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Publicado el 03 de diciembre, 2018

Luis Conejeros: Impericia y vergüenza

Periodista Luis Conejeros
Nuestra defensa nacional y nuestra seguridad interna corren riesgo serio de estar penetradas por la corrupción. Ya no podemos hablar de hechos aislados. El problema es real y la política no está dando respuestas adecuadas.
Luis Conejeros Periodista
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Habiendo colaborado profesionalmente por más de 10 años con Carabineros de Chile -lo que me enorgullece- aprendí a evaluar los hechos con distancia. En una oportunidad, ante una crisis, me solicitaron redactar un comunicado institucional. Lo entregué a un comandante particularmente inteligente (luego llegaría a ser un importante general), quien me señaló: “Está bueno tu comunicado, pero tiene un problema, da por hecho la versión de los carabineros. El carabinero que está en la calle tiene la tendencia a protegerse y proteger a sus compañeros. Es lo natural en un trabajo que requiere de camaradería. No los podemos condenar por eso. Pero tampoco podemos confiar ciegamente en la primera versión”. De eso hacen ya unos 20 años, y al parecer la inteligencia de antiguos oficiales no ha sido aprendizaje organizacional.

 

La impericia de la derecha sumada a la vergüenza de la izquierda están anulando la conducción de un fenómeno extremadamente complejo como es la corrupción y decaimiento del profesionalismo de las fuerzas armadas y de orden.

 

La crisis en Carabineros y en el Ejército es extremadamente grave para nuestro futuro. La corrupción del soldado que compra un arma para venderla a un narcotraficante y la de un carabinero que “protege” a una banda de ladrones nos hace perder la confianza en instituciones que tienen el monopolio de la fuerza. Es imposible que la corrupción administrativa de los altos mandos no se traspase a las líneas operativas. Si los altos mandos se coluden para robar la plata de pasajes y sueldos, no le podemos pedir a los “mandados” que no comiencen a considerar legítimo tomar “pequeñas ventajas”. Quizás por eso es usual que los narcos en las poblaciones llenen las guanteras con billetes: cuando Carabineros los controla, los narcos les dicen que busquen los papeles del auto en la guantera… van probando suerte. Dicen que en una guantera caben entre 10 y 20 millones de pesos. Esa es la presión corruptora a la que está sometido el personal que ve todos los días en la TV cómo sus generales se hacen ricos con malas artes.

 

Nuestra defensa nacional y nuestra seguridad interna corren riesgo serio de estar penetradas por la corrupción. Ya no podemos hablar de hechos aislados. El problema es real y la política no está dando respuestas adecuadas. La impericia de la derecha sumada a la vergüenza de la izquierda están anulando la conducción de un fenómeno extremadamente complejo como es la corrupción y decaimiento del profesionalismo de las fuerzas armadas y de orden.

 

En los días en que el General Director de Carabineros informaba al Ministro del Interior sobre las grabaciones del caso Catrillanca, tuve un encuentro social con asesores gubernamentales. El debate en esas horas era sobre la posible renuncia del Intendente Mayol y la defensa era que las autoridades de gobierno no podían hacer otra cosa que confiar en la policía. Comenté algunas historias que, conocidos los hechos, cobraron total actualidad. No es que sea adivino, simplemente las canas ayudan a recordar episodios que, de tan parecidos, se confunden. Si algún lector cree que la historia de Camilo Catrillanca es nueva, le recuerdo a Manuel Gutiérrez asesinado hace siete años. El ministro del Interior de la época, Rodrigo Hinzpeter, lo pasó mal. Carabineros descartó incluso haber realizado disparos y se negó a hacer una investigación interna, hasta que se develó que la bala que mató al joven había salido de una Uzi institucional.

 

El supuesto control civil de las instituciones armadas cuando la derecha está en el gobierno se entrega a los uniformados en retiro.

 

La centroderecha, lamentablemente, no entiende ni conoce a las instituciones armadas. No posee expertos ni se ha especializado. Por eso actúa con particular impericia y se entrega a los mandos militares y policiales. En el anterior gobierno de Sebastián Piñera, el Ministerio de Defensa fue controlado por un grupo de militares en retiro. Ahora lo controla un grupo de marinos en retiro. El supuesto control civil de las instituciones armadas cuando la derecha está en el gobierno se entrega a los uniformados “R”. Y las FF.AA. han demostrado estar unos 30 años atrasadas en sus criterios de transparencia, probidad y calidad de la gestión pública.

 

Por otro lado, en la centroizquierda, de la cual me siento parte, avanzamos poco en el control civil de los uniformados. “Debería darnos vergüenza”, me dijo hace unos días un destacado senador que confesaba con horror que las muertes de inocentes, los desfalcos y las investigaciones trucadas no son patrimonio de los gobiernos de derecha. En las redes sociales el listado de asesinatos no aclarados de jóvenes y de miembros del pueblo mapuche demuestran que estamos en una constante desde el retorno a la democracia. Lo mismo ocurre al revisar la prensa sobre las malas prácticas y la corrupción. La sensación de vergüenza recorre a parte importante de la centroizquierda sólo con nombrar a Bruno Villalobos, el general director que no fue destituido en el gobierno de Bachelet aunque la propia coalición lo clamaba en voz baja. “Los nuestros se acostumbraron a jugar a los soldaditos, con aviones, fragatas y helicópteros a su disposición”, me comentó el otro día un experto en defensa, añadiendo con cierto humor que “llevamos 30 años en que los civiles hacen como que mandan y los uniformados hacen como que obedecen”.

 

Quizás la gran posibilidad que tenemos es construir desde lo negativo. Reconocer que todos los sectores políticos han tenido evidentes déficits en su manejo con las instituciones armadas, no buscar ventajas de corto plazo y abogar por un golpe de timón real, una subordinación efectiva del poder militar y policial al poder democrático. Eso implica revisar el financiamiento, las leyes orgánicas y probablemente la Constitución. Vale la pena el esfuerzo. Al fin y al cabo, se trata de instituciones fundamentales para la República que sólo podremos proteger asegurando su probidad y calidad.

 

 

FOTO:HECTOR ANDRADE/AGENCIAUNO

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