En un contexto donde avanza la penetración del crimen organizado, los homicidios aumentan y la violencia en el sur no se detiene, el retiro voluntario de 700 oficiales y suboficiales de Carabineros de Chile no sólo debiera preocupar, sino que más bien encender todas las alarmas. 

En ese concepto abstracto que es el Estado, la fuerza la concentran ciertas instituciones que nos protegen de las amenazas externas que vulneran nuestras fronteras, integridad territorial y soberanía, y de aquellas que alteran el orden público y ponen en riesgo el día a día de los ciudadanos. Esas instituciones no son muchas, pero de faltar alguna, la estabilidad del país podría quedar vulnerable. 

Una de ellas es Carabineros de Chile, que con su lema “Orden y Patria” encarna valores que le permiten hacer del sacrificio su emblema, parafraseando al himno institucional. Pero ¡vaya qué sacrificio! Enfrentar el peligro cada día para que todos podamos vivir en paz no es fácil. La generosidad y nobleza que hay detrás de esa labor rara vez se ve. Dejan a sus familias para servir a otros. Gracias, es lo que se me viene a la cabeza cuando pienso en todo lo que hacen por nosotros. Pero hoy esas “gracias” se ven lejanas. El espíritu que inspiraba a la institución parece quebrarse y el prestigio que los posicionó como la policía más confiable de América Latina es puesto en jaque. 

Incertidumbre institucional, exceso de carga laboral y amplia oferta en el mundo privado fueron algunas de las razones que se argumentaron para pedir ese retiro voluntario. Pero la verdad es que lo que hay detrás de esas renuncias es mucho más que esos simples motivos: la moral de la institución está golpeada.

Es cierto que el mundo privado es tentador, pero esas tentaciones no aparecieron de la noche a la mañana; pese a su existencia, había muchos que decidían ser carabineros. Si sólo fuera dinero, tal vez muchos de los que hoy son policías no lo serían. La vocación, el reconocimiento y la moral institucional en este caso pueden valer más que esas ofertas de privados.

El problema se presenta cuando quienes lideran al país proponen indultos para los que destruyeron zonas emblemáticas como Plaza Italia, cuando en momentos de campaña presidencial hablaban de reforma estructural y cuando hasta el mismo presidente en febrero de 2021 a través de twitter pedía “refundar Carabineros ahora”. Si a eso le sumamos el casi nulo reconocimiento de la ciudadanía hacia su labor, los insultos y golpes que reciben cada vez que acuden a una protesta, la tormenta es perfecta. La moral de la institución cae cada vez más.

Esos 700 son sólo un síntoma de algo más profundo. Las instituciones están formadas por personas y son reflejo de la sociedad. Pero, por ahí no pasa el asunto. Las instituciones no son sólo la sumatoria de personas que las integran. Las instituciones son valores, son principios, son un propósito, encarnan un espíritu inspirador a través del cual sirven a la patria. 

Por ese espíritu inspirador, dejemos de plantear propuestas que atacan los síntomas, volvamos a poner la nobleza y generosidad que inspira a Carabineros de Chile al centro. Sólo sanando el corazón, sanamos los demás órganos. 

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