Después de haber recibido un 25,8% de la votación en la primera vuelta de la elección presidencial de 2021, Gabriel Boric ganó cómodamente la segunda vuelta con un 55,9% y con la tasa de participación más alta desde la adopción del voto voluntario. A 40 días de asumir la presidencia, la aprobación a Boric parece converger más hacia su apoyo en primera vuelta que hacia la votación que recibió después. El presidente ha enviado señales confusas sobre si será el mandatario moderado y pragmático que prometió ser en la campaña de segunda vuelta o el radical irreflexivo de la campaña de primera. Pero la opinión pública parece comenzar a hacerse la idea de que Boric se parece más al candidato que vimos en primera vuelta y, consecuentemente, su aprobación presidencial parece indicar que los chilenos reconocen más al Boric de primera vuelta que al Boric de segunda vuelta en La Moneda. 

La rápida caída en la aprobación presidencial de Gabriel Boric comprensiblemente ha generado un debate sobre las causas de ese problema para el gobierno que acaba de cumplir su primer mes en el poder. Sin duda, uno de los problemas evidentes es que Boric, después de todo, llegó a la presidencia en buena medida porque la alternativa, José Antonio Kast, generaba mucho más rechazo. Boric nunca fue la primera opción de una mayoría de los votantes. Es más, Boric es el presidente que menos votación obtuvo en primera vuelta desde enero de 2000, cuando se produjo por primera vez una segunda vuelta presidencial en Chile. 

Pero lo que sin duda puede ser un problema, también pudo ser una oportunidad para Boric. Al haberse enfrentado a un candidato tan polarizador con José Antonio Kast, Boric pudo haber ido a la conquista de los votantes moderados que, como quedó claro en la votación de segunda vuelta, le dieron una oportunidad para que demostrara que podía ser el presidente de todos los chilenos. 

Aunque es improbable que el presidente chileno se ponga corbata, parece evidente que pronto sentirá la presión por dar señales más claras de que entiende la importancia y significancia del cargo.

A un mes de iniciado el gobierno, Boric ha tropezado demasiadas veces. Las encuestas muestran un claro descontento con la forma en que el joven presidente está gobernando. Como el descontento ha aumentado con tanta rapidez, lo que le está ocurriendo a Boric se parece un poco a lo que le pasó a otro presidente de la región que también llegó al poder más por la impopularidad de su rival que por la confianza que la gente había depositado en él. El inexperimentado líder social peruano Pedro Castillo asumió la presidencia del Perú en julio de 2021. Al cabo de un par de meses, una seguidilla de errores y desórdenes en el nombramiento de su gabinete, sumado a su desprolijo estilo de liderazgo, hundieron a Castillo en un pozo de desaprobación del que no ha podido todavía salir. Para fortuna de Castillo, ni la oposición derechista ni el fragmentado centro político —tampoco, por cierto, la izquierda caviar— tienen alternativas de liderazgo presidencial, por lo que ha seguido en la presidencia, aunque su gobierno está demostrando ser muy poco efectivo.

Si se llega a instalar la idea de que Boric no tiene dedos para el piano, va a resultar muy difícil que se recupere su aprobación

Con todos sus problemas, Boric no ha tropezado tantas veces como Castillo, pero hay similitudes entre el presidente chileno y el mandatario peruano. Boric nombró a una ministra del Interior que ha equivocado en demasiadas ocasiones y que ya falló en su intento por convertirse en una jefa de gabinete empoderada. A su vez, igual que Castillo, Boric nombró a un ministro de Hacienda (Economía y Finanzas en el Perú) que da tranquilidad a los mercados, pero que no tocaba al mismo tono que el resto de la orquesta. En Chile, la primera gran desafinación de Marcel estuvo en su tenaz oposición a un quinto retiro de los fondos de pensiones que sorpresivamente se transformó en una propuesta alternativa de retiro de fondos de pensiones —más acotada, pero igual a favor de mantener la seguidilla de retiros. 

En Perú, Castillo parecía no querer sacarse el sombrero blanco hasta que finalmente cedió. En Chile, Boric ha insistido en no usar corbata, ni siquiera en su primera gira internacional. Aunque es improbable que el presidente chileno se ponga corbata, parece evidente que pronto sentirá la presión por dar señales más claras de que entiende la importancia y significancia del cargo. Por ejemplo, es improbable que vuelva a intentar promover el diálogo en una actividad en terreno diciéndole “socia, ¿quieres conversar?” a una mujer que lo increpe públicamente. 

Aunque hay diferencias evidentes entre Pedro Castillo y Gabriel Boric, los dos presidentes vieron caer muy rápidamente su aprobación. Si bien en Perú ha sido más común tener presidentes impopulares, la historia en Chile muestra que cuando un presidente es impopular, le resulta más difícil avanzar su agenda legislativa y los parlamentarios comienzan a ponerse crecientemente más críticos de las acciones y prioridades del gobierno. Por eso, la posible Pedro Castillización de Gabriel Boric debiera ser un tema de máxima preocupación para el gobierno. Si se llega a instalar la idea de que Boric no tiene dedos para el piano, va a resultar muy difícil que se recupere su aprobación y, por consiguiente, la agenda de reformas del presidente se va a terminar diluyendo en un gobierno que estará marcado más por errores y desaciertos que por logros y avances.

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*Patricio Navia es sociólogo, cientista político y académico UDP.

Patricio Navia

Sociólogo, cientista político y académico UDP.

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