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Publicado el 01 de junio, 2017

Lo que queda del día

Economista Luis Larraín
Lo que la Presidenta no dirá hoy ante el Congreso, pero que se revela como su verdadero objetivo, es que intentará dejar instalados en la administración pública la mayor cantidad posible de nuevos partidarios de aquí al fin de su mandato.
Luis Larraín Economista
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Hoy día la Presidenta Michelle Bachelet presentará su última Cuenta Pública frente al Congreso Nacional. Tradicionalmente esta cuenta, que hasta ahora se realizaba el 21 de mayo coincidiendo con el aniversario del combate naval de Iquique, ha sido una mezcla entre una cuenta propiamente tal y una serie de promesas sobre lo que el Gobierno realizará el año que viene.

En esta ocasión, por ser la última cuenta de su período y teniendo sólo nueve meses de gobierno por delante, se espera que la Presidenta dé un sello especial a su discurso. Mi apuesta es que desoyendo a analistas como Eugenio Tironi, que le propone una visión altruista que mire coincidencias con sus compatriotas, optará por lo que el mismo Tironi llama una visión egotista, que reafirme aquellos ejes de su acción de gobierno que han sido rechazados mayoritariamente por la ciudadanía y reivindique su cuestionada gestión.

La pretensión de la Presidenta de mostrar que ha cumplido sus promesas es irrisoria. Dijo que iba a crear 600.000 empleos y se han creado 300.000, de los cuáles un alto porcentaje son por cuenta propia y de jornada parcial, muchos de ellos en la calle. Dijo que la economía iba a crecer un 5% y lo hará al 1,8%, con suerte. Dijo que iba a construir 20 hospitales y lleva cinco. En fin, la lista sería muy larga.

La Presidenta culpará a la economía internacional, en circunstancias que ésta se encuentra en plena recuperación. Las cifras al respecto son lapidarias: antes de este Gobierno, en un período de 28 años, la economía chilena había crecido más que el mundo en 24 de esos años. En los cuatro años de esta administración de Bachelet, nuestro país crecerá menos que el mundo.

La Presidenta tratará de sortear esta incómoda realidad apelando a la épica. Dirá que sus transformaciones estructurales en materia de impuestos, educación y mercado laboral nos harán un país más inclusivo y que ello se reconocerá más adelante (hoy, en promedio, más de un 60% de la población se manifiesta contraria a sus reformas).

Luego vendrán las promesas. Prioridades legislativas, varias de las cuales serán un saludo a la bandera.

Lo que la Presidenta no dirá, pero que se revela como su verdadero objetivo, es que intentará dejar instalados en la administración pública la mayor cantidad posible de nuevos partidarios de aquí al fin de su mandato. Hay gran prisa por dejar funcionando las Universidades de O’Higgins y Aysén, que ya tienen aprobación legislativa.

Pero si uno revisa la agenda legislativa y las urgencias que les ha asignado el Ejecutivo a los proyectos, constata que están con suma urgencia el que regula la elección de gobernadores regionales, que significará la contratación de 156 nuevos funcionarios; el que fortalece el Servicio Nacional de Pesca, que aumentará su dotación en 35 nuevos cargos; el que crea una nueva institucionalidad al INE, que significará 45 nuevos cargos; el que crea la XVI Región de Ñuble, con 75 nuevos funcionarios; el que crea la Dirección de Concesiones del MOP, con 15 cargos; el que crea el Instituto de Desarrollo Sustentable de Pesca Artesanal, con 91 nuevos cargos; el que modifica el Sernac, con 434 funcionarios adicionales; y el que crea el Sistema Nacional de Emergencia, con 296 cargos adicionales. Es decir, cerca de 1.150 funcionarios, la mayoría de ellos con altos sueldos, serán contratados en los meses que vienen porque los proyectos catalogados con suma urgencia serán aprobados de todas maneras.

Pero eso no es todo. Si sumamos los proyectos que han sido clasificados con simple urgencia, o sin urgencia, entre los que destacan la creación de los dos servicios que reemplazarán las funciones del Sename, el número de nuevos cargos se eleva a 6.431.

Concluir con éxito la tramitación de estos proyectos será el objetivo primordial de lo que queda del Gobierno de Michelle Bachelet, que contra viento y marea persistirá en aumentar el tamaño del Estado, colocando en esas ubicaciones a la mayor cantidad de partidarios posibles. Revelara así cuál ha sido, en los hechos, el verdadero objetivo de la izquierda y de la Nueva Mayoría en nuestro país: capturar el aparato del Estado para favorecer a sus correligionarios y amigos. Lejos de la nobleza y la superioridad moral que pretenden los socialistas.

 

Luis Larraín, #ForoLíbero

 

 

FOTO: RODRIGO SÀENZ/AGENCIAUNO

 

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