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Publicado el 27 de junio, 2015

Laudato si’: un llamado también a superar la pobreza energética

El Papa nos invita a un debate honesto y transparente, sin imponer una verdad absoluta, respecto de los efectos del calentamiento global.
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Hace unos días el Papa Francisco, en una nueva encíclica, abordó variados temas como la dignidad humana, el crecimiento de las ciudades, el acceso al agua potable y la energía, realizando un llamado a personas de todos los credos religiosos a superar la pobreza manteniendo un equilibrio entre desarrollo humano y cuidado del medio ambiente. Las cifras de Organización Mundial de la Salud (2012) evidencian este problema: existen 2.610 millones de personas sin acceso a servicios sanitarios y 1.310 millones sin acceso a electricidad. Además, debido a la falta de adecuadas condiciones de saneamiento e higiene mueren más de 3 millones de personas anualmente, en su mayoría niños pequeños.

El Papa nos invita a un debate honesto y transparente, sin imponer una verdad absoluta, respecto de los efectos del calentamiento global. Nos plantea un balance entre ecología y antropología, pues preocupa tanto la postura de mantener intacta la integridad de la naturaleza, sin considerar el desarrollo humano, como la contraria, en donde la naturaleza pasa a ser un recurso más.

En su encíclica nos señala que las metas globales de reducción de emisiones podrían imponer metas similares tanto a países desarrollados como a países de menores recursos, lo cual podría ser muy difícil de alcanzar para estos últimos, todo lo cual contribuiría a un tipo de injusticia que limitaría sus capacidades para superar la pobreza. Esto podría ser evitado si se consideran responsabilidades diferenciadas en la reducción de emisiones según el nivel de desarrollo de los países.

Al referirse al uso de combustibles fósiles, el Papa nos señala que si bien se busca propender a su sustitución, es legítimo que en la espera de un desarrollo amplio de las tecnologías de energías renovables se opte por continuar su uso como solución en la vía de la adaptación al cambio climático y en la superación de la pobreza. Reconoce que se deben desarrollar formas menos contaminantes de energía a nivel mundial, para lo cual se necesita la solidaridad de los países que crecieron y se desarrollaron emitiendo carbono con los que aún están en vías de desarrollo. Esta ayuda debería orientarse a la adopción de nuevas tecnologías de energía, asistencia técnica y ayuda financiera.

Su Santidad nos llama a comprender que el desarrollo de los grupos humanos no es sólo un problema global, sino también local, donde las políticas públicas tienen un rol fundamental: deben ser eficaces en su aplicación, orientadas a favorecer el aumento de la productividad industrial, el uso eficiente de energía, agua, materias primas, la gestión del transporte y la construcción de edificios de bajo consumo. Todas estas acciones permiten reducir las emisiones y mejorar la calidad de vida de la población, siendo indispensable la continuidad de estas políticas con una mirada a largo plazo, que trascienda a los cambios de gobierno, para eliminar incertidumbres y no limitar el crecimiento.

Finalmente, el Papa nos invita a abandonar la idea de “intervención al medio ambiente”, para dar lugar a políticas pensadas y debatidas por todas las partes interesadas y adecuadamente informadas de los riesgos y de las posibilidades reales que nos ofrecen. Así, evitaremos caer en la oposición a cualquier innovación tecnológica solo porque impacte el medioambiente, sin considerar cómo ésta puede influir en mejorar la calidad de vida de la población, que es diferente a exigir que se mantenga un equilibrio entre crecimiento y medio ambiente.

Por otra parte, días antes de la publicación de la encíclica Papal, el G7 manifestó públicamente su compromiso de realizar acciones propias para alcanzar una economía global baja en emisiones de carbono. Confirmaron su compromiso de aportar 100 mil millones de dólares al año 2020 en recursos públicos y privados para promover acciones efectivas de mitigación de emisiones de carbono. Se comprometen también a apoyar a los países en desarrollo en la reducción de emisiones de carbono con miras a superar la pobreza energética.

El mensaje del Papa nos invita a promover y adoptar medidas de mitigación y adaptación al cambio climático que sean efectivas en la superación de la pobreza. Ciertamente estas decisiones se deben sustentar en buenos modelos predictivos del cambio climático. Existen modelos que datan de 1988 (Hansen et al), cuyo desempeño ha sido evaluado por J. Christy (2014) y Fyfe et al. (2014), concluyendo que los pronósticos presentan grandes variaciones entre ellos y que al compararlos con los valores reales también se observan desviaciones relevantes que están sobrestimando efectos en forma relevante. Por otro lado, el profesor Richard Tol de la Universidad de Sussex efectuó un análisis de los costos y beneficios que generan una serie de medidas que han sido propuestas para la mitigación y adaptación al cambio climático (2010), las que clasificó en aquellas que son graduales y reducen emisiones a bajo costo y aquellas que buscan resultados ambiciosos a corto plazo, concluyendo que estas últimas son varios órdenes de magnitud más caras y con efectos netos negativos para la humanidad. Así, es imperativo que el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) genere un modelo predictivo único convocando a todos los expertos, que reporte anualmente su desempeño e incorpore mejoramiento continuo del mismo y defina metodologías consensuadas de evaluación de medidas de mitigación, pues las decisiones de políticas públicas que se adopten en base a sus conclusiones, afectan la meta de superación de la pobreza en el mundo.

Con miras a la COP 21, será relevante que además de analizar el comportamiento de los modelos predictivos, con una rigurosa comparación de sus pronósticos con la realidad observada, se trabaje para implementar medidas de mitigación y adaptación costo-efectivas, que sean rentables socialmente, las que hasta ahora no han mostrado buen desempeño costo-beneficio.

Efectivamente, tomando el llamado a un debate honesto, transparente y sin exclusiones, las múltiples proposiciones que hace parte del mundo científico sobre las acciones globales para mitigar el cambio climático, requieren hacerse cargo del sabio mensaje del Papa Francisco, con proposiciones de políticas públicas que responsablemente transparenten los costos y beneficios para la humanidad y que se implementen aquellas que impliquen beneficios netos.

De igual manera, el mensaje de Su Santidad nos orienta a enfocar el desarrollo energético de Chile con miras a superar la pobreza que aún subsiste en parte de nuestra población, debiendo realizar un esfuerzo por definir políticas coherentes con nuestra realidad de país. En este proceso, debemos enfocar recursos hacia la investigación aplicada para adoptar las mejores soluciones tecnológicas que nos permitan utilizar eficientemente todas las fuentes de energía de las que dispone Chile, sin exclusiones, y que nos permita superar efectivamente la pobreza, teniendo siempre presente “el balance entre antropología y ecología”.

Juan Carlos Olmedo, Prof. Magister Economía Energética, UTFSM.

FOTO:DYN/RODOLFO PEZZONI/ENVIADO ESPECIAL.

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