sáinz

El desafío es entrar al debate sin complejos para defender nuestras ideas, sin dogmatismos -para no aferrarnos a fórmulas que, habiendo sido exitosas, hay que mejorar- y entender que hacer política es construir consensos entre los propios para luego construir acuerdos con los del frente. No al revés.

Luis Pardo Sáinz Diputado RN
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Es frecuente el reclamo de muchos electores de derecha de tener siempre que votar por el mal menor. Es así como encarnan en Sebastián Piñera toda la responsabilidad por la debacle institucional que sobrevino al denominado estallido social y anuncian a los cuatro vientos que no volverán a votar con ese concepto en mente.

Mas allá de los graves errores cometidos en la conducción política del gobierno -de absoluta responsabilidad del presidente, dado su estilo y forma de gobernar-, esta administración ha enfrentado la peor crisis institucional de la historia reciente, seguida de una crisis sanitaria y económica sin precedentes en los últimos cien años y ha salido adelante pese a no tener mayoría en el Congreso, con una oposición hegemonizada por la extrema izquierda que no ha dado tregua.

Hay harto que defender antes que sumarse alegremente al coro del PC y el FA pidiendo la cabeza del presidente.

De igual forma quienes levantan la consigna del mal menor, se quejan -con justa razón- de aquellos líderes y parlamentarios que, frente a las demandas ciudadanas de octubre y luego, la pandemia, adhirieron a las consignas de la izquierda. Pero la verdadera (auto)crítica debiera ser no haber tenido respuestas acordes con nuestras ideas a la nueva realidad socioeconómica y cultural que se venía configurando en Chile desde hace décadas mientras cada uno, en su respectiva burbuja, ni siquiera se enteraba.

La realidad es mucho más compleja que las caricaturas de izquierda y de derecha. La pregunta es si vamos a intentar comprender esa realidad para, a partir de un diagnóstico certero, proponer y defender respuestas a la crisis o vamos a tomar palco mientras el país se desintegra.

Reduccionismos como el del “mal menor” y todo lo que conlleva son parte del problema: una cultura de derecha que no se asoma afuera de su burbuja, que se autoconvence de sus consignas y las defiende rabiosa pero cómodamente, al interior de sus grupos de whatsapp, mientras el FA se fue con saco de dormir y mochila a conquistar a la gente en los territorios.

¿Cuál sería “el bien”, en la lógica del mal menor? ¿Alguien muy parecido a mí, que tenga las mismas ideas y creencias que yo y que analice la realidad bajo las mismas categorías que la analizo yo? Eso es estadísticamente imposible, infantilismo puro, tan irracional como el infantilismo de izquierda que alimenta a la “primera línea”.

La sociedad que emerge de los procesos de modernización capitalista es compleja y altamente diferenciada, con individuos mucho más autónomos y desacoplados de los grandes relatos. Por eso murieron las grandes utopías, en especial la utopía marxista, pero eso no significó el “fin de la historia”, sino el surgimiento de nuevas tensiones y conflictos al interior de las sociedades capitalistas. Obviamente, Chile no es la excepción.

Por lo mismo no se puede analizar el proceso que estamos viviendo bajo las categorías o criterios de análisis de los años sesenta o setenta; es cierto que hay muchas similitudes y que buena parte de la izquierda nostálgica quiere ver en “la revuelta” un resurgimiento de la vieja utopía, pero si queremos contrarrestar la hegemonía cultural de la izquierda, se requiere un esfuerzo intelectual mayor.

Las fórmulas que fueron exitosas para sacar a millones de chilenos de la pobreza y pasar de ser uno de los países más pobres del continente a ser lo que somos no son suficientes para hacerse cargo de la realidad y desafíos actuales.

El desafío es entrar al debate sin complejos para defender nuestras ideas, sin dogmatismos -para no aferrarnos a fórmulas que, habiendo sido exitosas, hay que mejorar- y entender que hacer política es construir consensos entre los propios para luego construir acuerdos con los del frente. No al revés.

La alternativa es amurrarse, no votar por el mal menor y entregar el país.

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