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Publicado el 24 de enero, 2019

Luis Larraín: Los fabricantes de velas y los pescadores artesanales de jibia

Economista Luis Larraín

Resulta increíble que a estas alturas una petición tan retrógrada tenga eco en el Parlamento de nuestro país. Fijar por ley los modos de producción que se han de utilizar en una actividad productiva es no sólo aberrante, sino además inconstitucional.

Luis Larraín Economista
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En 1845 el economista francés Frederic Bastiat escribió su célebre sátira sobre la carta de los fabricantes de velas a la Cámara de Diputados de ese país. En esa petición, que incluía a los fabricantes de candelas, velas, lámparas, candeleros, faroles, apagavelas, apagadores y productores de sebo, aceite, resina, alcohol y generalmente de todo lo que concierne al alumbrado, los peticionarios solicitaban a los diputados que les protegieran de un competidor desleal: el sol. Argumentaban los fabricantes que ellos sufrían “la intolerable competencia de un rival extranjero colocado en unas condiciones tan superiores a las nuestras en la producción de la luz que inunda nuestro mercado nacional a un precio fabulosamente reducido; porque, inmediatamente después de que él sale, nuestras ventas cesan, los consumidores se vuelven a él y una rama de la industria francesa, cuyas ramificaciones son innumerables, es colocada en el estancamiento más completo. Este rival, que no es otro que el sol, nos hace una guerra tan encarnizada que sospechamos que nos ha sido suscitado por la pérfida Albión”.

Solicitaban los productores que los diputados tuviesen el agrado de “hacer una ley que ordene el cierre de todas las ventanas, tragaluces, pantallas, contraventanas, postigos, cortinas, cuarterones, claraboyas, persianas, en una palabra, de todas las aberturas, huecos, hendiduras y fisuras por las que la luz del sol tiene la costumbre de penetrar en las casa, en perjuicio de las bellas industrias con las que nos jactamos de haber dotado al país, pues sería ingratitud abandonarnos hoy en una lucha así de desigual”.

Esta petición, que Bastiat discurre como una sátira, se repite 173 años después en Chile. Los pescadores artesanales de la jibia, ante lo que consideran competencia desleal de la pesca industrial, solicitaron a la Cámara de Diputados que haga una ley que prohibiera la captura de la jibia con artes de pesca distintas a la “línea de mano o potera”, la forma que utilizan los artesanales esa pesca. La tecnología ha mejorado las artes de pesca, con técnicas de arrastre y de cerco que están hoy día en plena operación en la pesca industrial y que son compatibles con el cuidado del medio ambiente.

El problema es que lo que Bastiat escribió como una sátira, los diputados y senadores chilenos se lo tomaron en serio y legislaron para prohibir la pesca de arrastre y otras artes que no fueran la línea de mano o potera. Resulta increíble que a estas alturas una petición tan retrógrada tenga eco en el Parlamento de nuestro país. Fijar por ley los modos de producción que se han de utilizar en una actividad productiva es no sólo aberrante, sino además inconstitucional. Imagínense nada más las repercusiones que este tipo de legislación podrían tener en otros sectores productivos.

Ahora el Ejecutivo podría intentar detener esta ley aberrante utilizando un veto. Se había anunciado que lo haría solo para agregar a las modalidades permitidas la técnica del cerco, excluyendo la pesca de arrastre. Pero esta decisión no ha calmado las aguas en el sector de la pesca de la jibia, sino que las ha revuelto aún más, pues tanto los pescadores artesanales como los industriales se oponen a ella porque no satisface totalmente sus aspiraciones.

La labor de un gobierno y del Congreso no es atender los intereses de grupos de presión sino hacer lo que es mejor para el país. Lo mejor para el país en este caso no es tapar el sol, sino dejar que su luz inunde nuestras costas de modo que la actividad productiva de la pesca se desarrolle con las técnicas más eficientes para que su producto deje el máximo beneficio para nuestro país.

FOTO: HANS SCOTT/AGENCIAUNO

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