Hace cinco meses, el hoy Presidente Gabriel Boric y varios de sus ministros eran parte activa de una campaña por conseguir votos por el cuarto retiro de las AFP (Boric y Jackson interrumpieron su permiso sin goce de sueldo para ir a aprobarlo). Sin embargo, hoy, en circunstancias económicas muy semejantes, el mismo Boric señaló que tal medida sería “pan para hoy y hambre para mañana”. Como Gobierno montaron una tremenda operación, proyecto de ley incluído, para evitar la aprobación del quinto retiro. Esta “voltereta” de opinión no es un acto aislado en la gimnástica política chilena, y así podríamos enumerar decenas de abruptos cambios de parecer en nuestros representantes cuando pasan de ser oposición a ser Gobierno. 

Las “volteretas” vienen sucediendo en forma reiterada en nuestro país. Muchos han tratado de naturalizarlas, escudándose en excusas del tipo “es propio del nuevo rol”. Pero la verdad es que se trata de un fenómeno mucho más profundo: en Chile nos hemos ido acostumbrando a pésimas oposiciones, compuestas por políticos con hambre de poder y poco interés en el país. Esto se refleja en que ellos mismos están de acuerdo con poco o nada de lo que hicieron o dijeron cuando no gobernaban. 

El origen de este germen podría situarse durante el primer gobierno de la ex Presidenta Bachelet, con la tesis del desalojo acuñada por Allamand. Luego creció considerablemente el 2011, con el surgimiento de la lógica de política para redes sociales y la crispación y volatilidad del ambiente, entre otros. La Nueva Mayoría se subió a dicha “fiesta” el 2011, durante el primer mandato del ex Presidente Piñera, para posteriormente invertir los papeles, con una derecha profundizando aún más la práctica destructiva, durante el segundo mandato de la Presidenta Bachelet. Y cuando creíamos que esto ya había alcanzado su techo, vino la oposición al segundo gobierno del ex Presidente Piñera, que, en contexto de estallido social, pandemia y crisis económica, procuró portar con cuanta dificultad pudo.

En efecto, esto se resume en una seguidilla de oposiciones con altas cuotas de irresponsabilidad, que se exponen al decidir que, como Gobierno, no pueden hacer lo que solicitaban cuando no estaban en el poder. Estas oposiciones despiadadas han traído buenos réditos políticos a los conglomerados que las practican: los que actúan con esta vehemencia como oposición, son premiados por la ciudadanía y terminan instalándose en La Moneda al ejercicio siguiente. 

El problema es que una democracia sana necesita buen Estado -con servicios que funcionen más allá del gobierno de turno- y buenos gobiernos, pero también buenas oposiciones. Por ello, quienes creemos en la política con sentido de país y aspiramos a que los medios utilizados (para el fin) sean éticamente consistentes con dicho fin, debemos detener esta escalada de dañino utilitarismo. Todos debemos ser críticos del Gobierno que asume, pero críticos responsables y constructivos, críticos en las ideas. Siempre promoviendo el bienestar y gobernabilidad de Chile, aunque ello no convenga necesariamente al conglomerado político que nos identifica.

Hoy, en 2022, frente al nuevo Gobierno del Presidente Boric, mucha gente cercana a la derecha o la centro izquierda podría afirmar que es justo ejercer una oposición despiadada contra la izquierda oficialista. Para justificar esta posición, apuntarían que, probablemente, nadie ha contribuido más a este clima beligerante e irresponsable que el Frente Amplio, y, por tanto, sólo sería “karma” que les toque lidiar con aquello que ellos mismos han fomentado. Pero el llamado es justamente el contrario: a ser una oposición radicalmente diferente a la que fue el Frente Amplio, cortando el círculo vicioso en el que estamos atrapados, y haciendo política con ética y responsabilidad.

En esa línea, la derecha y la centro izquierda debieron comenzar no apoyando el quinto retiro, que además de golpear al Gobierno del Presidente Boric en forma equivalente a un knock-out (la economía chilena quedaría hecha añicos), golpearía al país, a su futuro y especialmente a los chilenos más necesitados.  

Ser oposición, antes que un cálculo político, debe ser una responsabilidad país. 

*Andrés Larraín de A. es ingeniero civil.

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