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Publicado el 30 de octubre, 2015

La fórmula Macri para derrotar a la izquierda “K” (a tomar nota en Chile)  

Hay tres decisiones que tomó Macri, que cruzan la frontera de la mera estrategia electoral y que Chile Vamos, en mi opinión, debiera evaluar seriamente, para proyectarse como una coalición de centro derecha con opciones de triunfar en las próximas elecciones.
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El pasado fue un muy mal domingo para la izquierda latinoamericana. En Guatemala el actor Jimmy Morales (FCN-Nación, derecha) derrotaba a Sandra Torres (UNE, izquierda). En Colombia, con el triunfo de Enrique Peñalosa (independiente de centro derecha), la izquierda perdía la alcaldía de Bogotá, su posición electoral más emblemática en los últimos 12 años.

Pasada la medianoche, el plato fuerte se servía en Argentina. Cambiemos y su candidato presidencial, Mauricio Macri, el más connotado adversario del kirchnerismo, le propinaban una triple derrota al Frente para la Victoria: imponía una segunda vuelta (la primera en la historia de Argentina); superaba en votos a Daniel Scioli, contradiciendo las encuestas y el clima de “triunfo amplio” que logró instalar el oficialismo en las últimas semanas (el siguiente boletín dejaba a Scioli dos puntos por sobre Macri, pero el olor a derrota era ya imparable). Y, para rematar, el jefe de gabinete de Cristina, Aníbal Fernández, era derrotado en la elección para gobernador de la Provincia de Buenos Aires por una joven promesa del PRO, María Eugenia Vidal, la primera mujer que ocupará el cargo en la historia de esa capital.

Hay tres decisiones que tomó Macri, que cruzan la frontera de la mera estrategia electoral y que Chile Vamos, en mi opinión, debiera evaluar seriamente, para proyectarse como una coalición de centro derecha con opciones de triunfar en las próximas elecciones.

La primera decisión y la más determinante: impulsar Cambiemos, una coalición diversa, que integra al PRO (Propuesta Republicana), una centro derecha más bien liberal, conformada por jóvenes profesionales y dirigentes sociales convocados por Macri en 2005; a la Coalición Cívica, un referente que partió en la izquierda y ha caminado hacia la derecha en las últimas elecciones; y a la Unión Cívica Radical (UCR), el partido con más tradición de Argentina, el de Irigoyen y Alfonsín y el que apoyó a Perón en el ´47.

¿Cómo se pusieron de acuerdo tres fuerzas políticas con identidades tan distintas? Macri supo transmitir el sentido histórico del momento que vive hoy Argentina y la envergadura de la misión a la que estaba llamada Cambiemos. Bien merecía la pena que cada uno de sus tres socios renunciara a parte de sus posiciones, para acordar una propuesta política de mínimos comunes, con metas concretas y muy sintonizadas con las demandas de una enorme clase media, afectada por la inseguridad, el narcotráfico, la inflación.

Cambiemos y Macri simbolizan hoy la unidad de una oposición dispuesta a derrocar a una izquierda que ha ido deteriorando todas las ventajas comparativas de Argentina.

La segunda decisión de Macri, en un país gobernado desde hace ocho años por una mujer, fue rodearse de tres mujeres políticamente potentes. Lilita Carrió (@elisacarrio), diputada y ex candidata presidencial, reconocida por su lucha contra la corrupción; Gabriela Michetti (@gabimichetti), su compañera de fórmula en la primera campaña como jefe de la Ciudad de Buenos Aires, hoy senadora, que además rompe todos los esquemas bailando desde una silla de ruedas. Y María Eugenia Vidal (@mariuvidal), una politóloga que partió como legisladora de Buenos Aires en 2007 y que el domingo se atrevió a enfrentar a la máquina electoral del kirchnerismo en la provincia más importante del país.

La tercera decisión fue diseñar y seguir muy rigurosamente un discurso que asume implícitamente que Argentina está pasando por un momento particularmente delicado, llama a superar la resignación (de entregarse a los brazos “K”, que se mostraba imbatible); a hacer las cosas bien (gestión y buen gobierno, su marca registrada como Jefe de Ciudad); y a la unidad de los argentinos, contrastándose con un oficialismo de lenguaje duro, que ha avivado la lucha de clases 2.0, acusando de traidores a quienes viajan a Miami y de ricachones a la clase media que reclama por la delincuencia.

Como la izquierda se especializa en las caricaturas y el intervencionismo electoral -con el pretexto de enfrentar a la supuesta ventaja económica de la derecha-, redujo a Mauricio Macri al millonario, frívolo y con poca sustancia intelectual, que terminaría con los beneficios sociales y desmantelaría los bienes públicos. El gesto más escandaloso de la Casa Rosada fue publicar la semana pasada el video de campaña de Daniel Scioli, en @CasaRosadaAR, la cuenta institucional de Twitter (crucemos los dedos para que en Chile se mantenga, al menos, ese breve espacio de decoro).

La mochila con la que se iniciará el próximo período presidencial en “la Rosada” es pesada: una convivencia política muy deteriorada, corrupción, crecimiento inferior al 1% en los últimos dos años, una inflación sobre 20% (los datos oficiales señalan 16,8%, pero pocos le conceden credibilidad) y un 20% de la población bajo la línea de la pobreza.

Lo que Argentina se juega el próximo 22 de noviembre es mucho más que un programa de gobierno: se define entre el camino del estatismo progresivo que impone el socialismo; y uno de recuperación de la credibilidad de las instituciones y el progreso social, cuyo parámetro sea la experiencia de los países más desarrollados y no la de una Latinoamérica empobrecida por el modelo de la “Asamblea Constituyente” y el slogan de la “Patria Grande”.

Éxito a Cambiemos el 22 de noviembre. Y a tomar nota en Chile.

 

Isabel Plá, Fundación Avanza Chile.

 

 

FOTO:JOSE CARVAJAL/AGENCIAUNO

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