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Publicado el 14 de febrero, 2020

La huella de carbono: Los ciudadanos asesinos

Lo que no se puede explicar es cómo, si el carbón es malo para la vida, a la naturaleza se le ocurrió fabricarnos de puro carbón.

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En su afán de hacernos más sanos, el estado ha declarado asesinos a todos sus ciudadanos. Tú eres un ser contaminante. Desparramas tu huella de carbono por todas partes. Eres un peligro ambulante. Eres un asesino en potencia. El Gobierno le ha declarado la guerra a la huella de carbono que, nos advierte, es una amenaza para la vida. O sea, el CO2. Y como el CO2 es una gas invisible e inodoro, no se puede hacer una guerra a balazos, pero a ti, que lo andas trayendo a cuestas, no sólo te pueden meter balas, sino que te pueden encarcelar, multar, subir los impuestos y prohibir hacer asados. Y lo peor de todo es que no puedes esconderte ni pasar piola: estás hecho de puro carbono. Lo que quiere decir que dejas huellas por donde pasas y hagas lo que hagas.

Lo que no se puede explicar es cómo, si el carbón es malo para la vida, a la naturaleza se le ocurrió fabricarnos de puro carbón. Por si te sirve de consuelo, tu perro también está hecho de puro carbón. Y no sólo tu perro, también los gatos, las vacas, las hormigas, las baratas y los piojos. Y ya que estamos en eso, todos los animales y todas las plantas. No le demos más rodeo: toda la vida es puro carbono.

Para entender bien cómo funciona la cosa, digamos que la alcachofa toma el CO2 que anda vagando por el aire y lo junta con el agua que anda vagando en la tierra y con ayuda de la energía del sol los transforma en compuestos ricos en energía, o sea, calorías. Los profesores de biología a eso lo llaman fotosíntesis y si tuviste suerte te lo enseñaron.

Y la alcachofa los usa para crecer y hacer más alcachofas. Pero a ti y, para el caso, a todo el resto de los animales, el sol no te sirve para nada excepto para adquirir un poco de vitamina D, tu tono bronceado en verano y para enfermarse de cáncer a la piel, pero de fabricar compuestos energéticos, nada. O sea, tú y la fotosíntesis no se llevan. Para tener energía tienes que comerte a la alcachofa o a otros animales que se comieron la alcachofa antes que ti. Todo esto es la mitad del proceso. Ya tienes las calorías que te brindó la alcachofa en tu cuerpo ahora las necesitas transformarlas en energía para hacer las grandes cosas que el destino ha dispuesto para ti. Entonces quemas las calorías y dejas salir la energía. A ese proceso los profesores de biología le llaman respiración y si tuviste suerte te lo enseñaron.

Para quemar las calorías tomaste oxígeno del aire y cuando las transformas en energía dejas salir el CO2 que venía en los compuestos que te comiste de la alcachofa. O sea, te metes oxígeno y expulsas CO2. Y como la vida se le ocurrió respirar desde que éramos una alga en el océano, hace ya 3.500 millones de años, no hay cómo dejar de expulsar CO2. Estamos fritos. La huella de carbono nació contigo y morirá contigo.

Saquemos cuenta: respiramos más o menos 21.000 veces al día, lo que significa que expulsamos 1.100 gramos de CO2 al día, digamos un poco más de un kilo. Multiplica eso por 365 y tendrás la cantidad que expiras en el año y si lo multiplicas por 7.000 millones tendrás la cantidad de CO2 que expira toda la humanidad actual en un año. Si le sumas a los perros, los gatos, las baratas y todos los animales terrestres y acuáticos y todas las plantas (incluidas las alcachofas, por supuesto) tendrás una cantidad que posiblemente no quepa en el visor de tu calculadora.

Y a los gobiernos no se les ocurre nada mejor que eliminar la “huella de carbón”. Pero es que los gobiernos son conformados por los políticos. Los políticos son esa subespecie humana que ostentan un trabajo altamente remunerado (cuyos montos se los fijan ellos mismos) y que para acceder a él ser inteligente y preparado no es ningún requisito. Más bien es una debilidad. ¿Para qué les vamos a echar a perder su día diciéndoles que para cumplir su objetivo tendríamos que suicidarnos todos? Explicarles la fotosíntesis y la respiración está más allá de sus límites cognitivos.

Una solución sería que se suicidaran ellos. El CO2 seguiría igual vagando por el aire, pero estaríamos libres y tranquilos por algún tiempo. No por mucho tampoco. Los políticos son como las bacterias: siempre vuelven. Pero no creo que acepten esa solución, corren el riesgo de perder su dieta.

La soberbia humana y los políticos, que son nuestros ejemplares más representativos, siempre creen que pueden enmendarle la plana a la naturaleza. A la naturaleza le tomó 1.000 millones de años crear la primera alga y 3.500 millones de años llegar hasta nosotros, y todo hecho a base de CO2, o sea, de carbono, para terminar con un grupo de humanos patéticos y orgullosos de su pobre poder temporal, que quieren terminar con 4.500 millones de años de naturaleza con una simple ley del Gobierno. No se puede.

Y como ya es mediodía he contribuido con más o menos medio kilo de mi cuota diaria de CO2. Doy por finalizadas estas notas. Espero no haber matado a nadie.

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