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Publicado el 15 de diciembre, 2016

Lecciones de una polémica inflable

Doctor en Comunicación Pública, Facultad de Comunicaciones UDD Alberto López-Hermida
El escandalillo por la muñeca de Asexma demuestra la urgencia que existe en nuestro país por elevar el tono del discurso público y privado.
Alberto López-Hermida Doctor en Comunicación Pública, Facultad de Comunicaciones UDD
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Ha sido el “tema país” de las últimas horas, destacado por los portales noticiosos y en las redes sociales, lo que en primer lugar deja nuevamente al debe al trabajo acucioso de los medios de comunicación, como también demuestra, una vez más, que la discusión en redes sociales siempre estará dominada por lo emocional y lo políticamente correcto. Sin embargo, la muñecagate de la Asexma puede dejarnos ciertas lecciones. Veamos sólo tres.

En primer lugar, hay que reconocer que algunos de los involucrados pidieron públicamente perdón y aunque cueste reconocerlo –¡claro que cuesta!– es algo que pocas veces hemos visto de manera tan solícita en el entorno empresarial y político local. ¿O tenemos que recordar las gelatinosas y escurridizas “disculpas” en torno al caso Caval?

Y precisamente porque pedir perdón público es difícil, los afectados caen inevitablemente en la tentación de matizar la falta cometida. Por un lado, el ministro de Economía Luis Felipe Céspedes, comentó a través de la cuenta de Twitter de su cartera (intrincada estrategia comunicacional, por cierto) que “fue sorprendido”, mientras el presidente de la Asexma, Roberto Fantuzzi, acusó que “a veces nos quedamos con la parte negativa” y, tras argumentar que él es de otra generación, apuntó a que “los jóvenes tienen otra percepción de los hechos”, queriendo decir, básicamente, que la polémica es propia de los millenials y que, en otra época, el evento hubiera pasado inadvertido.

Semejante posición confirma por qué las primeras disculpas fueron hechas por Twitter, y sólo al ver el volumen de la polémica en la realidad, los involucrados decidieron disculparse fuera del mundo digital. Un perdón que se mide en virtud de la reacción a la falta cometida y no por la gravedad del fallo mismo.

Es casi patológica esa fascinación que tenemos en Chile por maquillar la falta luego de pedir perdón, cuando en verdad éste, si es sincero, no tiene ningún añadido. Perdón y ya. Inevitablemente, asoma como envidiable la costumbre oriental de políticos y empresarios de pedir perdón con una inclinación de la cabeza ante todo el país. Lo acabamos de ver en Corea del Sur con la larga reverencia hecha por la Presidenta Park Geun-hye luego de presentar su renuncia por severos escándalos.

En segundo lugar, es importante no dejar pasar el hecho de que en la imagen ya tan viralizada se encuentran siete hombres sonrientes recibiendo distintos regalos en la curiosa tradición del gremio de exportadores. Otro ministro de Estado y dos aspirantes a la Presidencia del país también posaron sonrientes ante las cámaras. Si bien ellos no participaron directamente de la broma, sí aparecen sonrientes en el entorno.

Chile merece dirigentes que no se excusen por sentirse “sorprendidos”, sino líderes que reaccionen con celeridad cuando cometen un error. Hasta el momento, el ministro de Energía, Andrés Rebolledo, y los precandidatos José Miguel Insulza y Alejandro Guillier sólo figuran en la polémica con sus mejores sonrisas.

Por último y en tercer lugar, este “escandalillo”, que será seguramente olvidado en pocas horas, demuestra la urgencia que existe en nuestro país por elevar el tono del discurso público y privado. Cada vez que se plantea esto se critica pensando que se aspira a un comportamiento rococó y sofisticado, cuando no es así. El tono pasa, por ejemplo, por no refugiarnos en el discurso estrictamente ideológico y, en ese sentido, este caso es paradigmático.

El problema de la broma de la Asexma es previa a toda ideología feminista: es, sin más, una conducta cavernícola que exige las disculpas ya entregadas. Por lo mismo, hace tiempo que varios grupos vienen insistiendo en que ministerios como el de La Mujer se han concentrado únicamente en inyectar ideología en distintas instancias públicas, más que en generar un ambiente de respeto para todos.

El tono de la publicidad de algunas compañías y la cosificación de la mujer en eventos como la Vedetón no tienen ninguna resonancia en instancias oficiales. Las autoridades parecen más preocupadas de decir en todo momento “chilenos y chilenas” que en conductores de televisión que manosean física y verbalmente a mujeres semidesnudas.

En fin, tres lecciones que vale la pena cristalizar luego de una polémica que tendrá sus 15 minutos de fama.

 

Alberto López-Hermida, Doctor en Comunicación Pública y académico UAndes

 

 

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