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Publicado el 20 de diciembre, 2015

Lo más preocupante de la última encuesta CEP

Los resultados de la encuesta son demoledores: un tercio de la ciudadanía cree que la democracia en Chile funciona mal o muy mal, y solo una de cada diez cree que está funcionando bien. Esto claramente deja un peligroso espacio para los outsiders, los autoproclamados mesías.
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Con los resultados de la última encuesta CEP, demostramos que este gobierno ya está curado de espanto por los malos resultados de su aprobación ciudadana, por lo que las miradas fueron a otra situación más atractiva: cayó el rebelde muchacho de desordenados cabellos, el siempre candidato, el redentor Marco Enríquez-Ominami. La caída de nueve puntos porcentuales fue, sin duda, un golpe bajo para el representante del PRO, debido a que este puede ser el comienzo de una debacle que puede acabar con su nombre yendo por fuera de la Nueva Mayoría, y, en definitiva, concretarse en su tercera derrota consecutiva.

Pero el problema es otro. Enríquez-Ominami, aunque en su momento pudimos haberlo tachado de populista (de hecho, muchos lo hicimos), la verdad es que el sempiterno estertor del «progresismo» se ha ido cuadrando con la lógica de partidos y de alianzas propios de una democracia representativa de bien, aun cuando sus propuestas de campaña siempre han bordeado el populismo.

El problema latente es que, en paralelo con la debacle de la percepción ciudadana del funcionamiento de la democracia, nadie está ocupando el espacio disponible para concentrar la decepción. Sobre esto, los resultados de la encuesta son demoledores: un tercio de la ciudadanía cree que la democracia en Chile funciona mal o muy mal, y solo una de cada diez cree que está funcionando bien. Esto claramente deja un peligroso espacio para los outsiders, los autoproclamados mesías. Y Chile, a lo largo de la historia de su democracia veinteañera, ha demostrado que los outsiders existen: Francisco Javier Errázuriz en su momento, luego el desastre programático de Parisi, pasando por el mismo Enríquez-Ominami (obteniendo, no lo olvidemos, más del 20% de las preferencias en 2009). Este escenario se agrava considerando además que tres cuartos de la ciudadanía no se siente identificada con ninguna coalición.

¿Qué vendrá ahora? La pregunta es complicada. Siempre podría existir la sorpresa. Aunque nuestra cultura política hasta ahora no nos hace temer la irrupción de alguien como Fujimori en las elecciones generales de 1990 del Perú, en un ambiente de alta volatilidad y profunda desconfianza, no podemos predecir el comportamiento de la ciudadanía. Quizás, a futuro, personajes como Boric y Jackson aprovecharán los escombros democráticos de la desconfianza ciudadana. Esa es la puerta de entrada al populismo. Estemos atentos.

 

Jean Masoliver Aguirre, cientista político, Investigador Fundación para el Progreso.

 

 

FOTO: PABLO ROJAS MADARIAGA/AGENCIAUNO

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