A casi 50 años de que se diera a conocer el fallo Roe vs Wade de la Corte Suprema (CS) de Estados Unidos (EE.UU.), la discusión sobre el derecho al aborto sigue vigente a nivel mundial. Brevemente, ese fallo dictaminó que el derecho al aborto era un derecho Constitucional, amparado en el “derecho a la intimidad o a la privacidad”, reconociendo que la mujer puede decidir, libre e informadamente, si quiere o no continuar con la gestación.

Este mes de mayo se filtró un borrador de otra sentencia de la CS, referido al caso Dobbs v. Jackson Women’s Health Organization, el cual intenta revertir un fallo de la Corte de Mississippi, que prohibe el aborto libre después de las 15 semanas. Otros estados han fijado límites más estrechos (por ejemplo, Texas permite el aborto libre hasta la aparición del latido fetal, que corresponde a las 6 semanas) y otros lo permiten hasta la viabilidad fetal e incluso algunos no tienen límite alguno de edad gestacional, permitiendo la práctica del aborto luego del nacimiento parcial del feto. 

El derecho al aborto libre pone en tensión dos valores fundamentales: el derecho a la vida del no nacido vs el derecho de la embarazada para tomar decisiones autónomas. Como sucede cuando nos encontramos frente a un verdadero dilema ético, cualquiera de las alternativas que se elijan inevitablemente significará que otro valor es no considerado. Si privilegiamos la vida del no nacido, nos olvidamos de la embarazada; si solo atendemos a los deseos de la gestante, sacrificamos una vida humana que puede tener un futuro valioso. 

Pero este no es el único dilema moral relevante en relación al aborto libre. Menciono otros, que han sido menos discutidos, y que conviene tener en cuanta en relación a la propuesta de la Convención Constitucional de asegurar una interrupción del embarazo protegida, sin límite de edad gestacional.

  1. En países con aborto libre, se ha visto disminución significativa de los nacimientos de niños con ciertas condiciones genéticas o físicas que, a juicio de los padres, no asegurarían un buen comienzo en la vida. ¿Es posible que la misma sociedad que defiende los objetivos de inclusión de las personas con discapacidad como miembros totalmente iguales y participantes, promueva al mismo tiempo el aborto selectivo para impedir los nacimientos de los que viven con discapacidad? A mi juicio, una sociedad justa debiese apreciar y nutrir las vidas de todas las personas, independiente de las dotaciones particulares que reciben de la lotería natural.
  2. ¿Se permitirá a la gestante decidir abortar según el sexo del feto? En algunos países se ha tenido que regular expresamente este tema, porque se observó que nacían más niños de sexo masculino que los esperables por el azar reproductivo.
  3. ¿Se permitirá la interrupción del embarazo en cualquier momento de la edad gestacional y, de ser necesario, se realizará la extracción parcial del feto para luego darle muerte antes que nazca? Aunque esto último nos produce natural repulsión, ha sido práctica permitida en varios estados de EE.UU.

Desgraciadamente, en la discusión sobre el aborto libre, es casi imposible que en el dilema ético principal nos pongamos de acuerdo. Esto resta la posibilidad que hayan encuentros para debatir estos otros temas que también deben ser resueltos en cualquier propuesta legislativa.

*Sofía Salas Ibarra es académica del Centro de Bioética, Facultad de Medicina. Clínica Alemana Universidad del Desarrollo.

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