Las primarias legales efectuadas el domingo 18 de julio marcan un antes y un después en el itinerario político que conduce a la renovación de autoridades presidencial y parlamentarias el 21 de noviembre de este año. Los resultados obtenidos, que demostraron un profundo error de los vaticinios de las encuestas en cuanto a quiénes serían los vencedores en sus respectivas coaliciones, reflejan la debilidad de esos instrumentos en su capacidad predictiva.

Sin embargo, el cuadro político cambió, mostrando que la ciudadanía votó por la moderación, especialmente por la estrepitosa derrota del candidato del PC, Daniel Jadue. La búsqueda del centro político se ha convertido en la clave del desenlace presidencial y probablemente también de la constitución del Congreso que será elegido en esa fecha.

Los dos ganadores, Boric y Sichel, enfrentarán desafíos desde la extrema izquierda, como la Lista del Pueblo que comienza a inclinarse hacia retirar el apoyo a Boric y más bien tener un candidato propio, el que también será apoyado por el PC, versus el apoyo del FA y PS (o una parte de aquel) por Boric.

La centro derecha luce más ordenada después de la primaria, pero tendrá que enfrentar también en la primera vuelta el desafío de José Antonio Kast, quien acumula un volumen de apoyo no menor en la derecha. El riesgo para ese sector es que esa fragmentación la conduzca a tener solo un rol dirimente en la segunda vuelta presidencial entre la candidata de la centro izquierda y la izquierda extrema.

Yasna Provoste fue proclamada como la candidata presidencial de la DC, sin embargo, aún no sabemos cuál será el mecanismo de competencia en la Unidad Constituyente, ni tampoco cuál será el argumento para permanecer en su cargo de presidente del Senado, que es de carácter institucional. Tampoco sabemos cómo la ciudadanía ponderará su aparición para convertirse en una tercera fuerza en disputa de los votos que la conduzcan eventualmente a la segunda vuelta. Tenemos la sensación que ella llega con algo de atraso a la disputa electoral, que su no presentación a primarias legales y la falta de acuerdo con sus socios de otros partidos de la centro izquierda conspirarán con sus posibilidades electorales. Los voceros de su campaña han indicado en su lanzamiento de candidata presidencial su irrestricto rechazo a la violencia y a una agenda de reformas sociales. Algo que creemos clave para la estabilidad política del país y la necesidad de reactivación de la economía, la creación de empleos de calidad, reclamada por millones de chilenos empobrecidos por la pandemia, las restricciones sanitarias y el clima de crispación que recorre el país desde octubre 2019.

Asimismo, los sucesos de la Araucanía reclaman urgente solución. Cientos, tal vez de miles de ciudadanos viven con temor ahí, sabiendo que pueden ser atacados, ante la mirada impávida de las autoridades. Sabemos que en la Araucanía viven unos 300.000 mapuches, pero los que están provocando esta tragedia son una minoría de aquel número, la cual actúa con impunidad, recibe financiamiento del llamado negocio de la madera robada y del narcotráfico y, tal vez, tiene amenazados a cientos de miles de ciudadanos que viven en la zona. Si las autoridades elegidas democráticamente por millones de chilenos no actúan pronto para detener esta barbarie, habrá consecuencias extremadamente graves.

En el plano económico, resalta el ajuste en la tasa de política monetaria, un alza de 25 puntos básicos. Una magnitud pequeña, pero que se encuentra concatenada con otras que vendrán antes que termine este año. Estoy de acuerdo con la decisión del instituto emisor. En este mismo espacio dijimos, semanas atrás, que la trayectoria de la inflación esperada se acercaba al límite superior de la banda, un 4%, y que probablemente iba a perforar ese límite, durante el primer trimestre de 2022.

Se equivocan aquellos que piensan que la decisión del Banco Central se debe a un «calentamiento» de la economía. Creemos que esta trayectoria está inducida por el alza del precio de petróleo en los mercados internacionales y por expectativas de una devaluación del peso, mayor a la que se había calculado inicialmente, y tal vez a una respuesta lenta del aparato productivo por la crisis inducida por la pandemia. Por último, por la inestabilidad política que sufre el país desde octubre 2019.

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