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Publicado el 25 de octubre, 2018

Luis Larraín: El plebiscito de la laguna

Economista Luis Larraín
Error de cálculo o no, la derrota que sufrió Lavín en el plebiscito del fin de semana puede inaugurar un nuevo concepto en la terminología de la estrategia. Así como hay victorias a lo Pirro, que devienen en derrotas, puede haber derrotas a lo Lavín, que se pueden transformar a la larga en victorias. Vaya uno a saber.
Luis Larraín Economista
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Lo interesante del plebiscito en las comunas de Las Condes, La Reina y Providencia acerca de proyectos alternativos para el Parque Padre Hurtado es que permite formular diversas hipótesis sobre las causas que explican el resultado, ampliamente favorable a no realizar el proyecto de remodelar el parque con una laguna cristalina, respaldado por el alcalde Joaquín Lavín. Ganó en cambio la opción de destinar recursos ($3.200 millones) al mejoramiento del parque sin considerar esa laguna. Hay que señalar, eso sí, que no resulta posible probar ninguna. Cada uno tiene su interpretación y resulta interesante discutir un poco acerca de ello.

 

Quienes se oponían al proyecto que postulaba mejorar el parque incluyendo una laguna de la empresa Crystal Lagoons, entregaron varios argumentos. Unos pensaban que la solución no era estéticamente adecuada, pues una laguna cristalina de color calipso estaba fuera de lugar y no armonizaba con el resto del parque, su vegetación autóctona ni la laguna agreste que ya existe. En este grupo había varios arquitectos y urbanistas. Otros, en cambio, basaban su oposición en que tras la construcción de la laguna cristalina había un negocio con una empresa privada, pues esa alternativa era mucho más cara y se financiaba en parte con el cobro de una entrada a la piscina-laguna. Un subconjunto de ellos enfatizaban más este último aspecto, vale decir que se cobrara una entrada para disfrutar de un parque público.

 

Lo que prevalece y es interesante es la alta participación. La ciudadanía quiere participar en las decisiones que le afectan directamente.

 

Los partidarios de la laguna cristalina tenían argumentos para contrarrestar estos argumentos. Los opositores, en cambio, dependiendo de su motivación, se atribuyen una victoria basada en sus preferencias. Así, el argumento estético es por supuesto una cuestión de gustos donde no hay un canon único. Reconozco que a mí, que no voté ni me involucré mucho por lo mismo, me gusta más el parque agreste. Pero no me trago el reclamo de los urbanistas que creen que aquí se impuso el buen gusto de los chilenos. Iván Poduje, que en general apoyaba la alternativa de la laguna cristalina, ha desmentido este argumento señalando que si el parque hubiese estado en un sector menos acomodado probablemente esa alternativa habría ganado, pues tener acceso a una piscina de excelente calidad habría prevalecido. El mismo Poduje desecha el reclamo de tener que pagar entrada a un parque público (aproximadamente $6.000) arguyendo que eso se hace en muchas partes del mundo, incluyendo Santiago de Chile en que el Parque Metropolitano tiene dos piscinas pagadas que están repletas de público, lo que prueba que la ciudad necesita más. Por último, el argumento de que con esa alternativa se favorece a una empresa privada es un poco talibán, si consideramos que en prácticamente todas las actividades del Estado hay empresas privadas presentes en alguna calidad (contratista, concesionario, proveedor, etc.). Alguien puede haber votado en contra por ese motivo, pero me cuesta creer que sea la razón que prevaleció.

 

Se mencionan también otras razones. Hay quienes dicen que los votantes, gente acomodada en una proporción importante, no aprecian los beneficios de una laguna cristalina pues tienen alternativas de recreación mejores. Otros van más allá y aseguran que votaron en contra mayoritariamente porque no querían que el Padre Parque Hurtado se llenara de gente, probablemente proveniente de otras comunas, que sí serían atraídas por la laguna cristalina y su uso como piscina. Si esto último fuera cierto, lo que es imposible probar, parte de la oposición “progre” al proyecto tendría que admitir que las personas votaron “por las razones equivocadas”.

 

Algo parecido pudo haberle ocurrido al alcalde Joaquín Lavín. Aunque es alcalde de Las Condes, su mirada parece estar puesta más allá de la comuna. Una de sus típicas soluciones creativas e ingeniosas, que probablemente tendrían gran apoyo en la mayoría de la población, lo habrían llevado a perder en las tres comunas; una nueva aplicación de aquello de que nadie es profeta en su tierra. Error de cálculo o no, la derrota que sufrió Lavín en el plebiscito del fin de semana puede inaugurar un nuevo concepto en la terminología de la estrategia. Así como hay victorias a lo Pirro, que devienen en derrotas, puede haber derrotas a lo Lavín, que se pueden transformar a la larga en victorias. Vaya uno a saber. Lo que prevalece y es interesante es la alta participación. La ciudadanía quiere participar en las decisiones que le afectan directamente.

 

FOTO:MARIO DÁVILA HERNÁNDEZ/AGENCIAUNO

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