A un mes del plebiscito de salida que significó una derrota estrepitosa para el oficialismo y especialmente para el Presidente de la República, en La Moneda actúan como si nada hubiera ocurrido. Olvida el primer mandatario que fue él mismo el que convirtió el concurso electoral del 4 de septiembre en un referéndum sobre su gestión y quiso convertir aquel texto constitucional propuesto en el programa de su gobierno. Advertimos desde este mismo espacio que esta era una propuesta ambiciosa y audaz, y que, de ser rechazada, traería efectos sobre la gobernabilidad del país.

Yo era un niño cuando Salvador Allende pretendió gobernar Chile con una minoría, tratando de imponer un programa de reformas que no tenía el apoyo masivo de la ciudadanía y que se trató de imponer con creciente violencia. Sabemos el triste final que tuvo esa historia hace 50 años.

La extrema izquierda es una clara minoría en el país, y por tanto pretende casi siempre imponer por la violencia su ideología, sus programas y su modelo de sociedad. Espero que la ausencia de autocrítica sea superada por la principal coalición que sostiene al gobierno, Apruebo Dignidad.

Transversalmente, desde la centro izquierda democrática hasta la centro derecha, se busca iniciar un proceso de diálogo que siente los principios de un nuevo proceso constituyente, partiendo de uno básico: Chile es uno, con poderes independientes, y con respeto a nuestros emblemas patrios. Una vez acordados los llamados bordes vendrá el proceso de concentrarse en los contenidos, que apunte a una nueva constitución que tenga un sólido apoyo popular, y que permita en los próximos 40 años acercarse al desarrollo, con un modelo de sociedad que tenga un amplio respaldo ciudadano, en libertad y democracia.

Al respecto, durante su gira a Nueva York para participar en la Asamblea General de las Naciones Unidas, Boric se refirió principalmente a los sucesos políticos de los últimos años en nuestro país, culpando de aquellos, nuevamente, al modelo de desarrollo que nos condujo a la época más exitosa en los últimos 30 años. Mismo tono que usó el embajador en España, Javier Velasco, para referirse a las coaliciones que gobernaron al país en ese periodo.

En este viaje quedó reflejado el sesgo anti-inserción internacional de la extrema izquierda, que no podrá sostenerse en el mediano plazo como estrategia de desarrollo para nuestro país. La votación para la aprobación del TPP11 en el Senado marcará un hito, principalmente dada la presión que ejerce la extrema izquierda sobre el Presidente Boric para que retire el proyecto, en una actitud profundamente antidemocrática, y perjudicial para las empresas y personas en Chile.

Este conflicto sobre los tratados de integración, y que alcanzó también a una revisión de tratado con la Unión Europea, es particularmente grave porque ocurrió mientras el ministro de Hacienda desarrollaba importantes reuniones con inversionistas de ese país, quienes observaban atónitos la inconsistencia de estos planteamientos: queremos sus inversiones, pero no queremos TPP11.

Por su parte, la ministra de Relaciones Exteriores en un corto periodo de tiempo ha demostrado que no tiene las capacidades para detentar ese puesto y debería dar un paso al costado. La sensación que queda es que se trata de un gobierno incapaz de gobernar y que un mes después de una estrepitosa derrota, no han sido capaces de reconocerla.

La crisis económica continúa, con inflación proyectada sobre el 12% durante 2022, con creciente desaceleración de la economía. El primer campanazo de aquello sonará los primeros días de octubre, cuando el Banco Central reportará un Imacec negativo correspondiente al mes de agosto.

*Alejandro Alarcón es economista.

Deja un comentario

Cancelar la respuesta