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Publicado el 07 de septiembre, 2017

La geopolítica del castrismo

Hoy, el régimen cívico-militar dictatorial de Venezuela está completamente controlado por Cuba. El “asesoramiento cubano” es muy efectivo, aunque todavía subestimado en el resto de la región.
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El gobierno de La Habana es el que -en última instancia- está al mando en Caracas, siendo el control de Venezuela (Cubazuela) parte de una estrategia regional mucho más amplia del castrismo (comunismo cubano). Por eso, cualquier gestión diplomática latinoamericana por mediar en, o incluso, solucionar la crisis venezolana, debe apuntar primero al régimen cubano.

 

Estrategia de la lucha armada

Para entender el problema hay que partir por el hecho de que Cuba es la cuna y cabeza del comunismo nacionalista y revolucionario desarrollado por los hermanos Castro y el ‘Che’ Guevara, ideología que -durante la Guerra Fría- puso énfasis en la “exportación de la revolución” hacia América Latina, empleando la desinformación, infiltración, propaganda y subversión. Tal como nos recordaba hace poco el escritor Roberto Ampuero, se ha cumplido medio siglo desde la Primera Conferencia de la Organización Latinoamericana de Solidaridad (OLAS), convocada en La Habana (1967), a fin de coordinar los movimientos de la izquierda continental en favor de los intereses castristas de la lucha armada como única vía para la toma del poder, construir el socialismo y lograr la “segunda independencia” del continente. Salvador Allende, entonces presidente del Senado, representó a Chile.

Hubo expediciones guerrilleras fallidas a Panamá y República Dominicana (1959), Venezuela (1963 y 1967), y a Bolivia (1967 y muerte del Che). Pero el llamado “internacionalismo militar cubano” se volcó con preferencia al África, con las sucesivas intervenciones armadas en Argelia (1963), Congo (1964-65), Siria (1973), Angola (1975-91) y Etiopía (1977-1988), así como con la injerencia directa en Centroamérica, azotada por las guerras civiles en El Salvador (1980-92) y Nicaragua (1979-90).

Los objetivos cubanos eran simples, pero asertivos: 1) Internacionalizar su revolución para romper el aislamiento regional; 2) Crear estados comunistas en la región y promover los movimientos de liberación nacional (solidaridad internacional); 3) Apoyar a la URSS en su disputa con los EEUU (y pagar a Moscú el alto costo de su apoyo económico), ya fuera desgajando países del sistema interamericano bajo la influencia directa de Washington o encadenando recursos militares norteamericanos para desviar su atención de otras zonas de interés soviético.

 

Mismo objetivo, distinta estrategia: Foro de Sao Paulo

Pero varias de las operaciones internacionales cubanas fracasaron, la URSS se vino abajo y la Guerra Fría llegó a su fin, con lo cual Cuba tuvo que cambiar de estrategia. En 1990, Fidel Castro y Lula da Silva crearon el Foro de Sao Paulo, con el propósito de contar con un aparato unificador del comunismo en América Latina, luego de la caída del Muro de Berlín y la implosión de la URSS. El castrismo desarrolló entonces la estrategia del populismo, es decir, la conquista del poder por medios ‘pacíficos’ y ‘democráticos’, pero desarrollando a continuación las acciones necesarias para cambiar la Constitución, eliminar los demás poderes del Estado, intervenir la economía y terminar con la oposición, a fin de consolidar una dictadura revolucionaria “a la cubana”.

El objetivo general era ganar influencia para contrapesar el liberalismo que se había asentado en la región y, eventualmente, lograr el control de dos países claves: Brasil y Venezuela. El primero, por su liderazgo natural (e influencia regional del PT) y, el segundo, por su financiamiento petrolero.

Entre tanto, y a pesar del éxito de la Concertación, poco duró la experiencia del “socialismo renovado” (socialdemocracia) en Chile, porque gran parte de la izquierda chilena terminaría incorporándose al Foro de Sao Paulo. Con ello, dicho sector involucionó hacia la fallida ideología de la Unidad Popular, aunque ahora disfrazada con una nueva retórica del progresismo y con un proyecto refundacional (“retroexcavadora”) para una nueva institucionalidad del país.

 

Injerencia cubana en Venezuela

Independiente de las estrategia a seguir (lucha armada vs. vía electoral), el castrismo siempre tuvo en la mira, como primer objetivo continental, a la cercana y rica Venezuela. En 1992 Fidel Castro aprovechó el fallido intento de golpe de Estado del ambicioso y ególatra militar Hugo Chávez para cooptarlo. Apenas salió de la cárcel por perdón presidencial (craso error), Chávez fue recibido con honores en La Habana y, con ello, el discurso bolivariano inicial del militar venezolano se reforzó con el del Socialismo del Siglo XXI.

La Habana se preocupó primero de colocar a un agente suyo al lado de Chávez: Nicolás Maduro, un militante formado en la Escuela Antonio ‘Ñico’ López de Formación Política del Departamento América del Partido Comunista Cubano. Luego, infiltró a miles de educadores y personal de la salud para ayudar en los programas sociales bolivarianos, hacer propaganda y establecer células castristas en los barrios. A partir de ese momento, Venezuela pasó a ser el gran laboratorio de La Habana para domesticar al resto de las Américas (Correa, Cristina, Dilma, Evo y Ortega).

Hoy, el régimen cívico-militar dictatorial de Venezuela está completamente controlado por Cuba. El “asesoramiento cubano” es muy efectivo, aunque todavía subestimado en el resto de la región. Asesora la política de comunicaciones, la inteligencia, la identificación y persecución de opositores, la estrategia electoral, la selección de cuadros, la promoción de militares, la política exterior,  el manejo de redes, el silenciamiento de los medios de comunicación, la extensión de visas y la represión en las calles.

Las FFAA y la policía (Guardia Nacional) responden a generales cubanos, destacándose el involucramiento de militares en el gigantesco cartel de narcotráfico que operaban las FARC colombianas. Si bien el crimen organizado venezolano es manejado en el terreno por los cubanos, se encuentra apoyado desde el exterior por Irán y Siria (financiamiento del terrorismo), así como por Rusia y China (acceso a las reservas petroleras venezolanas). Un personaje clave al respecto es el vice presidente venezolano Tarek El Aissami (ex gobernador y ex jefe de la agencia de Inmigración), cercano a Raúl Castro y con buenos contactos en Irán y Siria. La venta de pasaportes venezolanos a terroristas extranjeros ha sido otra de las responsabilidades (negocios) de El Aissami.

 

Próximo paso: el asalto al poder en Colombia

Maduro y sus gendarmes, siguiendo el manual castrista al pie de la letra, no sólo han llevado a Venezuela a la ruina económica y social, sino que -con la imposición de una constituyente ilegítima- se proponen convertirlo en un régimen totalitario. Partiendo desde esa base, el paso siguiente de la geopolítica cubana es Colombia, donde las FARC (la guerrilla más antigua de América) ya tienen partido político para las próximas elecciones presidenciales (2018).

Aunque la estrategia de las FARC como partido es todavía nebulosa, sus objetivos resultan claros: la lucha contra la corrupción (Odebrecht y otros escándalos); garantizar los acuerdos de paz; y enfocar su atención hacia esa masa invisible que ellos llaman “la gente del común indignada” (medio ambiente, desigualdad, democracia directa, derechos LGBTI, defensa de los campesinos y comunidades indígenas, nuevo orden social y económico).

Junto con los escaños asegurados en el Congreso por los acuerdos de paz, hoy el partido de las FARC cuenta con toda la plata del mundo para comprar votos, con lo que podrían repetir los éxitos electorales alcanzados antes por el chavismo.

 

Conclusiones

Aplicando sanciones a dirigentes chavistas y aislando internacionalmente a Maduro no va a cambiar la conducta de Raúl Castro frente a la situación regional. Al líder cubano sólo le interesa el acceso cubano al petróleo barato venezolano y a las ganancias del narcotráfico chavista. Por ello, para resolver el meollo de la crisis venezolana la comunidad internacional, partiendo por EEUU y los foros internacionales, deben “apretar” primero a Cuba.

 

Juan Salazar Sparks, embajador (r) y director ejecutivo de CEPERI

 

 

FOTO: PABLO OVALLE/AGENCIAUNO

 

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