Además de reconocer públicamente los incuestionables méritos de los criticados 30 años de la democracia chilena pre estallido social, el Presidente Gabriel Boric parece estar plenamente consciente de que, a menos que los responsables de esos 30 años le brinden su decidido apoyo, el proyecto de nueva constitución en el que ha puesto todos los huevos de su proyecto presidencial tiene nula posibilidad de éxito. La buena noticia es que los ímpetus refundacionales se han desvanecido ante la cruel realidad de que nadie puede avanzar sin aprender del pasado. La mala noticia es que, de ser aprobada la nueva constitución, los próximos 30 años bien pudiéramos dedicarlos a intentar recuperar el sendero de crecimiento sostenido y crecientemente inclusivo que caracterizaron a las que fueron las mejores tres décadas del país en su historia democrática. 

En una reunión realizada ayer con el expresidente Ricardo Lagos, Boric reconoció que en los treinta vilipendiados años de democracia entre 1990 y 2019 hubo muchos avances y que el país no empezó ni en 2011 ni en 2019. La frase de Boric contrasta profundamente con la actitud dominante en su coalición, el Frente Amplio, bastante más crítica de ese periodo en la historia chilena. El propio Boric hizo carrera política a partir de sus desmedidamente duras críticas sobre ese periodo. 

Es cierto que Boric tiene una especial facilidad para hacer duras críticas y después moderar sus dichos. Recordemos que en la campaña presidencial le advirtió a Piñera en duros términos: “Señor Piñera, está avisado, se le va a perseguir por las graves violaciones a los DD.HH. cometidas bajo su mandato». Después de asumir la presidencia, ha dejado en claro que no tiene interés en perseguir a Piñera por lo que el Boric candidato consideraba graves violaciones a los derechos humanos. 

Pero la postura crítica de Boric y del Frente Amplio en general con los 30 años de la República Concertacionista fueron especialmente notorias. Es más, son elementos constitutivos de la narrativa frenteamplista. Por eso, para muchos parece sorpresivo que el Presidente Boric ahora se esmere tanto en destacar los incuestionables logros del periodo presidencial de Lagos y, en general, de los gobiernos de la Concertación. 

Como en política la necesidad también tiene cara de hereje, hay razones coyunturales que posiblemente llevan a Boric a esta conversión al concertacionismo. Ante la compleja campaña para la aprobación del texto constitucional que se viene encima, Boric entiende que necesita del apoyo activo y comprometido del mundo concertacionista para que el Apruebo logre la victoria el 4 de septiembre. Sin la presencia de la Concertación, el mundo del Apruebo aparece como demasiado radical para atraer a las mayorías que se requieren para aprobar el texto. 

Como la convención constitucional se ha convertido en su propio peor enemigo —y sus torpes acciones parecen buscar alimentar el caudal de votos hacia el Rechazo— el Presidente Boric parece decidido a tomar el control de la campaña del Apruebo y convertir una posible victoria el 4 de septiembre en una plataforma para relanzar su propio cuatrienio. 

Hay buenas razones para querer convertirse en el salvador de la nueva constitución. Primero, el gobierno de Boric ha tenido más errores que aciertos en sus primeros 100 días. La alta inflación, la delincuencia y la falta de liderazgo del gabinete lo han convertido en el presidente más impopular en su primer año de gobierno desde el retorno de la democracia. Boric necesita una movida magistral que le permita reiniciar su gobierno. La victoria del Apruebo es una inmejorable oportunidad para dejar atrás estos decepcionantes primeros meses.

Pero Boric también sabe que la implementación de su programa de gobierno depende de una victoria del Apruebo. Si gana el Rechazo, la agenda por los próximos años será dominada por las reformas a la constitución actual. Boric pasará a ser un personaje secundario y el Congreso se convertirá en el centro de la actividad política. En cambio, si gana el Apruebo, el gobierno tendrá un marco institucional favorable para impulsar su ambiciosa agenda transformadora. 

Por eso, aunque parezca irónico, para poder avanzar con su agenda de reformas que sepulten el legado de los 30 años de la República Concertacionista, el Presidente Boric necesita que los líderes y rostros de la propia Concertación vayan a su rescate y le ayuden a convencer a un número suficiente de chilenos que la nueva constitución propuesta por la convención constitucional es el mejor camino para construir ese Chile más justo y con más oportunidades que de forma lenta pero segura fue dibujándose en esos 30 años. Está por verse si una mayoría de los chilenos se comprará ese argumento, pero hoy por hoy, la única vía posible para la victoria del Apruebo el 4 de septiembre pasa porque líderes como Ricardo Lagos y otros moderados concertacionistas salgan a hacer campaña para convencer a los indecisos. 

La participación de Lagos y otros próceres concertacionistas pudieran no ser suficientes para reducir las fundadas dudas que muchos tienen sobre los méritos de la nueva constitución. Pero si la Concertación se suma de lleno a la campaña del Apruebo, las chances de que tengamos nueva constitución el 4 de septiembre aumentan considerablemente. 

*Patricio Navia es sociólogo, analista político y profesor de la UDP.

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