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Publicado el 10 de septiembre, 2018

Luis Conejeros: El interesante primer paso de Cubillos

Periodista Luis Conejeros

Sacar a los violentos de los colegios es prioridad y la ministra Cubillos está dando una buena señal. Sin embargo se trata de chiquillos a los cuales no se puede dejar sin educación. La autoridad debe velar para que esos muchachos puedan reinsertarse de algún modo al sistema y puedan terminar su educación secundaria, obligatoria por ley.

Luis Conejeros Periodista
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El anuncio hecho por la ministra de Educación Marcela Cubillos en cuanto a enviar un proyecto de ley destinado a facilitar y acelerar los procesos de expulsión de alumnos de colegios que sean sorprendidos en actos de violencia contra los establecimientos y los docentes, parece ir en la dirección correcta y en acuerdo con el sentido común de la mayoría. Aunque se trate de chiquillos menores de edad, lo cierto es que un colegio no está capacitado para hacerse cargo de muchachos que se visten de overol, que tienen manejo de combustibles, bombas molotov y una serie de elementos de violencia.

 

Las personas vinculadas a temas de educación acumulan ya decenas de testimonios de profesores, personal asistente de la educación y directivos de colegios atemorizados y amenazados, que saben con certeza quiénes son los estudiantes que lideran las acciones de violencia, pero que están atrapados en marañas de burocracia y en procesos disciplinarios que están estructurados para resolver problemas académicos y no hechos delictuales o de violencia política.

 

Ningún colegio podrá impartir educación si sus docentes deben compartir sala con alumnos que les han amenazado a ellos y sus familias y que no quieren ni asisten a clases para aprender. Incluso, en no pocas oportunidades, los propios dirigentes de centros de alumnos o de organizaciones de apoderados no pueden ejercer su rol con libertad porque los violentos se han apoderado de los espacios y han amenazado con agresiones a quienes de buena fe han querido ejercer un rol dirigencial.

 

La pregunta es cómo hará la autoridad para reinsertar a estos jóvenes, sacarles el overol, quitarles la bencina y entregarles un lápiz y un cuaderno que realmente lleguen a usar para mejorar su futuro.

 

Un colega me comentaba cómo hace algunos años vio entre lágrimas a un presidente de centro de alumnos que confesaba a una autoridad municipal que no quería seguir en toma, que estaba cansado y agotado, que quería dormir en su casa, pero que lo tenían amenazado y que no podía salir del colegio. Le rogaba al alcalde que por favor pidiera el desalojo a Carabineros, pero que entendiera que como dirigente tendría que salir en los medios a condenar al alcalde. Si no lo hacía, los alumnos que de verdad dirigían la toma le aseguraban una buena golpiza (si no algo más grave) por “traicionar” el movimiento. El presidente de los alumnos vivía la toma obligado y desde la angustia.

 

En este contexto, sacar a los violentos de los colegios es prioridad y la ministra Cubillos está dando una buena señal. Habrá que ver el detalle del proyecto de ley, porque si en esto se ha avanzado poco es precisamente porque se trata de un tema complejo. La autoridad sabe que por más que se trate de conductas inaceptables, se trata también de chiquillos a los cuales no se puede dejar sin educación. La autoridad debe velar para que esos muchachos puedan reinsertarse de algún modo al sistema y puedan terminar su educación secundaria. No sólo es su derecho, sino que es obligatorio por ley que accedan a educación primaria y secundaria.

 

No se trata sólo de expulsar del sistema a quien está ejerciendo violencia, sino precisamente de poner recursos e inteligencia para que modifique su conducta y termine, al menos, sus estudios secundarios. Un primer paso puede ser efectivamente sacar estos elementos violentos que degradan todo el sistema de funcionamiento en los liceos. Terminar rápido con la angustia de maestros amenazados y comunidades violentadas. Pero inevitablemente deberá venir un segundo paso: cómo hará la autoridad para reinsertar a estos jóvenes, sacarles el overol, quitarles la bencina y entregarles un lápiz y un cuaderno que realmente lleguen a usar para mejorar su futuro. El primer paso hace sentido, habrá que ver si la autoridad ha pensado en el segundo.

 

FOTO:CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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