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Publicado el 30 de marzo, 2015

Liderazgo e Instituciones

El liderazgo sin instituciones, deviene en caudillismo; así como las instituciones sin liderazgo devienen en simple burocracia.
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Nuestra sociedad vive un momento complejo, algunos lo han definido como la peor crisis desde el retorno a la democracia. Probablemente más en función de lo que se presume que va a ocurrir en las próximas semanas, que de lo que ha ocurrido hasta ahora. Suscribo esa apreciación, porque se han ido sucediendo una serie de hechos que, mirados en su conjunto, ponen en serio riesgo la estabilidad de nuestro sistema político.

Sin embargo, cuando ocurren las crisis estas tienen mucho más que ver con la incapacidad de quienes tienen la responsabilidad de enfrentar los problemas, que con la entidad de los acontecimientos que aparentemente las provocan. Ninguna sociedad está inmunizada contra la perversión del poder, los demagogos que exaltan la emocionalidad natural de la masa, o la simple incapacidad de procesar adecuadamente ciclos acelerados de crecimiento.

Estos son los momentos en que se ponen a prueba dos factores fundamentales: la solidez institucional y los liderazgos que conducen esas instituciones. Es prácticamente imposible pretender que se puede salir de una crisis importante apoyándose sólo en uno de los dos. El liderazgo sin instituciones, deviene en ese caudillismo tan latinoamericano que conocemos de sobra; así como las instituciones sin liderazgo devienen en la simple burocracia carente de sentido histórico y eficacia social.

Se cuenta que cuando el secretario personal de Churchill le informó que era un hecho que acababa de perder las elecciones -las primeras después de concluida la segunda guerra mundial- el primer ministro conservador habría exclamado algo así como: “bueno, para eso peleamos una guerra, para que los ingleses tuvieran el derecho de mandarme para la casa”. Liderazgo e instituciones.

Lo que hace augurar que estamos frente a la peor crisis de los últimos 30 años, no son los llamados casos Penta, SQM o Caval, sino que existe la percepción que no tenemos liderazgo, ni instituciones a la altura de enfrentar problemas de esta envergadura.

El derecho penal no está para resolver problemas sistémicos en las sociedades, sino todo lo contrario, es la llamada última ratio para enfrentar las desviaciones esencialmente excepcionales. Por eso cuando nos enfrentamos a que todo un sistema político había caminado hacia mecanismos de financiamiento irregular, la dimensión penal es sólo un síntoma y no la causa del problema.

Una sociedad con liderazgo e instituciones estaría enfrentando esas causas; en cambio una carente de tales atributos hace lo que estamos viendo, dejándole la resolución del problema al sistema penal, de forma tal que la conducción política delega en los fiscales aquello que es esencialmente propio del gobierno.

Las cosas son lo que son y no lo que las partes quieren que sean, dice un viejo aforismo jurídico, por eso es que hace semanas que vemos a los fiscales, y especialmente al fiscal Gajardo, en las páginas políticas y con la imagen propia de un actor político. No puede ser de otra manera, si ha terminado haciéndose cargo de un problema que es esencialmente político, que excede a la naturaleza de sus potestades y tanto la prensa, como los chilenos en general, lo intuyen, razón por la que lo tratan de acuerdo a la naturaleza de lo que está haciendo.

Pero ni los fiscales, ni el sistema de justicia están para resolver las crisis políticas. Entonces, es imposible esperar que en esa sede se resuelvan adecuadamente, sólo pueden agravarse. La justicia no es un fin en si misma, sino un medio para alcanzar el bien común. En las últimas semanas todos parece que olvidamos algo tan obvio, pero como eso nos lleva a pretender la sustitución de la jurisdicción por la política, hemos convertido las salas de los Tribunales en foros de debate parlamentario y a los fiscales en pretendidos líderes de cambio social.

Las señales que se reciben son decepcionantes, desde el Gobierno y el Parlamento se escuchan propuestas que van a incrementar las sanciones y a establecer una nueva forma de penas infamantes, mediante la pretendida creación de registros que estigmaticen al condenado.

Todo indica que cuando más necesitamos liderazgo e instituciones es cuando más estamos frente al gobierno para “la galería”. Si al populismo apelamos, populismo tendremos, esa es la verdadera crisis que se nos viene.

 

FOTO: AGENCIA UNO

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