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Publicado el 04 de diciembre, 2015

La maldita primavera

La consigna de la gratuidad, relaciones exteriores con doble estándar, cargos sin nombramientos; son parte de las escenas que protagoniza el gobierno en esta época del año.
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Los 21 meses de mandato de Michelle Bachelet han sido un continuo de malas reformas, marcadas por la consigna y la improvisación; ostensibles señales de retroceso para Chile, conflictos, ineptitud, etc. Pero nunca como en estas últimas semanas el gobierno y la izquierda se han mostrado en todo su esplendor: escandalosamente ideologizados, sin pudor por el doble estándar y muy poco talentosos para administrar los recursos públicos, producto no de las buenas ideas de los asesores del Ministerio de Hacienda, sino del esfuerzo y constancia de millones de contribuyentes.

Vamos con tres escenas de esta extraña primavera.

La consigna de la gratuidad. Más que una política de justicia, que garantice el acceso y la permanencia en la educación superior a los jóvenes vulnerables y de clase media, los propósitos del gobierno son otros. Si el año pasado la reforma educacional no buscaba garantizar calidad, sino ahorcar a los colegios particulares subvencionados, el turno ahora es para las universidades privadas, los institutos profesionales y los centros de formación técnica (CFT).

El objetivo es terminar con el sistema de becas, que pasó a la lista de malas palabras (“lucro”, “privado”, “subsidiario”, “consenso” y “acuerdo”), reemplazándolo por la gratuidad. Cuál es la diferencia, se preguntará usted, si en el fondo cumplen la misma finalidad: permitir que el alumno estudie una carrera en la educación superior e impedir que la falta de recursos ponga una lápida a sus legítimas aspiraciones de progreso. La beca se entrega al alumno, de acuerdo a su mérito académico y vulnerabilidad y es él quien decide en qué institución se va a matricular (instituciones, desde luego, acreditadas). La gratuidad, en cambio, no exige mérito académico y los recursos se entregan a las instituciones, excluyéndose a prácticamente todas las privadas, institutos profesionales y CFT.

Cuando se terminan las becas, se terminan dos resabios neoliberales que la izquierda detesta: el especio de elección del alumno y la promoción del mérito. Y, a cambio, se inicia la era de la gratuidad, cuya tutela se entrega exclusivamente a las universidades públicas (algunos mal hablados insinúan la intensión de un sector por recuperar la influencia en la formación de generaciones de profesionales, algo cercano al “lavado de cerebro”, una expresión que me aterra porque se asemeja a las películas de terror, prefiero asilarme en mi ingenuidad de provinciana, de la que me siento sumamente orgullosa).

Relaciones exteriores con doble estándar. A Lilian Tintori, la mujer de Leopoldo López, el líder de la oposición en Venezuela al que Maduro condenó a 13 años de cárcel manipulando pruebas truchas (tal como confesó hace poco Franklin Nieves, el fiscal que llevó el caso), la Presidenta Bachelet le dio con la puerta de La Moneda en las narices, cuando en abril pasado le pidió un audiencia. Lilian apelaba al famoso liderazgo internacional de nuestra Mandataria, convencida que tendría con su marido la misma sensibilidad que había mostrado por los Derechos Humanos en otras causas.

Curiosamente ahora, una semana antes de la probable derrota de Maduro en las elecciones parlamentarias del próximo domingo, la Cancillería cambia de estrategia y manda un mensaje de solidaridad a Tintori, después de 21 meses de silencio cómplice y después de que López es un reo rematado, condenado a 13 años por un delito que no cometió.

Un giro parecido hizo el gobierno cuando, tres semanas después de que la Presidenta Bachelet llamara por teléfono al candidato del kirchnerismo, Daniel Scioli, para desearle éxito en la primera vuelta de las elecciones presidenciales argentinas, Macri se quedaba con la corona. Entendemos que las relaciones entre Chile y el país con quien más kilómetros de frontera comparte, evidentemente, están muy por sobre la política contingente y que gane A, B o C, lo inteligente es estrechar al máximo los espacios de encuentro y cooperación.

Lo que sorprende es la frescura con la que la misma noche del balotaje varios parlamentarios de la Nueva Mayoría, que dos semanas antes trataban a Macri de millonario (pecado capital) y de neoliberal (pecado mortal) se abrazaban en Twitter por la alegría de su triunfo. Y la falta de pudor del oficialismo para filtrar por aquí y por allá la amistad de sus ministros con el entorno de quien era hasta entonces un adversario político. Vamos a dejar para una columna veraniega la versatilidad magnifica de la DC, que mientras integra una coalición política con el Partido Comunista en Chile, se convierte en centro derecha en el momento exacto en el que pone un pie en el extranjero.

Entre la ineptitud y la indiferencia. Chile cumple ya ocho meses sin contralor general, la cuarta autoridad de la República, cuyo rol es, ni más ni menos, que controlar la legalidad de los actos de la administración pública. El gobierno no puede alegar que la oposición rechazó al único candidato que se ha propuesto en el Senado, porque sabe bien que fue en abril de este año cuando la Presidenta Bachelet debió tener el tema ya resuelto, evitándose el papelón de mantener un cargo de esa envergadura vacante por casi un año.

El gobierno cumplirá, además, un mes sin subsecretario de Redes Asistenciales, tras la renuncia la primera semana de noviembre de Angélica Verdugo. Si el cargo les parece irrelevante y las tareas pueden ser ejecutadas por otra autoridad, que lo digan, pero nunca antes en Chile pasaron semanas con sillas del gabinete vacías (el año pasado la Presidenta se tomó un mes para reemplazar a la ministra de Salud), una señal de indiferencia por el trabajo que esas autoridades cumplen y, mucho peor todavía, por los millones de chilenos cuya calidad de vida depende de sus resultados.

 

Isabel Plá, @isabelpla, Fundación Avanza Chile.

 

FOTO: CRISTÓBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO

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