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Publicado el 19 de marzo, 2020

Luis Larraín: Estrategia País para el Coronavirus

Economista Luis Larraín

Con toda la parafernalia que hay en los medios, ha pasado inadvertida una charla TED que Bill Gates hizo en abril del 2015. Allí decía que la próxima amenaza global no era una explosión nuclear, sino un virus. Argumentó por qué a su juicio el mundo no estaba preparado para enfrentarla y cómo era perfectamente posible mejorar la capacidad de enfrentarlo con inversiones razonables en investigación.

 

Luis Larraín Economista

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El Presidente de la República ha decretado estado de excepción constitucional de catástrofe en todo el territorio nacional por un plazo de 90 días, después de conocerse las cifras al día de ayer que contabilizan 238 casos de contagio y 8 pacientes hospitalizados en unidades de pacientes críticos.

Ello permite dictar una serie de medidas, incluyendo restricción de reuniones en espacios públicos, asegurar la distribución de bienes y servicios básicos, ordenar la formación de reservas de alimentos y otros bienes necesarios para la subsistencia de la población, establecer cuarentenas o toques de queda, proteger servicios de utilidad pública y limitar el tránsito o locomoción de personas, entre otras medidas. Como se ve, son medidas que permiten un gran margen de acción a las autoridades y que debieran usarse de manera prudencial en la medida que sean necesarias para la implementación de la estrategia país para enfrentar el Coronavirus. Porque de eso se trata: de tener una estrategia país y aplicarla prudencialmente.

Pero como todo es sobre el coronavirus y eso sí lo alcanzan a entender los políticos, estamos llenos de diputados, senadores y sobre todo alcaldes que proponen y dictan medidas para resolver los problemas que perciben en sus territorios, o simplemente para que los vean. Esto es natural, pero una estrategia país requiere un mínimo de coordinación y buena fe. También que otras instituciones de la sociedad civil colaboren y sus propuestas sean funcionales a la estrategia.

Los países tienen que enfrentar esta grave pandemia que afecta la salud pública y el funcionamiento de toda la nación y lo único razonable es hacerlo con una estrategia. Ya sabemos algunas cosas: cerca del 50% de la población mundial se va a contagiar por la velocidad con que se propaga el virus, excepto que tengamos pronto una vacuna; de ellos un porcentaje menor (cercano al 10% de los contagiados) va a tener complicaciones graves que requerirán atención hospitalaria. De ellos, un porcentaje también menor requerirá elementos de entubación. Lo importante entonces es evitar que colapse el sistema de salud, de modo que la mayoría de esos casos se pueda tratar con éxito, minimizando el número de muertes.

Las estrategias van desde el tratamiento de shock hasta el “dejar hacer”. Singapur, Hong Kong y Taiwán han sido exitosos con el shock, pero son islas relativamente pequeñas, lo que facilita el control, además de la disciplina oriental. Corea del Sur ha tenido éxito respondiendo prontamente. China es inmensa, pero con un gobierno con poderes omnímodos y muchos recursos económicos. Italia partió siendo un desastre y ahora se fue al otro lado, con restricción total de las actividades. Lo mismo ha hecho España, otro de los países con gran número de contagiados. Francia y Alemania están endureciendo las medidas, acercándose a la cuarentena total, la diferencia está en el número de muertes, pues Alemania logra tratar a los infectados graves en su sistema de salud con mayor eficacia que sus vecinos. Además, los alemanes no son latinos y se han tomado más en serio las medidas restrictivas y el distanciamiento social.

Inglaterra en cambio tiene una estrategia distinta. Se basa en la teoría de la “inmunidad del rebaño”. Como igual un gran porcentaje de la población se va a contagiar, quienes lo hagan serán inmunes una vez superada la enfermedad. La idea entonces es gestionar el contagio para que un importante número de ingleses vaya gradualmente enfermándose, sin colapsar los sistemas de salud. Las personas con más riesgo deben tener tratamiento especial y llegará un momento en que ellos estarán protegidos gracias a que están rodeados de personas que son inmunes a la enfermedad. Boris Johnson se la ha jugado por esta opción, tomando un alto riesgo como le gusta a él, lo que le ha traído fuertes críticas en su país, por lo que ha cedido en decretar más medidas de distanciamiento social, pero sin restringir actividades de colegios y universidades, manteniendo así el eje de su estrategia. Patrick Vallance, asesor científico jefe del gobierno de Johnson, aspira así a aplanar la curva epidémica con una transmisión controlada. Otro de los fundamentos de esta estrategia proviene de la economía conductual (Richard Thaler, Premio Nobel de Economía, autor de “Nudge”), que afirma que la población no es capaz de resistir cuarentenas de larga duración, y como no las respeta se produce una transmisión fuera de control del virus que colapsa los sistemas de salud. Holanda se ha sumado a la estrategia de los ingleses, luego de un elocuente discurso de su Primer Ministro aludiendo a la vocación abierta al mundo de su país y Australia está en un camino intermedio.

No puede decirse que no hay una estrategia detrás de lo que hace Johnson, pero tampoco que no sea altamente riesgosa. En todo caso, es una discusión sobre evidencia, no sobre la primera tontera que se le ocurre a un político. El tiempo irá dándole la razón a una u otra estrategia

¿Y cuál es la estrategia de Chile? Nuestra autoridad sanitaria está observando atentamente la evolución de la situación en distintos países, considerando además las fortalezas y debilidades del sistema de salud chileno. El ministro Mañalich ha dicho que se espera un peak de 50.000 casos simultáneos a fines de abril, de los cuales cerca de 5.500 requerirán hospitalización, para lo que el país estaría preparado. Ha explicado el alto número de casos en Chile en relación a su población por la capacidad del sistema de salud para realizar exámenes, cerca de 3.000 al día, cifra que aún no se ha cumplido.

Por supuesto este pronóstico puede cambiar si el número de contagios se incrementa más allá de lo estimado, lo que no es de extrañar pues en fase cuatro no hay control sobre los casos. Para Chile es importante entrar en una etapa declinante antes que estemos en pleno invierno, con otros virus y enfermedades respiratorias, de manera que no cabe aplicar una estrategia tan jugada como la de los ingleses en aplanar la curva epidémica. Apreciando la situación, se ha hecho un manejo gradual de las medidas restrictivas mirando los resultados de las que han sido exitosas en el extranjero. En general los especialistas, incluyendo el Colegio Médico, se han sumado al Ministerio de Salud a través de una colaboración activa. Algunos piden medidas de distanciamiento social más drásticas, cuestión que debe evaluarse a partir de la evidencia y la apreciación de la situación global que tiene el gobierno. Lo importante es tener una estrategia nacional y que todos nos pongamos tras ella.

Para terminar, me gustaría llamar la atención sobre el hecho que con toda la parafernalia que hay en los medios, ha pasado inadvertida una charla TED que Bill Gates hizo en abril del 2015. Allí decía que la próxima amenaza global no era una explosión nuclear, sino un virus. Argumentó por qué a su juicio el mundo no estaba preparado para enfrentarla y cómo era perfectamente posible mejorar la capacidad de enfrentarlo con inversiones razonables en investigación.

No podemos pretender que en el mundo haya tantos Bill Gates como alcaldes Jadue. Pero al menos podríamos escuchar más a los Bill Gates y menos a los Jadue.

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