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Publicado el 22 de julio, 2019

Luis Conejeros: ¿Y dónde están los liberales?

Periodista Luis Conejeros

Ante flagelos modernos, como la delincuencia, la inseguridad, la violencia intrafamiliar, el terrorismo, e incluso el suicidio juvenil existe una tendencia conservadora para la cual la respuesta natural es restringir libertades.

Luis Conejeros Periodista
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Una serie de debates se han dado en el último tiempo que dejan la sensación que en Chile falta ese botón de emergencia que en la película activaba un piloto inflable y que controlaba el avión que iba a la deriva. En nuestro caso, la emergencia es que en el mundo político aquellos que debieran defender las libertades públicas y los derechos civiles parecen no tener piloto.

Un grupo de alcaldes desea restringir el derecho a la libre circulación y de reunión de los adolescentes en razón de la hora. Un grupo de diputados desean la “autonomía” de los jóvenes poniendo en serio riesgo el rol tutelar de los padres, el derecho y la obligación fundamental de los tutores legales de poner las normas al interior de sus familias. Otros parlamentarios, de la mano del gobierno, están logrando acuerdos para ampliar el control preventivo de identidad, que no es otra cosa que dar permiso a la policía para investigar y detener a los ciudadanos sin causa alguna que lo justifique. Algo inaceptable en cualquier democracia moderna.

Ante flagelos modernos, como la delincuencia, la inseguridad, la violencia intrafamiliar, el terrorismo, e incluso el suicidio juvenil (en el cual las cifras de Chile no son bajas) existe una tendencia conservadora para la cual la respuesta natural es restringir libertades. Sin embargo, las libertades de religión, de expresión, la privacidad, el derecho al debido proceso, a la igualdad ante la ley, o el derecho de reunión y de libre circulación existen precisamente porque garantizan la vida civilizada en una sociedad. Parece innecesario justificar aquello.

Sin embargo, en Chile parecemos estar desprotegidos, particularmente desde el mundo liberal de derecha. No vemos actores dispuestos a defender en serio nuestros derechos civiles. Hemos vivido una ausencia prácticamente total de líderes políticos, particularmente de sectores adherentes al gobierno, que estén atentos a defender la libertad como base de la democracia moderna.

Aparece como tentador restringir la libre circulación de los adolescentes. Yo, de hecho, no permitiría que un hijo mío anduviese sólo en la calle a las 9 o 10 de la noche. Sin embargo, si otro padre quiere hacerlo, no podemos partir del supuesto que es un padre irresponsable. Puede tener buenas razones y por último tiene un derecho que debemos cautelar. No parece razonable en una sociedad moderna que un municipio pueda determinar de qué modo se organizan las familias o por dónde y a qué hora pueden circular las personas.

Costará bastante que la derecha pueda crecer hacia sectores más moderados y modernos si sus líderes supuestamente más liberales guardan silencio frente a restricciones a la libertad que, aunque bien inspiradas, se sabe dónde comienzan, pero pueden terminar mal, justificando sucesivas y crecientes intromisiones estatales a la libertad que se dice defender y valorar. Su silencio ante la creatividad alcaldicia no sólo es peligroso, también le hace mal al sector que dicen representar.

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