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Publicado el 27 de septiembre, 2017

La gran oportunidad para nuestros niños

En el debate sobre la reforma de los hogares para menores vulnerables en Chile las ideas se enfocan en la institución del Sename como tal, pero dejan de lado las herramientas que se necesitan para el futuro de los niños.
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Durante los últimos meses ha estado en el centro del debate el futuro de nuestros niños que están institucionalizados en el Servicio Nacional de Menores (Sename). Hemos sabido de datos realmente significativos, por ejemplo, que el 69% de las familias de esos niños se encuentran en situación de pobreza, que el 25% de los indigentes en Chile provienen del Sename, y que el 50% de quienes están en prisión pasaron alguna vez por uno de sus hogares, una cifra escalofriante. ¿Queremos como país seguir esta tendencia?

Luego de esta discusión, que comenzó con la trágica muerte de Lissette Villa en 2016, nos hemos enfocado solamente en la forma y estructura del sistema, dejando fuera del debate aspectos fundamentales, como el aprendizaje y la formación de habilidades socioemocionales de los niños y adolescentes dentro de la institución. La discusión tiene que estar centrada en los incentivos que se dan en los tiempos de ocio (cuando vuelven del colegio y en los fines de semana) dentro de los hogares, tanto por parte de los directivos de las residencias como también de los profesionales que trabajan en ellas.

Dicho lo anterior, como país tenemos una gran oportunidad de proyectar a los niños hacia una futura vida independiente exitosa y de fomentar en ellos habilidades que les permitan su desarrollo íntegro y una reinserción plena en la sociedad. Se trata de brindarles herramientas como creatividad, flexibilidad, reflexión, pensamiento crítico, confianza en sí mismos, etc. Creemos que este proceso, que tiene una visión de largo plazo, debe hacerse por medio de habilidades socioemocionales que se trabajan de manera personalizada, en una relación de uno a uno.

Por ejemplo, en una primera etapa un trabajo individual con cada niño se le pregunta periódicamente por las personas que están dentro de su red de apoyo. Y él o ella irá sacando algunas y sumando otras, en muchos casos sumando a los voluntarios que se encargan de ellos. Esto se hace en forma continua para ir midiendo el avance de los menores frente a diversos problemas. El seguimiento de la trayectoria de cada niño entrega una visión de cómo ha ido evolucionando, lo que se traduce en un fortalecimiento de su autoestima y mentalidad de crecimiento. Así, se elimina la dificultad de medir los progresos de un niño presente en las evaluaciones que siguen una metodología tradicional.

Numerosos estudios señalan que niños muy vulnerables con mentalidad de crecimiento —creen que su inteligencia mejora con estudio y práctica y que no viene determinada—pueden tener mejores resultados que aquellos que reciben la mejor educación, pero que tienen una mentalidad fija, porque pese a las dificultades que han enfrentado, confían sin límites en sus capacidades. De esa forma ellos mismos pueden ser los agentes de cambio de sus propias vidas.

Este tipo de ideas tienen que empezar a tomar relevancia para que, como país, tengamos un sistema de calidad, con una formación integral donde cambiemos la lógica de la cárcel por una de oportunidades.

 

Carlos Gutiérrez Ruiz, socio fundador Fundación Sembrar Futuro

 

 

FOTO: FRANCISCO CASTILLO D. /AGENCIAUNO

 

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