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Publicado el 19 de diciembre, 2019

Luis Larraín: El valor de la palabra empeñada

Economista Luis Larraín

Se ha impuesto la cordura y se respetó el acuerdo. No debemos olvidar, no obstante, que la izquierda presionó y amenazó a los diputados de derecha, contando para ello con el corifeo de sus barras bravas y desplegándose en los medios de comunicación.

Luis Larraín Economista

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Chile Vamos había acordado mantener los términos del Acuerdo por la Paz y la Nueva Constitución del 15 de noviembre, pese a los intentos de la izquierda por desconocerlos e introducir paridad de género y escaños reservados. Ello se plasmó en la Propuesta de Texto de Reforma Constitucional propuesto por la Comisión Técnica a la que se mandató la redacción de la reforma constitucional. En efecto, el acuerdo señalaba que la elección de los constituyentes se realizaría bajo sufragio universal con el mismo sistema electoral que rige en la elección de diputados.

Sin embargo, con sorpresa nos enteramos que el día lunes de esta semana ingresó a la Comisión de Constitución de la Cámara de Diputados una indicación sustitutiva, firmada por la mayoría de los miembros de esa instancia. Dicha indicación introduce la paridad de género en los resultados (no en los candidatos) y 17 escaños reservados para pueblos originarios en el caso de la Convención Constitucional y 21 en el caso de la Convención Mixta Constitucional. En este último caso, incluso, se aumenta el número de constituyentes respecto a lo señalado en el Acuerdo, pues los parlamentarios no estuvieron dispuestos a ceder parte de sus escaños para entregar escaños reservados.

Esto es grave, pues la indicación contradice el texto expreso del acuerdo que se firmó el 15 de noviembre. Quienes tomaron esta decisión, al menos los que cambiaron su postura previa de no modificar el acuerdo, le deben una explicación al país y a sus electores. Es sabido que en la derecha había posiciones distintas sobre la materia, algunas de las cuáles habían sido expresadas públicamente, lo que es lícito. Sin embargo, hay un acuerdo escrito cuyo texto se está desconociendo por parte de algunos. No podemos extrañarnos que la izquierda no cumpla sus acuerdos, es su proceder habitual en la política, pero sí que no lo haga la derecha. ¿Acaso el respeto a la palabra empeñada deja de ser parte de los valores de la derecha? Algunos en Chile Vamos parecían no haber reparado en que, más allá del mérito de una posición (paridad de género, por ejemplo) está el valor de la palabra empeñada.

En la discusión de ayer en la sala de la Cámara, la oposición presionó por todos los medios a los diputados oficialistas intentando ponerlos en una posición contra las mujeres y contra los pueblos originarios, sin aclarar que la cuestión más importante aquí es si se va a respetar o no un acuerdo que tuvo tanta expectativa en todo el país. Incluso la sesión tuvo que suspenderse por la irrupción de personas que no estaban autorizadas, pero que con la complicidad de diputados de oposición ingresaron a la sala.

Se impuso en definitiva el liderazgo de los presidentes de los partidos de Chile Vamos y la decisión de sus diputados de que el acuerdo se respetara, aprobando así el texto consensuado por los catorce integrantes de la Comisión Técnica mandatada para ello y no otro modificado por indicaciones de diputados que no fueron consensuadas. Cabe reconocer entonces este liderazgo, sin perjuicio de las legítimas diferencias que puedan haber entre los parlamentarios de Chile Vamos acerca de la pertinencia de introducir paridad de género o escaños reservados para pueblos indígenas.

Sobre esta última cuestión, es importante recordar que en nuestro país rige una democracia representativa, donde los ciudadanos eligen directamente a sus representantes. Este sistema, que se utiliza en las democracias más avanzadas del mundo, difiere de un esquema corporativista, donde los legisladores son elegidos por corporaciones o grupos de la sociedad con alguna característica o afinidad. El problema de este último sistema es que no es posible encontrar un método justo y aceptable para la mayoría que dilucide qué grupos deben estar representados, y cuáles son las preferencias que se otorgarán a determinados grupos sobre otros. Ello porque, en definitiva, se está haciendo prevalecer arbitrariamente la representación de unos sobre la de otros. Esa es una cuestión muy de fondo que no puede soslayarse y debe oponerse, con fuerza y convicción, a quienes aseguran que debe haber algunos grupos (mujeres, pueblos indígenas o cualquier otro) que deben ser favorecidos respecto a otros. Cabe recordar que hay mecanismos alternativos, cuotas de candidatos, por ejemplo, que pueden utilizarse para corregir la situación de grupos que están subrepresentados en el poder legislativo.

Se ha impuesto la cordura y se respetó el acuerdo. No debemos olvidar, no obstante, que la izquierda presionó y amenazó a los diputados de derecha, contando para ello con el corifeo de sus barras bravas y desplegándose en los medios de comunicación. Quienes creen en el valor de la palabra empeñada tendrán que estar alertas durante todo el proceso constituyente para sortear las trampas que la izquierda intentará poner en el camino.

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