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Publicado el 26 de octubre, 2015

La maldita consigna

Hay muchos más innovadores y emprendedores de los que vemos en las castas que se apropiaron de este fenómeno hace ya varios años. Hemos ido descubriendo nuevos estilos, más nuestros, con poesía propia que emocionan y cautivan.
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Cada semana la agenda esta recargada de invitaciones a conferencias con destacados oradores (repetidos) que nos invitan y motivan a emprender e innovar. “La innovación es el vehículo para el desarrollo”, “La única manera de hacer un gran trabajo es amando lo que hace”, “La innovación disruptiva transformará al mundo” y una decena de slogan que se repiten en cada una de ellas, para luego seguir creyéndolas, repitiéndolas y transformarlas en mandamientos a través de insulsos slogan en los eventos de “NOTworking” entre un grupo de asistentes que nuevamente se repite y conoce entre sí. Hemos comprado recetas, metodologías y modelos. Seguimos escribiendo estrategias que apuntan “al futuro”, pero que tienen como base sólo variables conocidas fundamentadas en nuestras ventajas competitivas. No obstante, hemos ido descubriendo en nuestra historia y carácter una oportunidad.

Michael Porter nos atrofió el cerebro. Pensar en fortalezas, oportunidades, debilidades y amenaza nos tiene entrampados en la planificación. Meditemos un poco. ¿Usted cree que sus fortalezas son tan importantes como para plantearse desde ahí el futuro de su compañía? ¿Cree que definiendo los espacios de “disrupción” y aplicando las reglas de la “disciplina de la innovación” estará a salvo? No sabemos la respuesta, pero lo invitamos sólo a la reflexión.

Nos hemos ido transformando en una cultura complaciente y sin urgencia con sofisticadas explicaciones en base a los grandes aciertos y modelos implementados que nos hacen creer que estamos mejor que los países vecinos. Carecemos de visión y nos ahoga el cortoplacismo. Somos provincianos y estamos siempre a la espera de que “llegue pronto la nueva tecnología” o de compartir por redes sociales las grandes cosas que se hacen afuera y haciendo patéticas filas para comprar el smartphone de moda. Deprime aún más escuchar buenos augurios del mismo tipo de procesos. César Hidalgo, el joven y desatacado físico chileno del MIT, tiene razón: perdemos oportunidades de innovar por tratar de hacerlo en contextos sociales-industriales que nos indica nuestra maldita estrategia y para agregarle algo, por las limitantes consignas que cacareamos sin reflexión.

Vale preguntarse: ¿cuánto de imaginación e inteligencia estamos desarrollando y exportando? Nuestra historia está llena de grandes escritores, poetas, científicos y artistas. Nos conocen en el extranjero por Pablo Neruda, Gabriela Mistral, Isabel Allende, Roberto Matta, Humberto Maturana y otras personas que han inspirado al mundo. Grandes creadores que han generado nuevas sensaciones y experiencias, encantado a multitudes. Estos personajes han visualizado el mundo bajo una particular idea o visión.

Mentes brillantes en distintos ámbitos del quehacer nacional e internacional son mucho más interesantes que “la visión y estrategia de desarrollo industrial” que nos imponen y que lleva un poco de jerga innovadora en sus párrafos. Tenemos “premios nobel” en distintos ámbitos del quehacer humano que sólo donde están presentes, generan más valor que las industrias que se buscan potenciar en nuestras estrategias. Sin embargo, es más fácil mirar para el lado.

Hay muchos más innovadores y emprendedores de los que vemos en las castas que se apropiaron de este fenómeno hace ya varios años. Hemos ido descubriendo nuevos estilos, más nuestros, con poesía propia que emocionan y cautivan. Nuevos talentos, innovadores y emprendedores que se han ido alejando de la fantasiosa manera de mal entender el desarrollo como la imitación de procesos de otras latitudes. Estos innovadores y emprendedores no siguen las reglas ni los slogan.

Esta nueva camada de innovadores chilenos no mira estándares, pero sí tiene disciplina. Los nuevos emprendedores están diseñando e inventando el mundo, tal como lo hicieron hace casi 30 años en Chile los gestores de la industria del Salmón, quienes lamentablemente hoy no gozan de buena reputación, pero tiene una historia digna de conocer y comprender. Y es que el desarrollo de la Industria del Salmón se debió no sólo a la oportunidad de mercado y las condiciones naturales propias de ese cluster, sino, sobre todo, por el complejo capital social que se gestó entre los jóvenes emprendedores que la forjaron en sus inicios. Ellos crearon una poesía propia, una historia propia, en un territorio lleno de adversidades y lejos de los centros de actividad económica que lamentablemente han ido perdiendo con los años. Antes y ahora, es la poesía y el cuento propio lo que impulsa y potencia la real innovación.

Por esto, queremos contagiar a más emprendedores, innovadores empresas, empresarios y ejecutivos de la urgencia de un cambio cultural profundo en nuestro país y la región. Los invitamos a conversar sobre el futuro no desde nuestras fortalezas, sino desde nuestros deseos y anhelos. Desde nuestra poesía y encanto, con nuestras palabras y en “nuestra jerga”. A conversar desde aquello en lo que más nos hemos destacado, pero que la lejanía “mental” con el mundo nos ha hecho ciegos. Los animamos a instalar nuevas prácticas de conversación, recurrente y de calidad, nuevos estilos y dinámicas de colaboración que nos ayuden a despertar y acelerar. Nuevas prácticas en donde la clave está en maravillarse, transformarse e ilusionarse de las posibilidades que una rica y sentida conversación tienen para la comunidad.

 

Manuel Pino, Director Imagine Business Lab.

 

 

FOTO: JOSE FRANCISCO ZUÑIGA/AGENCIAUNO

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