Gabriel Boric es un hombre acostumbrado al bajón, de modo que no estará enfrentando un escenario desconocido en estos momentos. Después del evento cúlmine de la refundación de Chile, en que él y sus amigos agrupados en el Frente Amplio y aliados al Partido Comunista pretendían ganar la batalla decisiva para su asalto a la institucionalidad democrática, han sufrido una aplastante derrota.

Así como debemos reconocer que, hasta el 11 de marzo de este año, su carrera política era meteórica y casi sin precedentes en la historia política de Chile, hay que consignar ahora que, más allá de las expresiones de civismo y buena voluntad de todos los sectores que se requieren para el bien de Chile, pues su gobierno recién comienza, su pérdida de capital político es también impresionante. Perder más de la mitad de la votación que la opción Apruebo obtuvo el 25 de octubre de 2020 en el plebiscito de entrada, para bajar del 40%, no puede interpretarse de otra manera. Un triunfo del Rechazo era hasta hace seis meses impensado, y fue, en buena medida, la desmesura de las decisiones tomadas por las mayorías de la convención, lideradas por Barraza, Bassa y Atria entre otros, la que lo hizo posible al proponer un texto extremista, insensato y alejado del sentido común de los chilenos. El otro gran factor ha sido el desastroso gobierno de Gabriel Boric.

Los errores que alejan a una fuerza política del electorado tienen consecuencias y no pueden ignorarse. Las cuentas se pagan y la pérdida de poder de Gabriel Boric y la coalición Apruebo Dignidad a partir de hoy es considerable. Pérdida frente a sus actuales aliados en el gobierno, frente a sus tradicionales adversarios de la centroderecha y frente a la centroizquierda que apoyó masivamente el Rechazo. El bajón de Apruebo Dignidad tendrá que estar a la altura de la farra que se pegaron y eso significa, dicho en simple, que tendrán que tomar conciencia de la nueva realidad que viven, muy distinta a la que siempre soñaron, para hablarles en un lenguaje que entenderán. Mucha humildad es lo que se pide de ellos hoy día para que la ansiada concordia que piden los chilenos se haga realidad.

En la otra vereda, la del Rechazo, también ha de haber un bajón. La centroderecha no debiera pasarse películas ni pensar que las conquistas que han logrado se deben a lo lindos que son. Esta vez su mayor virtud fue la discreción. Debieron actuar al revés de lo que es habitual en la actividad: en lugar de atribuirse virtudes que no poseen, más bien bajaron el perfil a sus aportes. Ahora, deben en las formas mantener esa actitud humilde, pero también saber leer el espíritu del 4 de septiembre para representar a quienes votaron Rechazo. Y ello requiere templanza y valentía para defender lo que la gente quiere. Chile no es ni será multinacional, no hay varias naciones en nuestro país. Chile es una democracia con separación de poderes, nada de sistemas de justicia subordinados a los políticos. En su acción política debieran ser protagónicos quienes se la jugaron por defender los valores democráticos en la convención.

La centroizquierda por el Rechazo tiene a su vez un importante rol en el bajón. Ellos sí que tienen que creerse el cuento. El triunfo se debe en buena parte a la visión y sentido de la oportunidad de los liderazgos que levantaron Ximena Rincón, Matías Walker, Soledad Alvear, Fuad Chahín, Felipe Harboe, Fulvio Rossi, Oscar Landarretche y Andrés Velasco, entre otros, que interpretaron a gran cantidad de chilenos y a muchos intelectuales y profesionales. Ellos también requieren valentía y sentido de realidad hoy día, para entender que no serán ya bienvenidos en la izquierda sino repudiados (algo sabemos de eso) y que si quieren seguir haciendo aportes a la política chilena tienen que pactar con la centroderecha. Un pacto sustantivo en lo constitucional, y dependiendo de dinámicas difíciles de prever hoy, más instrumental en lo político probablemente.

El pacto en lo constitucional debiera darse porque en este proceso se ha encontrado una comunidad de valores entre centroizquierda y centroderecha. Lo que ayer se negó y llevó a la cuasi aniquilación de la centroizquierda por parte de la izquierda dura, hoy adquiere su verdadero valor por su respaldo en la ciudadanía. Así, además de las cuestiones más obvias que ya mencionamos como imperativas para la centroderecha en temas como plurinacionalidad e independencia de poderes, surgen otras cuestiones a explorar en conjunto con la centroizquierda. Entre ellas está el reconocimiento a derechos sociales por parte de la centroderecha, con la indispensable contraparte de un pacto por el crecimiento económico que los haga factibles y una formulación más robusta del derecho de propiedad que la contenida en el proyecto de la convención. También es indispensable un reforzamiento de la paz social y el orden público, con el reconocimiento y respaldo necesario a la labor de las policías enfrentando al activismo político comunista en materia de derechos humanos. Y es fundamental, por último, un sistema político robusto, que supere la fragmentación actual y que pronuncie claro un NUNCA MÁS a la violación del principio “una persona un voto”, terminando con aberraciones como listas de independientes o escaños reservados desproporcionados a la población, la trampa que la ultraizquierda ideó para perpetuarse en el poder.

Esos debieran ser los mínimos comunes en materia constitucional que la centroderecha y la centroizquierda acuerden, en defensa de la democracia liberal. Requieren templanza para no apresurarse, de modo de no caer en los graves errores que los sectores moderados cometieron a comienzos del proceso constitucional al definir las reglas de la convención. Los socialistas democráticos que están apoyando al gobierno, por su parte, deberán pensarlo muy bien antes de mantener sus actuales alianzas con el Frente Amplio y el Partido Comunista, rechazados hoy por la ciudadanía. La mesa directiva demócrata cristiana debiera renunciar y los sectores democráticos que han apoyado al gobierno debieran colaborar para tener una constitución que nos una. Ya habrá tiempo para discutir en el foro de la política diferencias en los proyectos para Chile. La tarea de hoy debe ser una sola: aprobar una constitución que reivindique la democracia liberal y los valores de los chilenos.

*Luis Larraín es economista.

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