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Publicado el 31 de diciembre, 2018

Luis Conejeros: ¿Y si la libertad de expresión no es un problema resuelto?

Periodista Luis Conejeros

No censuro el debate sobre el negacionismo. Lo que me parece triste es ver al “progresismo” actuando como si la libertad de expresión en Chile fuese un problema resuelto. Otra muestra de la desconexión con la realidad de alguna dirigencia política.

Luis Conejeros Periodista
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El debate sobre el proyecto de ley que pretende sancionar el “negacionismo” tiene una pata coja. Da por sentado que en Chile existe plena y total la libertad de expresión.

Un grupo de diputados quiere cárcel para quien justificare, aprobare o negare las violaciones a los derechos humanos entre 1973 y 1990. En su afán por hacer frente a algunos personajes particularmente odiosos de la política nacional, estos parlamentarios “progresistas” se olvidan de un compromiso básico de la izquierda chilena que la diferencia en el mundo: una historia de testimonio con las libertades de expresión y opinión, la libertad de conciencia y el ejercicio libre del periodismo. Regalan así a la derecha todo el espacio para erigirse como defensora de la libertad de expresión, siendo la izquierda la que argumenta para restringirla. ¡El mundo al revés!

Hay al menos tres aspectos fundamentales de la libertad de expresión que en Chile no están bien resueltos y sobre los cuales el “progresismo” está haciendo poco por progresar.

Una industria de medios más potente y plural asegura una mayor libertad de expresión.

En el ámbito legal persisten restricciones al ejercicio libre del periodismo; en el de los medios carecemos de un mercado que asegure el acceso a buscar, recibir y difundir información para que la libertad de expresión sea plena; y en el ámbito social, hemos hecho poco para educar sobre el respeto a la opinión ajena y el destierro de expresiones de odio.

En el Código Penal sigue vigente el artículo 161-A, disposición promovida por el ex senador Miguel Otero como respuesta al espionaje telefónico del que fue víctima el actual Presidente Piñera en 1992. Pensada para sancionar a militares que espiaban a políticos, sólo se ha aplicado en tribunales para perseguir a periodistas que, usando cámara oculta, han develado a delincuentes. Todas las organizaciones de la prensa han señalado que esta ley es un atentado a la libertad de prensa, al derecho a la información y que se contrapone a los principios internacionales de derechos humanos. Lamentablemente ningún “progresista” parece haberse enterado.

En el ámbito de los medios, aparece como evidente que el mercado nacional no es capaz de sostener un sistema de medios que dé cuenta de todas las inquietudes y necesidades de expresión de la ciudadanía. El año que termina ha sido particularmente crudo para la industria: cierre de medios impresos, transformación hacia lo digital, algunos diarios piensan terminar sus ediciones en papel y los nuevos portales acceden con dificultad a la sostenibilidad. Hace algunos años hubo una decisión de Estado de potenciar una industria del cine, con fondos públicos, concursos, financiamientos de largo plazo, blindaje al intervencionismo estatal. Algunos seguimos esperando que en el ámbito de los medios de comunicación se implemente una política similar. Distribuir la publicidad estatal no basta, porque además pone en riesgo la libertad editorial. Una industria de medios más potente y plural asegura una mayor libertad de expresión.

La política tiene un problema crucial en Chile, cada sector político es incapaz de mantener estándares. Se ataca con fiereza en el opositor lo que se defiende en el bando propio.

Finalmente, en el ámbito social y cultural, tampoco existen políticas que eduquen sobre la importancia de tolerar y proteger las opiniones ajenas. La política tiene un problema crucial en Chile, cada sector político es incapaz de mantener estándares. Se ataca con fiereza en el opositor lo que se defiende en el bando propio. Y sobre esa base se aporta a la destrucción de la tolerancia y la libre circulación de ideas.

Aunque no estoy de acuerdo con encarcelar a alguien por decir lo que piensa, no censuro el debate sobre el negacionismo. Lo que me parece triste es ver al “progresismo” actuando como si la libertad de expresión en Chile fuese un problema resuelto. Otra muestra de la desconexión con la realidad de alguna dirigencia política.

 

FOTO: HANS SCOTT / AGENCIAUNO

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